El Papa León XIV reafirmó que la Iglesia debe mantener su mirada puesta en el Reino de Dios y no limitarse a lo inmediato, durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro. En el marco de su ciclo de catequesis sobre la constitución dogmática Lumen Gentium, el Pontífice profundizó en la dimensión escatológica de la Iglesia, un aspecto que consideró frecuentemente relegado.
Durante su reflexión, el Santo Padre subrayó que los cristianos viven entre el “ya” y el “todavía no”, en tensión entre la historia presente y la promesa futura. En ese sentido, sostuvo que la Iglesia es un “pueblo peregrino” que interpreta la realidad a la luz del Evangelio, denunciando el mal y anunciando la salvación en Cristo.
Asimismo, advirtió sobre el riesgo de reducir la vida eclesial a lo visible y concreto, perdiendo de vista su destino último. “La Iglesia no se proclama a sí misma; todo en ella debe apuntar a la salvación en Cristo”, remarcó, al tiempo que insistió en que el Reino de Dios constituye el fin de todas sus acciones.
En otro tramo de la catequesis, el Papa destacó el compromiso de la Iglesia de alzar la voz frente a las injusticias. En esa línea, afirmó que debe “hablar con claridad” para rechazar todo lo que atente contra la vida y ponerse del lado de los más vulnerables, entre ellos los pobres, las víctimas de la violencia y quienes sufren en cuerpo y alma.
El Sumo Pontífice también llamó a reconocer la fragilidad de las estructuras eclesiales, recordando que ninguna institución puede considerarse absoluta. Por el contrario, indicó que están llamadas a una conversión permanente, con procesos de renovación y reforma que les permitan cumplir con su misión en la historia.
Al retomar las enseñanzas del Concilio Vaticano II, explicó que la Iglesia es “sacramento universal de salvación”, es decir, signo e instrumento de la plenitud de vida y paz que Dios ofrece. No obstante, aclaró que no se identifica plenamente con el Reino de Dios, sino que es su semilla y anticipo, cuya realización definitiva llegará al final de los tiempos.
En este marco, destacó que la vida cristiana se desarrolla en la historia sin caer en la desesperanza, sostenida por la promesa de Dios que “hará nuevas todas las cosas”. Además, recordó que la Iglesia vive su misión entre el inicio del Reino en Cristo y su cumplimiento definitivo.
Finalmente, el Papa León XIV invitó a los fieles a profundizar en la comunión entre la Iglesia terrenal y la celestial. Citando nuevamente a Lumen gentium, recordó que todos los cristianos forman una sola Iglesia, unidos en Cristo, en una comunión que se expresa especialmente en la liturgia y en la oración por los difuntos.
“Agradezcamos a los Padres conciliares por recordarnos este aspecto tan importante y hermoso de ser cristiano, y esforcémonos por vivirlo plenamente”, concluyó.

