El Gobierno regula el vapeo y crece la alerta sanitaria por su impacto en jóvenes


Profesionales de la salud cuestionan la flexibilización de la normativa y advierten que los cigarrillos electrónicos no son efectivos para dejar de fumar y aumentan el consumo en adolescentes.

En un giro en la política sanitaria, el Ministerio de Salud de la Nación estableció en 2026 un nuevo marco regulatorio para los cigarrillos electrónicos, vapeadores y otros productos con nicotina, dejando atrás la prohibición vigente desde 2023. La medida habilita su comercialización bajo control estatal y crea un sistema de registro y fiscalización a nivel nacional.

Desde el Gobierno argumentaron que la decisión busca ordenar un mercado que ya operaba de manera informal, reducir el contrabando y garantizar estándares mínimos de seguridad. La normativa, implementada con intervención de la ANMAT, incluye la creación del Registro de Productos de Tabaco y Nicotina (RPTN), donde deberán inscribirse fabricantes, importadores y productos.

El alcance de la resolución abarca cinco categorías: cigarrillos electrónicos, líquidos para vapeo, dispositivos de tabaco calentado, sticks de tabaco y bolsas de nicotina.

Sin embargo, el cambio encendió fuertes cuestionamientos en el ámbito sanitario. Desde la Sociedad Argentina de Cardiología advirtieron que la medida “constituye un grave retroceso para la salud pública”, al considerar que favorece la expansión de productos adictivos, especialmente entre niños y adolescentes, a través de estrategias comerciales basadas en la innovación tecnológica y el diseño atractivo.

Uno de los datos que impulsó el debate surge del Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes Secundarios, elaborado por Sedronar en 2025. El informe ubica a los vapeadores como la tercera sustancia más consumida entre estudiantes secundarios, con una prevalencia del 35,5%.

En ese contexto, autoridades sanitarias reconocen que el fenómeno obliga a actualizar las políticas públicas, aunque especialistas remarcan que la regulación no elimina los riesgos asociados.

En Misiones, el coordinador del Programa Provincial de Control de Tabaco, Guillermo Rolón, alertó sobre la baja en la edad de inicio. “Los vaporizadores están dirigidos a la población joven. Nuestros adolescentes comienzan a consumirlos a los 12 y 13 años”, señaló.

Riesgos sanitarios y advertencias

A pesar del nuevo marco legal, profesionales insisten en que ningún producto con nicotina es inocuo. Los cigarrillos electrónicos pueden contener nicotina sintética —altamente adictiva— incluso en presentaciones que se promocionan como libres de esta sustancia.

Diversos estudios vinculan su uso con lesiones pulmonares asociadas al vapeo (Evali), agravamiento de enfermedades respiratorias como el asma, aumento de la presión arterial, mayor riesgo cardiovascular, daños bucales y gastrointestinales, y posibles efectos neurológicos durante el embarazo. También se registraron casos de quemaduras o traumatismos por fallas en las baterías.

Además, especialistas advierten que el vapeo puede actuar como puerta de entrada al consumo de cigarrillos tradicionales.

“Está comprobado que no sirven como método para dejar de fumar. Tienen sustancias tóxicas que generan adicción, especialmente por la nicotina”, sostuvo Rolón.

Cuestionamientos a la implementación

Entidades médicas también pusieron en duda los mecanismos de control previstos en la normativa, al señalar que el registro de productos se basa en declaraciones juradas de fabricantes e importadores, sin evidencia suficiente sobre su seguridad a largo plazo.

Entre los puntos más criticados figuran la habilitación de sabores mentolados en bolsas de nicotina y la falta de controles específicos sobre la publicidad digital dirigida a jóvenes.

Frente a este escenario, organizaciones del sector solicitaron la suspensión de la medida y reclamaron una evaluación integral e independiente de su impacto sanitario, además de mayor participación de universidades, sociedades científicas y autoridades provinciales.

Debate abierto sobre su uso para dejar de fumar

Uno de los principales argumentos a favor de estos dispositivos ha sido su posible utilidad para abandonar el cigarrillo convencional. No obstante, desde los programas de cesación tabáquica aseguran que la evidencia disponible no respalda esa estrategia.

Por el contrario, advierten sobre el “uso dual”, en el que los consumidores combinan vapeadores con cigarrillos tradicionales, prolongando la dependencia a la nicotina.

En Misiones, el Programa Provincial de Cesación Tabáquica registró desde 2018 a más de 800 personas en tratamiento para dejar de fumar, de las cuales más de 600 lograron abandonar el consumo mediante seguimiento profesional, sin recurrir a estos dispositivos.

El debate continúa abierto entre la necesidad de regular un mercado en expansión y las advertencias sobre sus consecuencias en la salud pública, especialmente en las nuevas generaciones.