Noemí Aguirre, Renzo Viarengo, Soledad Ferreyra y Erik Schoemberger compartieron sus experiencias en Radio Tupambaé y reflexionaron sobre la importancia de esta herramienta para la movilidad de las personas con discapacidad visual. También señalaron las barreras sociales que persisten y destacaron el papel del Centro de Rehabilitación en el proceso de recuperar la autonomía.
En el marco del Día Mundial del Bastón Blanco, que se conmemora cada 15 de octubre, integrantes del Centro de Rehabilitación para Personas con Discapacidad Visual participaron de una entrevista en el programa Lo que Faltaba, de Radio Tupambaé, donde compartieron experiencias personales y reflexionaron sobre la importancia de la autonomía, la inclusión y la concientización social.
La directora del Centro, Noemí Aguirre, y el profesor Renzo Viarengo estuvieron acompañados por Soledad Ferreyra y Erik Schoemberger, usuarios del bastón blanco que transitaron procesos de rehabilitación y hoy buscan desenvolverse con mayor seguridad e independencia en su vida cotidiana.
Durante la entrevista, Aguirre destacó que esta herramienta constituye mucho más que un elemento de orientación. Para las personas que comienzan su rehabilitación, explicó, el bastón puede generar inicialmente rechazo, pero con el tiempo se convierte en un compañero fundamental para desplazarse, reconocer el entorno y fortalecer la autonomía.
En ese sentido, remarcó que el Día Mundial del Bastón Blanco representa una oportunidad para difundir su importancia y promover una sociedad más consciente de las necesidades de las personas con discapacidad visual. También destacó el trabajo sostenido del equipo de rehabilitación básica y la importancia de utilizar los medios de comunicación y las redes sociales para ampliar el alcance de estas acciones.
Del rechazo a la autonomía
Los testimonios de Soledad y Erik permitieron conocer las dificultades emocionales que pueden acompañar la pérdida de la visión y el proceso de adaptación a una nueva realidad.
Ferreyra contó que conoció el significado del bastón blanco cuando ingresó al Centro de Rehabilitación, hace cuatro años. Al principio, reconoció, se resistía a utilizarlo porque le costaba aceptar los cambios en su vida y afrontar la mirada de los demás.
“Tuve dos años encerrada después de perder la vista”, relató al recordar una etapa marcada por el temor a ser considerada una persona dependiente o despertar lástima.
La posibilidad de aprender nuevas herramientas y compartir experiencias con otras personas en situaciones similares fue fundamental para modificar esa perspectiva. También destacó el acompañamiento de los profesionales y las historias de sus compañeros, que le permitieron comprender que podía seguir aprendiendo y alcanzar nuevas metas.
“Hoy no salgo de mi casa sin el bastón, ya lo tomo como automático”, expresó. Sin embargo, reconoció que todavía enfrenta algunos temores relacionados con la mirada social y la posibilidad de sentirse una molestia al necesitar ayuda.
Actualmente, además de avanzar en su proceso de rehabilitación, comenzó a aprender el sistema Braille, una experiencia que describió como parte de un camino de descubrimiento y aprendizaje.
Por su parte, Schoemberger recordó que perdió la visión durante la adolescencia, una etapa en la que la situación le generó enojo, vergüenza y resistencia a utilizar el bastón. Si bien comenzó su proceso con el bastón verde, posteriormente pasó al blanco, aunque durante un tiempo evitó usarlo por temor a las reacciones de otras personas.
Con el acompañamiento del Centro y el contacto con otros jóvenes con discapacidad visual, comenzó a ganar confianza y a desplazarse por su cuenta. Actualmente, viaja solo desde Candelaria hasta Posadas y participa de distintas actividades, experiencias que reflejan los avances alcanzados en su autonomía.
“Uno piensa que se terminó la vida, pero no es así. Solamente tenés que adaptarte a tu nueva vida”, afirmó.
El joven también destacó que la posibilidad de compartir experiencias con otros compañeros fue determinante para animarse a salir solo. El intercambio le permitió reconocer que los temores iniciales podían superarse y que la independencia se construye progresivamente.
Las barreras sociales y la falta de paciencia
Uno de los principales ejes de la conversación fue la necesidad de transformar las actitudes sociales hacia las personas con discapacidad visual.
Tanto Ferreyra como Schoemberger relataron situaciones en las que sintieron incomprensión, impaciencia o malos tratos al desplazarse por la vía pública y utilizar el transporte urbano.
Entre las dificultades mencionaron los apuros al subir a un colectivo, los obstáculos para circular por las veredas y las personas que chocan o pisan el bastón sin prestar atención. También señalaron las reacciones negativas que pueden generar los lectores de pantalla de los teléfonos celulares, una herramienta de accesibilidad indispensable para quienes no pueden utilizar la visión para leer la información de sus dispositivos.
Schoemberger explicó que, antes de perder la vista, él mismo desconocía cómo una persona ciega podía utilizar un celular. Con el tiempo, comprendió el funcionamiento de los lectores de pantalla y reconoció que aquella percepción estaba vinculada con la falta de información.
Su experiencia puso de manifiesto la importancia de conocer las herramientas de accesibilidad y evitar prejuicios basados en el desconocimiento.
