Durante la celebración del Jueves Santo, el obispo de la diócesis de Posadas pidió a los sacerdotes “ser hombres de Dios”, vivir “en comunidad” y no caer en rutinas que los alejen de “lo primero, que es Dios”, en un tiempo marcado por el individualismo.
En la mañana, la comunidad diocesana se congregó en la parroquia San Pedro y San Pablo de Apóstoles para participar de la Misa Crismal, que reunió al presbiterio para renovar sus promesas ministeriales y bendecir los óleos que se utilizarán durante el año en los distintos sacramentos. En su homilía, Mons. Martínez destacó: “Es una oportunidad para dar gracias a Dios, que nos provee de sacerdotes”, y exclamó con júbilo: “¡Qué fortaleza que haya sacerdotes!”.
El obispo advirtió sobre los riesgos de la rutina y el individualismo en la vida pastoral. “Caer en rutinas que nos hagan salir tanto para afuera nos hace olvidar lo importante, lo primero, que es Dios”, señaló, y describió el contexto actual como “un tiempo muy mercantil”. En ese sentido, recordó que la misión evangelizadora depende de Dios: “Sin Él, se vaciaría la misión de anunciar el Evangelio”, y alertó sobre el protagonismo indebido: “Lo nuestro es totalmente instrumental, porque sin Él empezaremos a predicar, nos predicaremos a nosotros y nos olvidaremos del Evangelio”.
Asimismo, subrayó la importancia de la vida comunitaria y de la compasión en el ministerio. “No podemos seguir a Jesús si no lo hacemos en comunidad”, afirmó, y describió el sacerdocio como “un ministerio colectivo” que se comprende en la relación con Dios y con los demás. Sobre la compasión, señaló: “No se puede entender un sacerdote que no tenga compasión como Jesús”.
Escuchá la reflexión de Mons. Martínez en la Misa Crismal de esta mañana en Apóstoles:
Mons. Martínez llamó a vivir el sacerdocio con amor, comunión y compasión en la Misa Crismal de Apóstoles

Durante la Misa Crismal celebrada en la Parroquia San Pedro y San Pablo de Apóstoles, Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de la diócesis de Posadas, compartió una profunda reflexión con sacerdotes, seminaristas y fieles, destacando los pilares fundamentales para una vida sacerdotal auténtica: la centralidad de Dios, la vida en comunidad y la compasión hacia los demás.
“Con mucha alegría estamos celebrando en esta mañana el gozo de la Misa Crismal. Siempre me produce una especial satisfacción porque es un momento en el que el pueblo de Dios se expresa a través de todos los carismas que hacen viva a la Iglesia, tanto en su dimensión universal como en nuestra diócesis particular”, expresó el obispo.
En la celebración, que también se transmitió por Canal 12 y Radio Tupambaé, se realizaron dos gestos centrales: la renovación de las promesas sacerdotales y la Bendición de los Óleos, destinados a los enfermos, los catecúmenos y el Santo Crisma, símbolos que acompañarán la misión evangelizadora durante todo el año.
Mons. Martínez dedicó un agradecimiento especial a los sacerdotes presentes: “Quiero agradecerles a ustedes, que están acá, en nombre de Dios, por su trabajo cotidiano, por acompañar a la gente en todas las etapas de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, y por estar presentes en la cotidianidad de la comunidad”. También reconoció la labor de los seminaristas, la vida consagrada y los laicos comprometidos en la diócesis.
El obispo señaló que, en medio de los desafíos de la actualidad, la primera fortaleza de la Iglesia es la acción del Espíritu Santo: “Dos mil años de historia con luces y sombras, pero el Espíritu Santo nos anima y nos acompaña hasta el fin de los tiempos. Esta certeza nos llena de esperanza”.
En su mensaje, Mons. Martínez subrayó tres aspectos esenciales para el sacerdocio:

- Volver siempre a Dios y a las propias motivaciones
El obispo advirtió sobre los riesgos de la rutina y del liderazgo mal entendido: “Por la rutina y por la vocación de liderazgo, podemos apropiarnos de un rol que no es nuestro y olvidarnos del Evangelio. Sin Dios, nuestra misión se vaciaría. Por eso, debemos recurrir siempre a lo primero, a la interioridad y a la oración”. - Vivir la vocación en comunidad
Destacó la importancia del sacerdocio como un ministerio relacional: “No podemos vivir siguiendo a Jesús si no lo hacemos en comunidad. El sacerdote no es para sí mismo; debemos relacionarnos con Dios y con nuestros hermanos. Cortarnos del resto y hacer ‘lo nuestro’ nos vacía. La comunión es indispensable para evangelizar”. - Cultivar la compasión
Finalmente, señaló la compasión como rasgo distintivo del ministerio sacerdotal: “No se puede entender un sacerdote sin compasión, sin querer al pueblo de Dios y al mundo en que estamos. La compasión por los más pobres nos hace compartir los mismos sentimientos de Cristo y nos permite ser puentes de su amor en un mundo que necesita de Él”.
Mons. Martínez concluyó exhortando a los sacerdotes a vivir su vocación como instrumentos del amor de Dios, conscientes de que su ministerio es un don y una gracia que se manifiesta en la cercanía y el acompañamiento del pueblo: “Ojalá podamos ser sacerdotes samaritanos y compasivos que amen, en comunión y al servicio de la Iglesia y de la humanidad”.

Fotos: Rocío Ayala (Pastoral de Comunicación)
Redacción: Fabricio Salto para Radio Tupambaé

