El ingeniero de Inteligencia Artificial de SensesAI analizó los alcances de esta tecnología, sus efectos en el trabajo, la educación y los vínculos humanos. En una entrevista con Lo que Faltaba, por Radio Tupambaé, advirtió sobre los riesgos de delegar el pensamiento, la pérdida de privacidad y la necesidad de promover una alfabetización en inteligencia artificial.
La expansión de la inteligencia artificial (IA) plantea desafíos que van más allá de los avances tecnológicos. Su impacto en la educación, el mundo laboral, las relaciones personales y el acceso a la información exige comprender cómo funciona y desarrollar criterios para utilizarla de manera responsable. Así lo sostuvo Tony Gael, ingeniero de Inteligencia Artificial en SensesAI y divulgador tecnológico, durante una entrevista en el programa Lo que Faltaba, por Radio Tupambaé.
Al comenzar la conversación, Gael cuestionó la idea de atribuir inteligencia humana a estos sistemas y explicó que los modelos de lenguaje funcionan mediante procesos de cálculo probabilístico. A partir de grandes volúmenes de información transformados en unidades de procesamiento llamadas tokens, los sistemas generan respuestas calculando qué palabras tienen mayor probabilidad de aparecer en una secuencia.
“La máquina no es inteligente, la máquina es probabilística”, afirmó. En ese sentido, explicó que las respuestas pueden variar incluso cuando se formula reiteradamente la misma pregunta, porque el sistema construye cada secuencia a partir de cálculos de probabilidad.
Para el especialista, comprender este mecanismo es fundamental para evitar que las personas atribuyan a estas herramientas capacidades humanas que no poseen. Aunque pueden simular razonamientos y responder de manera convincente, eso no significa que experimenten emociones o comprendan los sentimientos de sus interlocutores.
La empatía artificial y la búsqueda de aprobación
Uno de los aspectos centrales de la entrevista fue la tendencia de los usuarios a humanizar la tecnología. Gael advirtió que los sistemas de inteligencia artificial pueden reconocer patrones asociados con determinados estados emocionales y producir respuestas que parecen empáticas, aunque no experimentan emociones.
Esta característica, sostuvo, puede generar vínculos de dependencia cuando las personas recurren a estas aplicaciones como si fueran amigos, parejas o incluso profesionales de la salud mental.
También se refirió a la sycophancy, un comportamiento conocido como adulación de la inteligencia artificial, mediante el cual un sistema tiende a validar las opiniones del usuario o a darle la razón, aun cuando sus planteos puedan ser equivocados.
Según explicó, este tipo de respuestas puede favorecer el uso frecuente de las aplicaciones, porque las personas encuentran una interlocución que refuerza sus ideas en lugar de cuestionarlas. Por eso, recomendó mantener una actitud crítica y no confundir una respuesta complaciente con un análisis objetivo.
El riesgo de delegar el pensamiento
Gael también expresó su preocupación por el uso cotidiano de la inteligencia artificial para resolver tareas que requieren reflexión, creatividad y elaboración personal. Como ejemplo, mencionó la utilización de estas herramientas para redactar mensajes personales o realizar trabajos prácticos sin que exista un proceso propio de aprendizaje.
“No dejemos de usar la cabeza, no dejemos de redactar”, pidió durante la entrevista.
El especialista consideró que el problema no radica en utilizar la tecnología, sino en delegar por completo actividades intelectuales que las personas necesitan ejercitar. En su análisis, el uso indiscriminado puede debilitar la capacidad de cuestionar, interpretar información y elaborar ideas propias.
En el ámbito educativo, planteó la necesidad de preparar tanto a los estudiantes como a los docentes para comprender las posibilidades y limitaciones de estas herramientas. Advirtió que resolver automáticamente evaluaciones o actividades profesionales sin desarrollar los conocimientos necesarios puede tener consecuencias, especialmente en áreas sensibles como la medicina, la ingeniería y otras disciplinas que requieren formación específica.
En ese contexto, propuso avanzar hacia una alfabetización en inteligencia artificial que complemente la educación básica y la alfabetización digital. A su entender, la velocidad de los avances tecnológicos contrasta con los tiempos de actualización de los programas educativos y con la falta de formación específica para utilizar estas herramientas.
El impacto en el trabajo y la necesidad de adaptarse
Otro de los ejes de la conversación fue la transformación del empleo. Gael sostuvo que la automatización ya modifica distintas actividades y que el desafío consiste en prepararse para esos cambios, en lugar de limitarse a rechazarlos cuando sus efectos se vuelven evidentes.
Como ejemplo, mencionó el caso de los diseñadores gráficos: mientras algunos trabajadores cuestionan la competencia de las herramientas automatizadas, otros las incorporan para mejorar sus procesos, desarrollar nuevos productos y ampliar sus servicios.
En ese sentido, recomendó que cada persona explore cómo la inteligencia artificial puede potenciar su actividad, sin que eso implique necesariamente estudiar una carrera tecnológica.
Un comerciante, un locutor o un mecánico también pueden beneficiarse de estas herramientas si aprenden a utilizarlas para resolver problemas concretos y mejorar su trabajo.
“Tenemos que ser proactivos”, insistió, al señalar que la adaptación requiere capacitación y una comprensión más profunda de los cambios en curso.
