La EFA San Rafael Arcángel de Campo Grande apuesta a la formación con prácticas productivas


La rectora Irene Soledad Klapstein contó en Radio Tupambaé, cómo trabajan con los estudiantes en la producción agropecuaria, el acompañamiento a las familias y el desarrollo de proyectos propios. La institución tiene seis años de trayectoria y una matrícula de 100 alumnos.

La Escuela de la Familia Agrícola (EFA) San Rafael Arcángel, ubicada en el paraje El Tigre de Campo Grande, combina la formación académica con el trabajo en el ámbito rural. A través de la modalidad de alternancia, los estudiantes participan en actividades productivas y elaboran proyectos que les permiten aplicar los conocimientos adquiridos durante su formación.

En una entrevista con Cultura en Diálogo, por Radio Tupambaé, la rectora Irene Soledad Klapstein, acompañada por la secretaria Liliana Zarratea, la monitora Romina Martínez y el alumno de quinto año Kevin Sosa, repasó las actividades de la institución y los desafíos de una propuesta educativa vinculada con la realidad de las familias rurales.

Aprender a partir de la experiencia

Con seis años de trayectoria, la EFA cuenta con 100 estudiantes provenientes de Campo Grande y de distintas localidades y parajes de la zona. Muchos pertenecen a familias de productores, aunque la institución también recibe a jóvenes que no cuentan con una chacra propia.

Klapstein explicó que el trabajo educativo no se limita al aula. Las visitas a las familias permiten conocer la realidad de cada estudiante, sus condiciones de vida y las distancias que debe recorrer para asistir a la escuela. Ese contacto también facilita el seguimiento de sus trayectorias escolares.

La modalidad de alternancia articula los contenidos curriculares con las prácticas rurales. En ese proceso, los monitores cumplen una función importante en el acompañamiento cotidiano, tanto en las actividades escolares como en la convivencia y el trabajo en los sectores productivos.

Romina Martínez, profesora de Geografía y monitora de la institución, señaló que su tarea implica un contacto permanente con los estudiantes y sus familias. Además del seguimiento educativo, los monitores colaboran con las tareas de la huerta y otros espacios de producción.

Durante la entrevista, Martínez contó que los alumnos habían trabajado en la plantación de lechuga, repollo y chauchas. La escuela también tiene frutales, como durazneros, mandarinos y limoneros, y un sector destinado a plantas medicinales. Parte de las verduras cosechadas se utiliza en el comedor escolar.

Proyectos productivos para después de la escuela

La elaboración de proyectos individuales es otro de los ejes de la formación. Los estudiantes investigan, planifican y desarrollan propuestas relacionadas con distintas actividades agropecuarias, con el acompañamiento de docentes y coordinadores.

Entre las iniciativas mencionadas durante la charla figuran el cultivo de plantas aromáticas, la producción de tomates y frutales, y la crianza de aves. Los trabajos requieren que cada alumno conozca las distintas etapas de su proyecto y pueda explicar los procedimientos utilizados y los resultados obtenidos.

Según explicó Klapstein, estas experiencias buscan brindar herramientas que puedan servirles tanto para iniciar un emprendimiento como para continuar sus estudios en el nivel superior.

La presentación de los proyectos incluye una exposición formal y, cuando corresponde, muestras de la producción realizada. De esa manera, los estudiantes deben demostrar el proceso completo, desde la obtención de la materia prima hasta su posible transformación en un producto elaborado.

Kevin Sosa eligió la cría de pavos

Uno de los proyectos presentados en la entrevista fue el de Kevin Sosa, alumno de quinto año, quien trabaja en la producción de pavos. La iniciativa comenzó el año pasado y continúa en desarrollo con el acompañamiento del equipo educativo.

El joven explicó que eligió esta actividad por su interés en los animales y por las posibilidades que encuentra en su crianza. Durante la charla, detalló algunos de los cuidados necesarios durante los primeros días de vida de los pavitos, especialmente la protección contra el frío y la humedad, además de la alimentación adecuada para cada etapa.

Sosa reconoció que llevar adelante el proyecto demanda tiempo y recursos, pero destacó la ayuda que recibe de los docentes, los monitores y la rectora. Su intención es seguir aprendiendo para, en el futuro, avanzar con una producción de mayor escala.

Al hablar de sus planes después de terminar la secundaria, manifestó que le gustaría estudiar Ingeniería Geomática, una opción que relaciona con su interés por el trabajo de campo y las actividades al aire libre.

La fiesta patronal y la participación en el InterEFAS

La vida institucional también incluye actividades que reúnen a estudiantes, familias y vecinos. Para el 6 de diciembre, la EFA tiene prevista su fiesta patronal en honor a San Rafael Arcángel. La jornada contará con quermeses, asado, dulces y un baile, con el objetivo de compartir un encuentro comunitario y recaudar fondos para las actividades de la escuela.

Klapstein también recordó la participación de los alumnos en el encuentro provincial InterEFAS realizado en Posadas. Según relató, la experiencia les permitió convivir con estudiantes de otras instituciones, participar en actividades deportivas y compartir dos jornadas fuera de su entorno habitual.

En el área académica, la escuela obtuvo el primer y el tercer puesto en una propuesta de lectura y escritura, con cuentos fantásticos elaborados por los propios estudiantes. También participaron en las competencias de fútbol y vóley.

La experiencia de la EFA San Rafael Arcángel muestra cómo la formación secundaria puede vincularse con las actividades rurales de la zona. Entre las prácticas productivas, el trabajo con las familias y los proyectos individuales, los estudiantes adquieren conocimientos que pueden aplicar en sus comunidades o utilizar como punto de partida para continuar su formación.