En una entrevista con Cultura en Diálogo, la Hermana Miriam compartió la historia de Santa Josefina Bakhita, una mujer africana que sufrió la esclavitud y las torturas, encontró en la fe cristiana un camino de sanación y dedicó su vida a transmitir un mensaje de amor, misericordia y perdón. También invitó a participar de una jornada de espiritualidad prevista para el sábado 24 de octubre.
La historia de Santa Josefina Bakhita, marcada por el sufrimiento durante su infancia y transformada por una profunda experiencia de fe, fue el eje de una entrevista con la Hermana Miriam en el programa Cultura en Diálogo. Durante la conversación, la religiosa repasó los principales momentos de su vida y destacó su capacidad para responder al maltrato con amor y reconciliación.
Bakhita nació en 1869 en Sudán, en el seno de una familia que, según relató la entrevistada, vivía feliz. Cuando tenía alrededor de siete años, fue secuestrada por traficantes de esclavos y separada de sus seres queridos. A partir de entonces, atravesó años de violencia, maltratos y torturas, durante los cuales fue vendida en reiteradas oportunidades.
Uno de los episodios más crueles ocurrió cuando sus captores la sometieron a un procedimiento de escarificación y tatuaje mediante cortes en la piel, que luego fueron frotados con sal. La hermana Miriam compartió durante la entrevista el testimonio que Bakhita dejó por escrito sobre aquella experiencia, en la que describió el dolor, las heridas y el prolongado período durante el cual permaneció sin poder moverse.
Tras pasar por distintos propietarios, su vida comenzó a cambiar cuando llegó a Italia. Allí quedó al cuidado de una familia y entró en contacto con las Hermanas Canossianas. En ese ámbito recibió formación cristiana y comenzó a conocer a Jesús, una experiencia que, de acuerdo con el relato de la entrevistada, marcó un punto de inflexión en su historia.
El encuentro con Jesús y el camino de la consagración
La Hermana Miriam explicó que el contacto con un crucifijo despertó en Bakhita el deseo de conocer a la persona representada en él. A partir de ese momento, recibió catequesis y pidió el bautismo, con el anhelo de convertirse en hija de Dios.
Al llegar el momento de regresar a África, Bakhita manifestó que no quería partir, porque temía perder la posibilidad de continuar conociendo a Jesús. Finalmente, permaneció en Italia, donde recibió los sacramentos del bautismo y la confirmación y descubrió su vocación religiosa.
La entrevistada destacó también el significado que Bakhita otorgó a su propia historia. Aunque el nombre con el que fue conocida durante su cautiverio le había sido impuesto por sus secuestradores, ella llegó a interpretar su significado —asociado con la idea de ser afortunada— desde una nueva perspectiva, vinculada con su experiencia de fe y con la convicción de que su vida estaba llamada a algo más.
Después de ingresar en la congregación de las Hermanas Canossianas, desempeñó distintas tareas y se caracterizó, según el testimonio compartido, por su dulzura, humildad y disposición para servir. También acompañaba a niñas y recibía a quienes se acercaban a conocerla.
Transformar las heridas en amor
Durante la conversación en Radio Tupambaé, la Hermana Miriam señaló que Bakhita debió afrontar nuevas situaciones de humillación incluso después de haber alcanzado la libertad. En distintas ocasiones, fue invitada a compartir su testimonio en comunidades religiosas, una tarea que le resultaba dolorosa porque implicaba volver sobre experiencias traumáticas de su pasado.
Sin embargo, su historia no quedó definida únicamente por el sufrimiento. La religiosa subrayó que Bakhita respondió con amor incluso ante quienes la habían maltratado y recordó una de sus expresiones más significativas: cuando le preguntaron qué haría si volviera a encontrarse con sus antiguos captores, respondió que se arrodillaría, les besaría las manos y les agradecería porque, a través de aquella historia, había llegado a conocer a Dios.
Para la Hermana Miriam, este testimonio permite reflexionar sobre la posibilidad de sanar las heridas físicas, psicológicas y espirituales sin reproducir la violencia recibida. La fe, explicó, no significa negar el dolor, sino reconocerlo y abrirse a un proceso de transformación con la ayuda de la gracia de Dios.
En ese sentido, invitó a revisar aquellas experiencias que condicionan el presente y que, en ocasiones, pueden convertirse en obstáculos para el crecimiento personal. La propuesta es reconocer las heridas, darles nombre y permitir que el amor de Dios contribuya a su sanación.
Una jornada de espiritualidad y sanación

En el tramo final de la entrevista, la Hermana Miriam invitó a participar de la jornada de espiritualidad “Con Bakhita caminamos hacia el amor misericordioso del Padre”, prevista para el sábado 24 de octubre, de 7.30 a 19, en el Centro de Espiritualidad.
La actividad estará orientada a la sanación y el perdón, a partir del testimonio de Santa Josefina Bakhita y de la reflexión sobre las propias heridas. La propuesta contará con el acompañamiento del equipo canossiano de retiros de la Morada de María.
Quienes participen deberán llevar Biblia, anotador, birome y equipo de mate. El almuerzo y la merienda serán a la canasta, con un costo informado de $4.000.
Para consultas e información, se encuentra disponible el teléfono 376 507-3166.
La Hermana Miriam concluyó la invitación con un mensaje de esperanza: la historia de Bakhita recuerda que ninguna herida tiene por qué convertirse en una condena y que, desde la fe, es posible abrir caminos de amor, misericordia y reconciliación.

