Milena Toledo y Mónica Solís representarán a Misiones en la Copa Mundial de Natación en Aguas Gélidas, que se disputará en Santa Cruz con la participación de unos 300 nadadores de 17 países. Para afrontar el desafío entrenaron en el río Paraná, en piletas de baja temperatura y realizaron inmersiones en agua con hielo para adaptarse a condiciones cercanas a los 0 °C.
Las misioneras Milena Toledo, de 20 años, y Mónica Solís, de 31, viajarán este fin de semana a El Calafate para participar en la Copa Mundial de Natación en Aguas Gélidas, una competencia internacional que tendrá como escenario el glaciar Perito Moreno, en la provincia de Santa Cruz. Las acreditaciones comenzarán el domingo y las pruebas se desarrollarán desde el lunes hasta el 8 de agosto.
En diálogo con Nuestras Mañanas, Solís contó que la decisión de competir surgió este año, cuando comenzó a entrenar junto a Milena Toledo. Desde entonces iniciaron una preparación específica para soportar las bajas temperaturas que encontrarán durante la competencia.
El entrenamiento comenzó en el río Paraná durante los meses más fríos del invierno. Sin embargo, Solís explicó que el agua alcanzaba una temperatura mínima de unos 17 grados, muy lejos de las condiciones que enfrentarán en el glaciar. Por ese motivo también practicaron en una pileta con agua a 13 grados y, en las últimas semanas, realizaron inmersiones en una pequeña piscina donde colocaban 48 kilos de hielo para alcanzar temperaturas de entre 1 y 3 grados centígrados.
«La competencia es conmigo misma«, resumió Solís al explicar que su principal objetivo es vivir la experiencia de nadar junto al glaciar Perito Moreno y compartir el evento con deportistas de distintos países. Según indicó, el certamen reunirá participantes provenientes de 17 naciones.
La competencia contempla distintas distancias. Solís se inscribió en la prueba de 25 metros estilo libre y, junto a Toledo, también participará en la distancia de 300 metros, considerada la más extensa del evento, que consiste en nadar desde las inmediaciones del glaciar hasta la costa. El reglamento establece que los competidores solo pueden utilizar malla, gorra y antiparras, ya que no está permitido el uso de trajes térmicos.
Además de nadadora, Solís se desempeña como kinesióloga en terapia intensiva pediátrica. Desde su experiencia profesional explicó que la exposición a temperaturas extremas requiere una adaptación progresiva, ya que el ingreso al agua helada provoca un aumento de la presión arterial, una fuerte contracción muscular y puede representar un riesgo para personas con enfermedades cardiovasculares u otras comorbilidades.
Como parte de la preparación, ambas deportistas realizaron ejercicios de movilidad y activación muscular antes de cada inmersión, especialmente en las extremidades, donde primero se siente el efecto del frío debido a la vasoconstricción. También probaron distintas estrategias para mejorar la adaptación, como el uso de tapones para los oídos y doble gorra durante las inmersiones completas.
Los entrenamientos les permitieron permanecer entre 10 y 12 minutos en agua a unos 3 grados. Solís estimó que completar los 300 metros podría demandar entre cinco y seis minutos, ya que el frío incrementa la rigidez muscular y obliga a regular el esfuerzo de manera diferente a una prueba convencional.

La deportista también destacó el aspecto mental de la disciplina. Explicó que la crioterapia ayuda a disminuir la inflamación y el dolor, pero sostuvo que afrontar este tipo de desafíos exige concentración y control emocional para tolerar el impacto inicial del agua helada y completar la prueba de manera segura.
En total participarán alrededor de 300 nadadores distribuidos por categorías de edad y por distancia. Según comentó Solís, hasta el momento no tiene conocimiento de otros representantes del NEA inscriptos en la competencia.
El viaje y la participación en el Mundial son financiados íntegramente por las propias deportistas. No obstante, Solís contó que recibieron la colaboración de un empresario que les donó el hielo utilizado durante las prácticas, un aporte que permitió reducir significativamente los costos del entrenamiento.
Antes de despedirse, la kinesióloga expresó su deseo de que más personas de Misiones se animen a practicar la natación en aguas abiertas y a participar de este tipo de competencias. Mientras tanto, ella y Milena Toledo buscarán cumplir un desafío personal que las llevará desde las aguas del río Paraná hasta uno de los escenarios naturales más imponentes del país.


