La celebración del 25 de Mayo de 1810 suele asociarse casi de forma exclusiva a los acontecimientos del Cabildo de Buenos Aires. Sin embargo, la historia de la conformación de la nación argentina esconde capítulos federales de enorme valor. En una reciente entrevista con Radio Tupambaé, la reconocida historiadora y profesora María Angélica Amable invitó a repensar esta fecha desde una perspectiva local, recordando que la Revolución de Mayo «puso en marcha el proceso que nos llevaría a constituirnos como la nación argentina».
Lejos de la creencia de que las provincias se enteraron tarde o con desgana de la destitución del virrey Cisneros, Misiones reaccionó con una velocidad sorprendente. La profesora Amable enfatizó este compromiso temprano:
«Una de las que acepta inmediatamente es Misiones; Misiones aceptó inmediatamente la revolución, a pesar de la situación que Misiones tenía en ese momento, que estaba bastante desorganizada por la mala administración que habían tenido los pueblos misioneros de parte justamente de las autoridades españolas del siglo XVIII».
Este respaldo ciego a la Primera Junta se dio en un contexto local sumamente adverso. Tras la expulsión de los jesuitas, los administradores civiles españoles enviados por la corona profundizaron el descontento social al gobernar con arbitrariedad, creyendo que «como la mayoría de la población era indígena, ellos podían manejar a su antojo». Pese a estar debilitados y desorganizados, el pueblo de las misiones apostó por un cambio radical.
El proceso revolucionario en Misiones no fue impuesto por las armas de Buenos Aires, sino que replicó el espíritu democrático a través de instituciones locales:
«Acá también se realizaron cabildos abiertos, asambleas, en las capitales de los departamentos de Misiones. Siempre se habla de la de Candelaria, pero también se realizó por ejemplo en Concepción, que era capital de departamento también, y ahí los pueblos son los que deciden adherir a la revolución».
Amable comparó de forma pedagógica aquellos antiguos cabildos con los actuales Concejos Deliberantes, destacando que eran los organismos que estaban en «contacto directo con el pueblo», permitiendo una participación política directa de los vecinos en un momento donde las noticias viajaban lentamente en barcos desde España y tardaban semanas en replicarse hacia el interior.
Manuel Belgrano y el valor militar estratégico de Misiones
Uno de los puntos más significativos de la entrevista fue la resignificación de la expedición de Manuel Belgrano al Paraguay y su paso crucial por el territorio misionero. Belgrano, en su rol de vocal del nuevo gobierno, llegó con el objetivo fundamental de sostener la revolución en zonas vulnerables. Fue en este suelo donde el prócer descubrió el verdadero potencial estratégico y militar de la región.
A diferencia de otras regiones que se veían obligadas a improvisar milicias, Misiones poseía una fuerza profesional y un ejército permanente heredado directamente del periodo jesuítico. Este cuerpo militar no solo contaba con un adiestramiento táctico avanzado, sino también con una destacada capacidad logística autónoma sustentada en sus propios talleres destinados a la fabricación de armas.
Amable citó el impacto de esta fuerza en el proceso emancipatorio:
«El grueso del ejército va a ser el de las misiones, que sabían fabricar armas, que estaban entrenados, organizados… La revolución está formando un gobierno aquí en el territorio del Río de la Plata al margen de España, entonces no puede contar con el antiguo ejército español; ese ejército no le responde a la revolución. Tiene que tener nuevos cuerpos militares. Tenía el de los Patricios y el de los Húsares, ¿y cuál va a ser el grueso del ejército? El de las misiones».
Este ejército no solo defendió su propio territorio de los ataques paraguayos, sino que se convirtió en la base combatiente que luego nutriría a las tropas del propio José de San Martín y sus Granaderos a Caballo.
Belgrano avanzó con sus fuerzas terrestres ingresando por el sur de la provincia:
«Pasaron por el Zaimán, y ahí pasó Belgrano con certeza porque ese era el camino. Había una posta allí que se llamaba Posta San Antonio… y tenía una escuadrilla con barquitos que habían armado ellos para después poder cruzar el río Paraná. Esa escuadrilla viene bordeando la costa».
Un reflejo de la profunda integración y el respeto de Belgrano por la población nativa quedó plasmado en la documentación oficial de la campaña. Misiones aportó sus propios secretarios y escribientes, dando origen a una administración revolucionaria bilingüe:
«Belgrano utilizó los escribientes, se decía antes, que eran los secretarios de aquí de las misiones, y que escribieron… Los documentos de Belgrano están escritos en castellano y en guaraní, en los dos idiomas los escribieron… Belgrano les dictó en castellano, pero escribieron en los dos idiomas los documentos».
Hacia el final de la entrevista, la profesora María Angélica Amable conectó aquellos hechos del siglo XIX con la realidad política y social contemporánea, invitando a una reflexión profunda sobre los valores ciudadanos. Lamentó que muchas veces, debido a la globalización y los consumos culturales, «conocemos historias de otros lugares y desconocemos la propia», perdiendo de vista que Misiones aportó de manera directa a la construcción de la identidad nacional.
Al rescatar el espíritu de Mayo, dejó un mensaje contundente dirigido a gobernantes y ciudadanos por igual:
«Lo dieron todo por los ideales que tenían y sin mucha ambición de conseguir cargo, de conseguir poder, dinero… sino que era el compromiso con el bien común y la participación. Y eso es algo que no debemos dejar de lado. Tenemos que participar también, involucrarnos; cada uno tiene que aportar desde donde puede, pero aportar. La indiferencia, o el decir ‘bueno, yo me banco solo, no me afecta a mí’, eso no es de ciudadano. El ciudadano es alguien que se compromete con el bien común».

