El nuevo mandatario jurará este viernes en Cali bajo un fuerte operativo por alerta terrorista. Sin mayoría en el Congreso, deberá enfrentar el avance de los grupos armados, un elevado déficit fiscal, la crisis del sistema de salud y los desafíos energéticos del país.
Abelardo de la Espriella asumirá este viernes la presidencia de Colombia en una ceremonia que estará marcada por un amplio operativo de seguridad y la presencia de jefes de Estado invitados, entre ellos el presidente argentino, Javier Milei. La investidura se realizará en la ciudad de Cali, en un contexto de alerta terrorista y con un país atravesado por fuertes tensiones políticas, económicas y sociales.
El abogado de 48 años llega al poder luego de imponerse por un margen inferior a un punto porcentual en el balotaje frente al candidato oficialista Iván Cepeda. La diferencia fue de aproximadamente 200.000 votos sobre más de 25 millones de sufragios emitidos.
Será la primera vez que una asunción presidencial colombiana se realice fuera de Bogotá. Según el nuevo gobierno, la elección de Cali busca reflejar una política de descentralización institucional.
Para garantizar la seguridad del acto fueron desplegados alrededor de 11.000 efectivos de la Policía, el Ejército y la Fuerza Aeroespacial Colombiana, ante el riesgo de posibles acciones de grupos armados.
El presidente saliente, Gustavo Petro, no participará de la ceremonia y volvió a cuestionar el resultado electoral, al sostener que el proceso fue fraudulento. De esta manera, el nuevo mandatario iniciará su gestión en un escenario de fuerte polarización política y sin contar con mayoría propia en el Congreso.
Un Congreso fragmentado
La gobernabilidad aparece como uno de los primeros desafíos para la nueva administración.
El Pacto Histórico, espacio político de Petro, conserva la primera minoría parlamentaria con 26 senadores y 43 diputados. En tanto, De la Espriella logró conformar en el Senado un bloque junto al Centro Democrático, Salvación Nacional, el Partido Conservador, La U y Cambio Radical, alcanzando 49 de las 103 bancas.
En la Cámara de Diputados el panorama es aún más atomizado, por lo que el Gobierno deberá negociar con distintos sectores para avanzar con las reformas que impulsa.
Seguridad, una prioridad
La creciente violencia será otro de los ejes de la gestión. Colombia registra un incremento de la actividad de grupos guerrilleros y organizaciones criminales pese a la política de diálogo impulsada durante el gobierno de Petro bajo el programa denominado Paz Total.
Datos de la Fundación Ideas para la Paz, citados por la agencia EFE, indican que durante 2025 la cantidad de integrantes de grupos armados aumentó un 23,5%. Actualmente, unas 27.000 personas integrarían estructuras vinculadas al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a las disidencias de las FARC.
A ese escenario se suma el accionar del Clan del Golfo, considerado el principal grupo criminal del país y con cerca de 10.000 integrantes.
Durante la campaña, De la Espriella prometió endurecer la política de seguridad y tomó como referencia algunas de las medidas implementadas por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Entre sus propuestas, planteó fijar un plazo para que los grupos armados se sometan al Estado y advirtió que no habrá nuevas concesiones, además de mencionar la posibilidad de recurrir a bombardeos contra organizaciones ilegales.
Salud, economía y energía
El nuevo gobierno también deberá responder a la crisis que atraviesa el sistema de salud colombiano, afectado por problemas financieros, escasez de medicamentos, deudas con los prestadores y demoras en la atención médica.
Especialistas sostienen que la situación responde a una crisis de financiamiento que compromete tanto a aseguradoras como a prestadores, mientras numerosas instituciones sanitarias operan con serias dificultades económicas.
En el plano económico, la administración saliente deja un déficit fiscal equivalente al 6,4% del Producto Bruto Interno (PBI) durante 2025 y una deuda pública que alcanza el 60,5% del PBI.
Con un discurso alineado con políticas de reducción del gasto público, De la Espriella propone un fuerte ajuste del Estado y prevé disminuir el gasto hasta un 40% al finalizar su mandato. Sin embargo, economistas advierten que el elevado nivel de endeudamiento limitará el margen de maniobra de la nueva administración y estiman que el déficit podría alcanzar este año el 7,8% del PBI.
El sector energético completa el complejo panorama que recibirá el nuevo presidente. La dependencia de la generación hidroeléctrica, la reducción de las reservas de petróleo y gas, la falta de nuevos contratos de exploración y el impacto de fenómenos climáticos como El Niño generan preocupación sobre la capacidad del país para garantizar el abastecimiento de energía en los próximos años.
Con este escenario, Abelardo de la Espriella inicia su mandato con la promesa de imprimir un giro político y económico en Colombia, aunque condicionado por un Congreso fragmentado y por una agenda dominada por la inseguridad, la situación fiscal, la crisis sanitaria y los desafíos del sistema energético.