El entrevistado aclaró que él mismo utiliza inteligencia artificial para programar y elaborar artículos de divulgación. Sin embargo, explicó que procura conservar su intervención en el proceso: plantea las ideas iniciales, define el enfoque y utiliza la herramienta para ordenar los contenidos, mejorar la redacción y sintetizar información.
A través de sus publicaciones en LinkedIn, en un espacio denominado IA Tierra, busca precisamente acercar los conceptos técnicos a situaciones cotidianas. Su objetivo, explicó, es facilitar la comprensión de una tecnología que suele presentarse con términos complejos.
Privacidad y uso de los datos personales
La protección de la información fue otro de los puntos abordados durante la entrevista. Gael advirtió que utilizar una aplicación de inteligencia artificial no equivale a comprender cómo funciona ni qué sucede con los datos que se introducen en ella.
Por eso, recomendó prestar atención a la información que se comparte con estas plataformas, especialmente cuando se trata de datos personales o sensibles.
También señaló que los servicios digitales pueden obtener valor económico de los hábitos, las preferencias y las interacciones de sus usuarios. En ese marco, invitó a reflexionar sobre los modelos de negocio de las plataformas y sobre la relación entre el uso de los servicios, la publicidad y la recopilación de información.
Su planteo apuntó a la necesidad de que los usuarios comprendan las condiciones de las herramientas que utilizan y eviten compartir información sin evaluar previamente los posibles riesgos.
¿La inteligencia artificial representa una amenaza para la humanidad?
Frente a uno de los temores más extendidos sobre esta tecnología, Gael rechazó las interpretaciones sensacionalistas que presentan a la inteligencia artificial como una amenaza inevitable para la supervivencia humana.
Para explicar su postura, comparó estos sistemas con herramientas de uso cotidiano: su impacto depende, en buena medida, de la finalidad con la que las personas deciden utilizarlos.
“La IA no es el enemigo. La IA es la herramienta que está puesta al servicio del hombre”, sostuvo.
No obstante, aclaró que esto no significa ignorar los riesgos. Advirtió que una persona puede intentar utilizar estos sistemas para causar daño, eludir mecanismos de seguridad o desarrollar acciones perjudiciales. También señaló que los gobiernos y las organizaciones pueden emplear estas tecnologías con fines de manipulación.
Por esa razón, consideró que la discusión debe centrarse tanto en el desarrollo tecnológico como en la responsabilidad humana, la educación y los mecanismos de control.
Redes sociales, desinformación y pérdida del pensamiento crítico
Durante la entrevista, el especialista vinculó el uso de la inteligencia artificial con el funcionamiento de las redes sociales y los algoritmos de recomendación. Explicó que las plataformas pueden adaptar sus contenidos a partir de las interacciones de cada usuario, lo que favorece la exposición reiterada a temas similares.
Este mecanismo, advirtió, puede contribuir a reforzar prejuicios, difundir discursos de odio y encerrar a las personas en circuitos de información que confirman sus creencias.
También cuestionó el consumo de videos breves y contenidos sensacionalistas como principal fuente de información, especialmente cuando presentan explicaciones simplificadas sobre asuntos históricos, sociales o políticos.
Frente a ese escenario, recomendó contrastar la información, recurrir a fuentes confiables y recuperar la lectura como una práctica fundamental para desarrollar una mirada crítica.
Gael sostuvo que la facilidad para publicar opiniones en las redes sociales no reemplaza la formación ni el conocimiento especializado. Por eso, invitó a los usuarios a distinguir entre una afirmación que parece convincente y una información que cuenta con fundamentos verificables.
Una tecnología que también puede mejorar la calidad de vida
Más allá de sus advertencias, Gael reconoció las posibilidades positivas de la inteligencia artificial, especialmente cuando permite resolver problemas concretos y ampliar las capacidades humanas.
Durante la charla mencionó el potencial de estas tecnologías para asistir a personas que perdieron la capacidad de comunicarse oralmente. Como ejemplo, recordó experiencias en las que sistemas de síntesis de voz permiten recuperar una forma de expresión a partir de señales o registros previos.
Para el especialista, estos usos muestran que la discusión no debe reducirse a los riesgos de la automatización, sino que también debe contemplar las oportunidades que ofrece para mejorar la vida de las personas.
El desafío, sostuvo, consiste en aprender a utilizar las herramientas sin renunciar a la autonomía, la reflexión y la responsabilidad.
Una invitación a capacitarse

Hacia el final de la entrevista, Gael insistió en que la sociedad necesita comprender mejor el funcionamiento de la inteligencia artificial y generar espacios de formación accesibles para distintos sectores.
En ese sentido, invitó a participar de una capacitación sobre inteligencia artificial prevista para el viernes 23 de octubre, a las 17, en el espacio de coworking de El INCADE, ubicado en San Lorenzo 1004, en Posadas. Según se informó durante el programa, los interesados pueden consultar la propuesta y reservar su lugar a través de hablemosdeia.sites.net.
La conversación en Lo que Faltaba, dejó planteada una reflexión central: la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana, pero su incorporación no debería implicar la renuncia al pensamiento propio.
Para Gael, conocer sus alcances, reconocer sus límites y aprender a utilizarla con responsabilidad son pasos indispensables para afrontar los cambios tecnológicos sin perder de vista el papel de las personas.

