Este domingo 24 de mayo, marcada la Iglesia por la Celebración de Pentecostés y de María, Auxilio de los Cristianos, miles de fieles católicos devotos de Santa Rita, participaron de la Santa Misa en honor a la santa de las «Causas imposibles» en el Barrio Chacabuco. A las 8 h salió la procesión desde la Iglesia Catedral San José y cerca de las 10 inició la Santa Misa presidida por Monseñor Juan Rubén Martínez, Obispo de la Diócesis.
En la homilía, Monseñor enfatizó que la Iglesia propone a los santos como modelos precisamente porque fueron personas comunes, con dificultades reales. Al repasar la biografía de la «Santa de lo imposible», recordó su fe inquebrantable desde la juventud, que debió sostenerse luego en un matrimonio complejo con un esposo violento, la pérdida trágica de este y la posterior enfermedad y muerte de sus hijos.
«Podríamos cada uno acá seguramente contar sobre nuestra propia vida y todos tenemos situaciones complejas. Esta es la verdad. Hay cruces, pero justamente la fe es la que nos permite a nosotros sentirnos acompañados por Dios para estar de pie y para poder caminar. Así fue lo de Rita. Una mujer que tuvo fe y nunca bajó los brazos, y siempre siguió para adelante. La fe nunca nos propone que, por creer, no vamos a tener ningún problema. En la fe, el Señor fue claro: ‘El que quiera seguirme, que tome la cruz de cada día y que me siga'».
La celebración patronal coincidió este año con la Solemnidad de Pentecostés, festividad que conmemora la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen y los Apóstoles. En ese marco, Monseñor Martínez destacó que, en una mañana bendecida por la acción del Espíritu Santo, se renovó el llamado a la evangelización como la misión central de la Iglesia. Asimismo, enfatizó que todos los presentes comparten la responsabilidad de evangelizar su propio tiempo; una tarea que cada fiel debe asumir desde su lugar y de distintas maneras, pero siempre unidos por la fe cristiana. «Una comunidad cristiana si no vive la caridad, no es cristiana. La medida de un cristiano es el amor, el amor donado, el que se dona a los demás. Ese amor que está ligado a la cruz que nosotros llevamos muchas veces. Ese amor que da la vida por los demás.»
«Hoy nos acercamos aquí al santuario. Durante el año tantísima gente viene a rezar al santuario de Santa Rita. Muchas veces llegamos para agradecer, pero muchas veces también venimos para pedir, y le pedimos. Yo vengo y le pido, tengo peticiones concretas, porque los necesitados piden, y está bien que pidamos.
Y hoy queremos pedir por muchas cosas que seguramente tenemos en nuestro corazón. Cada uno en su corazón trae sufrimientos propios o sufrimientos de familiares, de hermanos por quienes pedir, todo eso lo ponemos en la Eucaristía. Para los que nos están siguiendo por los medios de comunicación (Radio Tupambaé y Canal 12), también pongan sus peticiones».
«Queremos pedir porque es cierto que cada tiempo tiene sus dificultades, pero el nuestro tiene también muchas dificultades. Hay mucha gente que no la pasa bien. Queremos pedir por tantos sufrimientos que viven muchísimas familias por las situaciones de pobreza que van incrementándose en nuestra patria. Por la falta de trabajo, y por la gente que tiene trabajo pero que no termina siendo un sueldo digno porque no llega a fin de mes. No alcanza para que el abuelo tenga el dinero suficiente para un remedio, no alcanzan cosas básicas que en la vida hacen falta. Y son dolores y sufrimientos que nuestro pueblo lleva».
Monseñor reclamó que «el bien común y la justicia sean la clave de nuestra realidad», definiendo el bien común como una construcción colectiva donde se priorice, de manera urgente, a los sectores que hoy se encuentran al margen del sistema. «Que se tengan en cuenta a todos, sobre todo a los que están más marginados«, subrayó.
El Obispo concluyó su homilía invitando a los presentes a pedir «que podamos tener estas tres virtudes que estamos llamados los cristianos: que podamos tener fe, que podamos tener esperanza y sobre todo, que podamos tener amor, que tengamos caridad. Amén.»


