El obispo de la diócesis de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, celebró este martes 10 de marzo 25 años de ministerio episcopal con una misa de acción de gracias en la Catedral San José.
Durante la Eucaristía de las 19, el obispo agradeció al pueblo de Dios por el camino recorrido desde que asumió la conducción de la diócesis el 10 de marzo de 2001 y reflexionó sobre la importancia de vivir plenamente el presente, discernir los desafíos pastorales y continuar la misión evangelizadora de la Iglesia con esperanza hacia el futuro.
En su homilía, Mons. Martínez expresó su profunda gratitud a Dios y a toda la comunidad diocesana por estos 25 años de servicio episcopal, recordando que la Eucaristía es ante todo una acción de gracias. También agradeció la presencia de sacerdotes, diáconos, consagrados, laicos y autoridades, y destacó la colaboración de todos en la tarea evangelizadora en las parroquias y comunidades de la diócesis.
Asimismo, compartió que su vida espiritual se sostiene en la experiencia del amor de Dios, un amor que exige y que también se vive en medio de cruces y sacrificios. En ese marco, invitó a la Iglesia a anunciar los valores del Reino —el perdón, la misericordia, la humildad y la solidaridad—, fortalecer la comunión eclesial y mantener una especial atención hacia los más pobres, reconociendo la dignidad de toda persona.
Audio completo de la homilía de Mons. Martínez en la misa de acción de gracias por sus 25 años en la diócesis de Posadas:
Durante la misa, el obispo agradeció el camino recorrido desde que asumió la diócesis el 10 de marzo de 2001 y llamó a vivir el presente con plenitud, discerniendo los desafíos pastorales y la misión evangelizadora de la Iglesia hacia el futuro.
“Con mucha alegría estamos celebrando la Eucaristía. Para mí, especialmente, la Eucaristía es una acción de gracias y hoy, en este 10 de marzo, cumplir 25 años de obispo en la diócesis es un motivo de alegría y de mucho agradecimiento”, expresó al inicio de la homilía.
Mons. Martínez recordó que la jornada comenzó con una misa celebrada por la mañana junto a sacerdotes y seminaristas en el seminario diocesano, mientras que por la tarde quiso compartir la celebración con todo el pueblo de Dios en la Catedral.

“Les agradezco a los sacerdotes, a los diáconos, especialmente a la vida consagrada y a los laicos que son la mayoría del pueblo de Dios, con quienes quería compartir esta Eucaristía”, señaló. También agradeció la presencia de autoridades provinciales y la transmisión de la celebración a través de medios de comunicación: Radio Tupambaé y Canal 2.
Una vida marcada por la experiencia del amor de Dios
En su reflexión, el obispo destacó que este aniversario lo encuentra profundamente agradecido por la experiencia del amor de Dios a lo largo de su vida sacerdotal y episcopal.
Recordó que fue llamado al episcopado siendo muy joven, con apenas 41 años, y que el próximo 19 de marzo cumplirá 32 años como obispo. “El tiempo parece que pasa muy rápido, quizás porque vivimos con mucha intensidad. En toda mi vida, en el llamado al sacerdocio y al ser obispo, he experimentado siempre la cercanía del amor de Dios”, afirmó.
Sin embargo, aclaró que esta experiencia no implica una vida sin dificultades. “Esta experiencia del amor de Dios no es una experiencia donde Dios te hace fácil las cosas. Te ama, pero te exige. Por eso el amor de Él es un amor pascual, donde hay cruces y sacrificios”, reflexionó.
Gratitud al pueblo de Dios de la diócesis
Mons. Martínez también dedicó un especial agradecimiento a quienes han colaborado durante estos 25 años en la misión evangelizadora en la diócesis.
Recordó que, aunque la sede episcopal está en Posadas, la diócesis abarca numerosas comunidades y parroquias de distintas localidades. “Cuando decimos Posadas, algunos piensan en la ciudad, pero la diócesis comprende parroquias desde Leandro N. Alem, Jardín América, Concepción de la Sierra y muchos otros lugares”, explicó.
En ese sentido, destacó el papel fundamental del laicado en la vida de la Iglesia. “La evangelización la realizamos todos los bautizados. Hay muchísimos laicos que en la cotidianidad ponen su corazón en la tarea evangelizadora de la Iglesia”, expresó, al tiempo que valoró el trabajo en movimientos, instituciones educativas y parroquias.
Dos certezas en su vida espiritual
El obispo compartió además dos convicciones que han guiado su vida espiritual. “Vivo mi vida espiritual con dos certezas: una es la experiencia del amor de Dios y la otra certeza es que sé que soy de Él”, afirmó.
Reconoció también las fragilidades humanas y la necesidad permanente de pedir perdón. “A veces uno se siente como que las fragilidades humanas no condicen con esto de responderle a Dios. Por eso uno le pide perdón también por tantas cosas que podrían haber sido mejor”, dijo.
En ese sentido, señaló que nunca ha entendido su ministerio como una acumulación de logros personales. “En nuestra espiritualidad sacerdotal nunca vamos a hacer un catálogo de logros. Porque si haces un catálogo de logros también te encontrás con un catálogo de errores y limitaciones. Todo está en las manos de Dios”, sostuvo.
El perdón y la misericordia como valores del Reino

Durante su homilía, el obispo también reflexionó sobre el Evangelio del día, centrado en la enseñanza de Jesús sobre el perdón.
Recordó la parábola en la que Cristo invita a perdonar “setenta veces siete”, destacando que el Reino de Dios se caracteriza por la misericordia. “Este Reino se caracteriza por el perdón, por la misericordia y por la humildad. Son rasgos del Reino”, explicó.
Asimismo, señaló que la misión de la Iglesia es anunciar esos valores en medio de una sociedad marcada muchas veces por el individualismo. “Lamentablemente tenemos que decir que no nos ayuda nuestro tiempo, tantas veces individualista, donde parece que reina el ‘sálvese quien pueda’. Los cristianos tenemos que vivir lo que nos enseñó Jesús: el perdón, la reconciliación y el amor al otro”, afirmó.
Iglesia, comunión, cultura y opción por los pobres
En otro tramo de su mensaje, el obispo recordó tres ejes que considera centrales para la vida pastoral de la Iglesia.
El primero es vivir la Iglesia como comunión. “Una Iglesia que pueda vivir dentro de la diversidad de carismas nuestra comunión, porque si no, no podremos evangelizar”, expresó, aludiendo también al camino de la sinodalidad impulsado por el Papa.
El segundo punto se relaciona con la evangelización de la cultura, promoviendo valores como la solidaridad, la dignidad humana y la fraternidad. “El amor es la clave de este Reino”, afirmó.
Además, remarcó la importancia de evangelizar a todos, pero con una atención especial hacia los más pobres. “La Iglesia nos enseña que toda persona, aún en las peores situaciones, es infinitamente digna”, subrayó.
Vivir el presente con esperanza
Hacia el final de la homilía, Mons. Martínez volvió a agradecer a Dios y al pueblo de la diócesis por el camino compartido durante estos años. “Agradezco a Dios la memoria, pero no añoro la memoria. Para mí el momento pleno siempre es el presente”, expresó.
En ese sentido, invitó a vivir con plenitud el tiempo actual y a discernir los desafíos pastorales del presente y del futuro. “Ojalá que Dios nos siga acompañando. El Espíritu Santo está comprometido con su Iglesia, lo cual nos da la certeza de la esperanza”, concluyó.

Fotos: Rocío Ayala – Pastoral de Comunicación
Redacción: Fabricio Salto para Radio Tupambaé

