“No tenía un mango” y construyó una casa de 110 metros cuadrados con barro y paja en La Plata


En medio de un escenario económico que vuelve cada vez más difícil acceder a la casa propia, un vecino de La Plata encontró una alternativa fuera de los métodos tradicionales. Gonzalo “Chalo” Parma construyó una vivienda de 110 metros cuadrados con barro, paja y trabajo propio, reduciendo de manera significativa los costos de obra.

No tenía un mango y había que buscarle la vuelta”, resumió Chalo al contar cómo nació el proyecto que hoy se convirtió en ejemplo de autoconstrucción.

La casa fue realizada mediante el sistema de quincha, una técnica ancestral que combina madera, tierra y fibras naturales. Aunque a simple vista presenta terminaciones similares a una vivienda convencional, sus paredes fueron levantadas con materiales simples: dos camiones de tierra y dos rollos de paja.

Según detalló, el costo total para construir las paredes rondó los $250.000: alrededor de $100.000 en paja y unos $150.000 en tierra. De esa manera, logró abaratar uno de los rubros más costosos dentro de cualquier obra.

Un proyecto hecho desde cero

Parma explicó que no tenía experiencia previa en construcción y que fue aprendiendo sobre la marcha. La idea comenzó en 2010, luego de ver una película donde el especialista Jorge Belanko difundía técnicas de construcción natural.

Años más tarde, ya instalado en La Plata, compró un lote junto a su hermano y decidió avanzar con una vivienda propia. El proceso fue gradual: en ocho meses logró mudarse con lo básico, al año terminó el baño y luego continuó ampliando y mejorando distintos sectores.

Si esperás tener toda la plata para empezar, no arrancás nunca”, sostuvo al destacar que este sistema permite construir por etapas, según las posibilidades económicas de cada familia.

Menor costo y mayor confort térmico

Además del ahorro inicial, Chalo destacó las ventajas habitacionales de este tipo de casas. Señaló que en invierno conservan mejor el calor y en verano mantienen una temperatura interior más fresca.

“En invierno prendés una salamandra un rato y alcanza. En verano, con un ventilador estás bien”, explicó.

También rechazó algunos prejuicios habituales sobre este sistema constructivo. Afirmó que, con buenas terminaciones y mantenimiento básico, las viviendas de barro pueden durar muchos años sin inconvenientes.

Una alternativa frente a la crisis habitacional

La experiencia de Parma cobra relevancia en un contexto donde los créditos hipotecarios resultan limitados, los alquileres aumentan y los costos de construcción tradicional se vuelven inaccesibles para muchos sectores.

Su vivienda cuenta con cocina, baño, habitaciones y un espacio social donde sobresale un horno de barro construido con materiales reciclados.

Hoy, convencido de su elección, aseguró: “No volvería a vivir en una casa de ladrillo”.

La historia refleja cómo la autoconstrucción con materiales naturales comienza a ganar terreno como una opción concreta para quienes buscan resolver el acceso a la vivienda con creatividad, esfuerzo y recursos mínimos.

Fuente: TN