Un informe elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que el 48,9% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en situación de vulnerabilidad estructural, una realidad que alcanza a más de 4,1 millones de personas. El estudio también expone un fuerte impacto en la salud mental, ya que la mitad de este sector presenta síntomas compatibles con la depresión.
La investigación, titulada Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro, sostiene que la precariedad dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en una problemática extendida, atravesada por dificultades económicas, escasas oportunidades laborales, rezago educativo y deterioro del bienestar emocional.
Uno de los datos más preocupantes indica que dos de cada diez jóvenes en situación de vulnerabilidad no trabajan ni estudian. Dentro de ese grupo, uno de cada tres ni siquiera busca empleo, una situación que los investigadores asocian con la pérdida de expectativas de progreso y la percepción de que el mercado laboral ofrece cada vez menos posibilidades de inserción.
En materia educativa, el informe muestra que seis de cada diez jóvenes vulnerables no completaron el nivel secundario y solo el 6,7% logró acceder a estudios terciarios o universitarios. Los especialistas remarcan que la educación continúa siendo el principal factor para reducir la vulnerabilidad y ampliar las oportunidades de acceder a un empleo formal.
Si bien cerca de siete de cada diez jóvenes vulnerables tienen algún tipo de ocupación, la mayoría se desempeña en condiciones de informalidad o trabaja por cuenta propia. Solo una pequeña proporción cuenta con empleo registrado. A esto se suma que el 57% afirmó que los ingresos familiares no alcanzan para cubrir los gastos del mes, porcentaje que se eleva al 70% entre quienes presentan los niveles más altos de vulnerabilidad.
El estudio también pone el foco en la salud mental. Más del 70% de los encuestados manifestó sufrir episodios frecuentes de ansiedad o nerviosismo, mientras que uno de cada dos reconoció presentar síntomas compatibles con la depresión. Además, tres de cada diez admitieron tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias.
Los investigadores sostienen que estos indicadores reflejan una vulnerabilidad que excede el plano económico y condiciona la vida cotidiana, el bienestar emocional y las expectativas de futuro de millones de jóvenes.
Pese al complejo escenario, el informe destaca que el 85,7% de los participantes considera que la educación sigue siendo la principal herramienta para mejorar su calidad de vida. Entre sus principales metas para los próximos cinco años figuran conseguir un empleo de mejor calidad, acceder a una vivienda propia y continuar sus estudios.
Como conclusión, el equipo de investigación de la UBA advirtió que la magnitud de la problemática exige el diseño de políticas públicas integrales que permitan abordar de manera conjunta las desigualdades sociales, educativas, laborales y de salud mental que afectan a una parte significativa de la juventud argentina.