“Si el ciego soy yo, yo tengo que escuchar, no ellos”, señaló al referirse a las quejas que reciben algunas personas por el sonido de los lectores de pantalla en espacios públicos.
En ese contexto, los participantes coincidieron en que la sociedad necesita desarrollar una mayor capacidad de escucha, respeto y paciencia. Caminar por la calle, subir a un colectivo o cruzar una avenida puede requerir más tiempo para una persona que utiliza el bastón, por lo que apurarla o interferir en su desplazamiento puede generar inseguridad y dificultar su movilidad.
También remarcaron que las personas con discapacidad visual tienen derecho a circular, viajar, estudiar, trabajar y participar de la vida social en igualdad de condiciones.
Cómo ayudar sin invadir la autonomía
Durante la entrevista, Viarengo explicó que el proceso de rehabilitación no consiste únicamente en aprender a utilizar el bastón, sino también en adquirir herramientas para desenvolverse en diferentes entornos y resolver situaciones cotidianas.
En ese aprendizaje, la orientación y la movilidad ocupan un lugar central. Los participantes aprenden a reconocer referencias, desplazarse por las veredas y utilizar recursos que les permiten tomar decisiones de manera autónoma.
El profesor destacó, además, la importancia de que las personas con discapacidad visual puedan expresar cómo necesitan recibir ayuda. Por ejemplo, pueden indicar a quien se ofrece a acompañarlas que prefieren tomarse de su hombro o recibir orientación hasta un punto determinado, en lugar de que las sujeten del brazo y las conduzcan sin consultarles.
La directora del Centro también advirtió sobre una práctica habitual: tomar del brazo a una persona ciega para cruzar la calle sin preguntarle previamente si necesita ayuda. Aunque la intención pueda ser buena, esa intervención puede desorientarla si no se le informa hacia dónde se dirige o dónde queda ubicada al finalizar el cruce.
La recomendación es acercarse, preguntar si necesita asistencia y respetar sus indicaciones. De esta manera, la ayuda se convierte en un acompañamiento que favorece la seguridad y la autonomía, en lugar de reemplazar las decisiones de la persona.
El acompañamiento familiar y comunitario
Otro de los aspectos abordados fue el papel de las familias y del entorno cercano en el proceso de adaptación.
A partir de las experiencias compartidas, se planteó que aprender a desenvolverse con el bastón implica también un cambio para quienes acompañan a la persona con discapacidad visual. Los temores de los familiares pueden llevarlos a limitar salidas o actividades por preocupación, aun cuando la persona haya adquirido las herramientas necesarias para realizarlas de manera independiente.
En ese sentido, se destacó que la rehabilitación requiere un trabajo conjunto entre los profesionales, los usuarios y sus familias, para construir confianza y evitar que la sobreprotección se convierta en una barrera.
Ferreyra reconoció que todavía prefiere salir acompañada, aunque sabe que cuenta con herramientas para desplazarse sola. Schoemberger, en cambio, relató cómo el deseo de no depender permanentemente de otras personas lo impulsó a ganar independencia.
Ambas experiencias reflejan que cada proceso tiene sus propios tiempos y que el acompañamiento debe respetar las decisiones, los temores y los objetivos personales.
Una sociedad más inclusiva
Aguirre valoró que diferentes organismos públicos se hayan sumado a la difusión del Día Mundial del Bastón Blanco, una señal del creciente reconocimiento social de esta fecha y de la necesidad de sostener acciones de concientización.
No obstante, remarcó que todavía queda trabajo por hacer para que la inclusión se traduzca en prácticas cotidianas y no quede limitada a las conmemoraciones.
La directora sostuvo que es necesario continuar difundiendo información, promoviendo el respeto y generando espacios de participación para las personas con discapacidad visual. En esa tarea, destacó el valor del trabajo institucional y del compromiso de toda la comunidad.
Al finalizar la entrevista, Ferreyra pidió que las personas estén dispuestas a ayudar y comprendan que, aunque existe una discapacidad, quienes la atraviesan son personas con los mismos derechos y necesidades que los demás.
Schoemberger, por su parte, reflexionó sobre cómo su propia experiencia le permitió comprender realidades que antes desconocía. Su testimonio dejó un mensaje para quienes atraviesan recientemente una pérdida de visión: la vida continúa, aunque sea necesario aprender nuevas formas de desplazarse, comunicarse y alcanzar los objetivos personales.
“Que la vida no termina, que hay nuevas formas de seguir”, expresó Ferreyra al sintetizar el aprendizaje que le dejó su proceso de rehabilitación.
La entrevista concluyó con un llamado a construir puentes para la inclusión y a reconocer que la autonomía de las personas con discapacidad visual no depende solamente de las herramientas que utilizan, sino también de una sociedad dispuesta a comprender, respetar y acompañar.
En el Día Mundial del Bastón Blanco, los testimonios dejaron en claro que la inclusión comienza con gestos concretos: preguntar antes de ayudar, respetar los tiempos de los demás, eliminar prejuicios y garantizar que cada persona pueda desplazarse y participar de la vida comunitaria con dignidad y libertad.

