El Papa llamó a fortalecer la fraternidad y el diálogo en su encuentro con la comunidad católica de Argelia


En el marco de su visita apostólica al norte de África, el Papa León XIV encabezó su primer encuentro con la reducida comunidad católica de Argelia y destacó que la fe “no aísla”, sino que impulsa el crecimiento de “una verdadera fraternidad” en medio de contextos diversos.

La actividad se desarrolló en la Basílica de Nuestra Señora de África, un emblemático templo situado sobre un acantilado con vista a la bahía de Argel y al mar Mediterráneo. Allí, el Pontífice se dirigió a obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos que integran una comunidad que apenas supera los 6.500 creyentes en un país de más de 44 millones de habitantes.

Durante su mensaje, León XIV definió a los católicos locales como una “presencia discreta y preciosa”, arraigada en la historia del país, y remarcó que la fe “abre, une sin confundir y acerca sin uniformar”, subrayando su papel en la construcción de vínculos fraternos.

El templo, reconocido por su vocación de diálogo interreligioso y frecuentado también por fieles musulmanes, simboliza —según el Papa— una convivencia basada en el respeto y la acogida. En ese sentido, resaltó que muchas personas llegan allí en busca de consuelo espiritual y acompañamiento, encontrando un espacio de escucha y serenidad.

En su segunda intervención en Argel, primera escala de una gira africana que continuará en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, el Pontífice estructuró su reflexión en torno a tres ejes centrales de la vida cristiana: la oración, la caridad y la unidad.

Al referirse a la oración, sostuvo que es una necesidad universal que “une y humaniza”, al tiempo que fortalece y purifica el corazón. En esa línea, evocó el mensaje de San Juan Pablo II, quien afirmaba que el ser humano no puede vivir sin rezar, del mismo modo que no puede vivir sin respirar.

La jornada incluyó también momentos de recogimiento y gestos simbólicos. A su llegada, el Papa fue recibido por autoridades eclesiásticas, entre ellas el cardenal Jean‑Paul Vesco, y participó de cantos y expresiones culturales en francés y árabe. Además, se detuvo a orar ante la imagen de la Virgen Negra, una de las principales devociones del santuario.

Uno de los pasajes más significativos del discurso estuvo marcado por el recuerdo de los mártires de Argelia, asesinados durante la guerra civil en la década de 1990. Entre ellos, el Papa mencionó a las religiosas españolas Esther Paniagua Alonso y Caridad Álvarez Martín, así como al obispo Pierre Claverie. Sobre ellos, afirmó que “su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto”.

Asimismo, evocó el testimonio del monje trapense Paul Dochier, quien decidió permanecer junto a la población local pese al riesgo de violencia, destacando su compromiso con el pueblo argelino.

El Papa también hizo referencia a las raíces históricas del cristianismo en la región, recordando la figura de San Agustín de Hipona y su madre, Santa Mónica, como parte de una tradición que sigue vigente.

En un contexto global atravesado por conflictos, León XIV llamó a los fieles a ser “signos creíbles de comunión, de diálogo y de paz”, y destacó el valor del testimonio cotidiano, especialmente cuando se vive con sencillez y humildad.

Finalmente, el Pontífice subrayó que la realidad geográfica de Argelia, marcada en gran parte por el desierto, recuerda la necesidad de la ayuda mutua y de Dios. En ese marco, alentó a la comunidad católica a continuar su misión como “sacramento universal de salvación”, promoviendo la fraternidad y la reconciliación.

El encuentro concluyó con una bendición final, tras la cual el Papa encendió una vela en la capilla dedicada a Santa Mónica y rezó ante un monumento en memoria de las víctimas de naufragios en el Mediterráneo, antes de dirigirse a la Nunciatura Apostólica para continuar su agenda oficial.