“Más que una carrera, la filosofía es un estilo de vida”: el Montoya impulsa el pensamiento crítico en tiempos de inmediatez


En una época atravesada por la velocidad, las redes sociales y la necesidad constante de respuestas inmediatas, el Profesorado de Educación Secundaria en Filosofía del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya (ISARM) reivindica el valor de detenerse a pensar, cuestionar y dialogar. Así lo expresaron la profesora Priscila García junto a las estudiantes Milena Díaz y Luján González durante una charla en el programa Cultura en Diálogo, por Radio Tupambaé, donde compartieron experiencias, motivaciones y reflexiones sobre el rol del pensamiento crítico en la vida cotidiana y la educación.

“Más que una carrera, la filosofía es un estilo de vida”, sostuvo García al comenzar el encuentro. Para la docente, estudiar esta disciplina implica desarrollar una mirada amplia sobre la realidad, con capacidad de asombro y reflexión frente a los desafíos sociales, económicos y humanos de la actualidad.

Historias de una elección que transformó vidas

Tanto Milena Díaz como Luján González coincidieron en que la filosofía apareció en sus vidas de manera inesperada. Milena contó que inicialmente intentó ingresar al profesorado de Inglés, pero no logró superar el cursillo de ingreso. Fue entonces cuando su madre le sugirió estudiar filosofía.

“Lo pensé mucho, lo mastiqué bastante y terminé animándome. Hoy siento que fue la mejor decisión que pude tomar”, relató la estudiante, actualmente en cuarto año de la carrera.

Luján, por su parte, descubrió la filosofía recién en el último año del secundario. Mientras otras materias le resultaban rutinarias, la filosofía despertó en ella un interés diferente.

Leía y sentía que algo realmente me atrapaba. Empecé a preguntarme cosas que antes no me preguntaba”, recordó.

La propia profesora García confesó haber llegado a la carrera tras intentar ingresar a Psicopedagogía. Paradójicamente, la única materia que no aprobó fue filosofía.

Quise tomarme una revancha con la filosofía y terminé encontrando mi vocación”, expresó.

El aula como espacio de diálogo

Las estudiantes destacaron especialmente sus primeras experiencias en las prácticas docentes realizadas en escuelas secundarias. Allí comprendieron que enseñar filosofía no consiste solamente en transmitir teorías, sino en generar espacios de diálogo y reflexión con los adolescentes.

Cuando los chicos se enganchan con un tema y empiezan a preguntarse por su propia realidad, es muy reconfortante”, señaló Milena.

Entre los temas que más aparecen en las aulas mencionaron el amor, la amistad, la libertad, las redes sociales y la política, entendida tanto desde lo partidario como desde la vida ciudadana cotidiana.

En ese sentido, las futuras docentes advirtieron sobre el impacto del individualismo y la hiperconectividad.

Hoy subís a un colectivo y todos están mirando el celular. Se pierde el encuentro con el otro”, reflexionó Luján. “La filosofía permite justamente cuestionar eso: por qué un dispositivo termina siendo más importante que la persona que tenemos al lado”.

Filosofar también entre compañeros

Lejos de limitarse a las clases formales, las estudiantes aseguraron que los debates filosóficos continúan fuera del aula, en charlas interminables, mensajes y discusiones cotidianas.

No siempre pensamos igual, pero nos escuchamos. A veces seguimos hablando de un tema durante una semana”, comentaron.

Para ellas, la filosofía enseña no sólo a preguntar, sino también a fundamentar las propias ideas y a convivir con distintas perspectivas.

Una invitación a cuestionar

Al dirigirse a los jóvenes que atraviesan el momento de elegir una carrera, las estudiantes defendieron el valor de la filosofía como herramienta para desarrollar pensamiento crítico y comprender la realidad desde otra perspectiva.

La filosofía no te da respuestas cerradas. Te invita a detenerte y preguntarte por qué las cosas son como son”, afirmó Luján.

Milena incluso recurrió a una célebre frase de Sócrates para sintetizar su mensaje: “Sólo sé que no sé nada. Entonces, si no sabés qué estudiar, estudiá filosofía”.

En el cierre, la profesora García invitó a recuperar pequeños espacios de reflexión en medio de la rutina diaria.

Preguntarnos por qué y para qué hacemos lo que hacemos ya es un gran punto de partida”, sostuvo.

Las estudiantes coincidieron en la necesidad de no aceptar todo de manera automática y de recuperar el diálogo humano en tiempos dominados por la inmediatez tecnológica.

“También hacemos filosofía compartiendo un mate con el que está al lado”, concluyó Milena. “La filosofía invita a conocernos mutuamente y a pensar juntos”.