El Papa León XIV concluyó su visita apostólica a África con una misa multitudinaria en el estadio de Malabo, poniendo fin a una gira de 11 días que incluyó cuatro países del continente.
Al término de la celebración, el Pontífice pronunció un breve mensaje de despedida en el que expresó su gratitud por la experiencia vivida y el encuentro con las comunidades locales. “Llegó el momento” de partir, afirmó ante los fieles, al tiempo que agradeció a obispos, sacerdotes y al conjunto del pueblo creyente por la acogida recibida.
Durante su intervención, el Papa valoró la presencia histórica del cristianismo en Guinea Ecuatorial, donde el Evangelio se predica desde hace más de 170 años. En ese marco, alentó a los fieles a continuar su misión, al señalar que “Cristo es la luz” del país y que los creyentes están llamados a ser “sal de la tierra y luz del mundo”.
El Santo Padre también extendió su reconocimiento a las autoridades civiles por su colaboración en la organización de la visita, que se desarrolló en un clima de participación y fervor religioso.
En un tono reflexivo, el Pontífice destacó que se lleva de África “un tesoro incalculable de fe, esperanza y caridad”, construido a partir de los encuentros, testimonios y experiencias recogidas a lo largo del viaje. Según explicó, estas vivencias “enriquecerán enormemente” su vida y su ministerio como Sucesor de Pedro.
Asimismo, subrayó el rol del continente africano en la vida de la Iglesia universal, al considerar que está llamado a seguir aportando a la santidad y al impulso misionero, en continuidad con los primeros siglos del cristianismo.
Antes de concluir, el Papa confió a Guinea Ecuatorial y a toda África a la protección de la Virgen María, pidiendo su intercesión por las familias, las comunidades y las naciones del continente.

