En su primera audiencia general tras la intervención quirúrgica, el Papa agradeció las oraciones por su recuperación y reflexionó sobre el matrimonio, la fidelidad de los esposos y la responsabilidad de transmitir y educar la vida.
El papa León XIV afirmó que la vida humana, una vez concebida, debe ser protegida con el máximo cuidado y llamó a evitar el aborto y el infanticidio. Lo hizo este miércoles durante la audiencia general en la plaza de San Pedro, donde también reflexionó sobre el matrimonio, la fecundidad del amor conyugal y la responsabilidad de los padres en la transmisión y educación de la vida.
La audiencia marcó el regreso del Pontífice a esta actividad pública después de su hospitalización, entre el 13 y el 17 de octubre, en el Policlínico Gemelli, donde fue sometido a una intervención quirúrgica para extirpar un adenocarcinoma. Al comenzar su catequesis, agradeció a la comunidad cristiana por las oraciones y las muestras de apoyo recibidas durante su recuperación.
En su reflexión, León XIV retomó las enseñanzas de la constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, para abordar el matrimonio y la familia como realidades fundamentales para la persona y la sociedad. En ese marco, destacó la necesidad de comprender el vínculo conyugal como una comunidad de vida y amor, sostenida por la entrega recíproca de los esposos.
Fidelidad y entrega mutua
El Papa recordó que el matrimonio se fundamenta en el pacto por el cual el hombre y la mujer se entregan y se reciben mutuamente. Esa unión, señaló, implica una exigencia de plena fidelidad e indisolubilidad, expresada también en la procreación y la educación de los hijos.
Al referirse al amor conyugal, explicó que no se limita a la atracción física, sino que compromete la voluntad y abarca a toda la persona. También se manifiesta mediante los sentimientos, la ternura y los gestos cotidianos, en una relación entre dos personas que comparten la misma dignidad.
Desde la perspectiva cristiana, León XIV sostuvo que el sacramento del matrimonio permite a los esposos amarse como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella. De este modo, el amor conyugal y parental encuentra en la fe un fundamento para crecer y sostener la vida familiar.
La responsabilidad de transmitir y educar la vida
Durante la catequesis, el Pontífice definió la procreación de los hijos como «el don más excelente del matrimonio» y afirmó que, al transmitir y educar la vida humana, los esposos se convierten en colaboradores del amor de Dios Creador.
En ese sentido, señaló que las decisiones relacionadas con la vida familiar deben considerar tanto el bien de los cónyuges como el de sus hijos, nacidos o por nacer. Según explicó, esta responsabilidad exige un juicio recto y una conciencia formada a la luz de la ley divina y de las enseñanzas de la Iglesia.
Al abordar la protección de la vida, León XIV fue explícito: «La vida, una vez concebida, debe ser protegida con el máximo cuidado», recomendó, al tiempo que llamó a evitar el aborto y el infanticidio.
También remarcó que las leyes que regulan la transmisión de la vida no deben considerarse incompatibles con aquellas que favorecen el auténtico amor conyugal. Por el contrario, sostuvo que ambas dimensiones deben integrarse en una relación que preserve el sentido pleno de la entrega mutua y de la procreación humana.
El matrimonio y la familia, fundamentos de la sociedad
En el tramo final de su catequesis, el Papa recuperó la definición de la familia como «escuela de una humanidad más rica» y fundamento de la sociedad, en línea con las enseñanzas del Concilio Vaticano II.
A partir de esa concepción, pidió a quienes tienen responsabilidades sociales, especialmente en los ámbitos político y cultural, que colaboren de manera efectiva en la promoción del matrimonio y de la familia.
León XIV advirtió que esta tarea adquiere una importancia particular en el contexto actual y recordó la atención pastoral que la Iglesia viene dedicando a la vida familiar desde el Concilio Vaticano II hasta los procesos sinodales impulsados en las últimas décadas.
El Pontífice concluyó su catequesis con una oración a la Sagrada Familia de Nazaret, a la que encomendó el camino de la Iglesia y la protección de las familias de todo el mundo.

