Viernes Santo: la Iglesia conmemora la Pasión y Muerte del Señor con recogimiento y profunda fe


Este viernes 3 de abril, la Iglesia Católica celebra el Viernes Santo, una de las jornadas más significativas del calendario litúrgico, en la que los fieles de todo el mundo conmemoran la Pasión y Muerte del Señor Jesucristo en la cruz. Se trata de un día marcado por el silencio, la oración y el recogimiento espiritual.

A lo largo de la jornada, las comunidades cristianas participan de diversas expresiones de piedad popular que invitan a profundizar en el misterio del sacrificio de Cristo. Entre ellas se destacan el rezo del Vía Crucis, la meditación del Sermón de las Siete Palabras y las procesiones que evocan el camino de Jesús hacia el Calvario, muchas veces acompañadas por imágenes de Cristo crucificado y de la Virgen María en su advocación de Dolorosa.

En este día, la Iglesia no celebra la Santa Misa, ya que forma parte del único gran misterio pascual que se prolonga desde la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual. Tampoco se celebran otros sacramentos, a excepción del Sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos en caso de necesidad.

Por la tarde se realiza la Celebración de la Pasión del Señor, uno de los momentos centrales de la jornada. Esta liturgia incluye la proclamación de la Pasión según el Evangelio de San Juan, la Oración Universal, la Adoración de la Santa Cruz y la Sagrada Comunión, con las formas consagradas el día anterior.

La jornada también propone contemplar el dolor de la Virgen María, quien permaneció junto a su Hijo hasta el final, convirtiéndose en signo de fidelidad y fortaleza en medio del sufrimiento. En este sentido, la tradición litúrgica contempla la posibilidad de entonar el Stabat Mater u otros cantos que evocan el dolor de la Madre.

Hacia la noche, en numerosos templos se realiza el Vía Crucis y, en algunos lugares, el tradicional Oficio de Lecturas y Laudes o celebraciones inspiradas en el antiguo “Oficio de Tinieblas”, que recuerdan la oscuridad que envolvió al mundo tras la muerte del Señor. Sin embargo, un signo de luz anticipa la esperanza de la Resurrección.

El Viernes Santo invita a los fieles a vivir una jornada de silencio interior y exterior, acompañando espiritualmente a Cristo en su entrega total por la humanidad. En este marco, la Iglesia exhorta al cumplimiento del ayuno y la abstinencia, como signo de penitencia y unión con el sacrificio redentor.

La conmemoración de este día central de la fe cristiana renueva el llamado a reflexionar sobre el sentido del amor extremo de Cristo, quien entregó su vida por la salvación de todos. Una invitación que interpela a los creyentes a transformar su vida a la luz de ese misterio de entrega y redención.