La economía argentina cerró 2025 con un síntoma crítico de fragilidad financiera. Durante diciembre, el registro de cheques rechazados por falta de fondos alcanzó las 119.285 unidades, la cifra más alta desde que el Banco Central (BCRA) sistematiza estos datos.
Este volumen no es solo un número estadístico; representa el colapso de la liquidez en el sector privado. En apenas doce meses, la cantidad de documentos sin respaldo se triplicó, marcando un incremento del 200% respecto a diciembre de 2024.
El fenómeno afecta principalmente a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs). Para este sector, el cheque de pago diferido es el motor principal para financiar insumos y salarios. Al romperse esta cadena, el crédito comercial se encarece o desaparece, elevando el riesgo de una parálisis operativa.
Según el informe del Instituto Argentina Grande, esta dinámica refleja una restricción severa de liquidez. Las empresas están priorizando la supervivencia operativa por sobre el cumplimiento de obligaciones financieras, lo que genera un efecto dominó de desconfianza en el mercado local.
La entrada a 2026 está marcada por esta señal de alarma. Sin una estabilización del crédito y una inyección de liquidez, el entramado productivo enfrenta un escenario de asfixia que dificulta cualquier proyección de recuperación en el corto plazo.

