Más de 200 científicos, expertos, líderes religiosos y exjefes de Estado firmaron un documento que reclama un compromiso internacional para garantizar que la inteligencia artificial y el armamento nuclear permanezcan bajo control humano y al servicio de la paz.
ROMA.- Premios Nobel, científicos, expertos internacionales, líderes religiosos y exjefes de Estado y de Gobierno firmaron este jueves la Declaración de Roma por una paz desarmada y reconciliadora, un documento que advierte sobre los riesgos del desarrollo de la inteligencia artificial (IA), las armas nucleares y los sistemas autónomos, y llama a fortalecer la cooperación internacional frente a estos desafíos.
La firma tuvo lugar en el Capitolio de Roma como cierre de la Asamblea Mundial de Premios Nobel sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear, que reunió a más de 200 referentes de instituciones dedicadas a la investigación sobre la paz, la ciencia y la tecnología.
El encuentro se desarrolló entre el 14 y el 15 de julio en el Borgo Laudato si’, en los Jardines Pontificios de Castel Gandolfo, con la acogida del Vaticano, y concluyó con la sesión solemne en el Ayuntamiento de Roma. La iniciativa tomó como inspiración la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, centrada en la protección de la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial.
Durante la apertura de la jornada final, el alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, dio la bienvenida a los participantes, mientras que el profesor Daniel Holz, de la Universidad de Chicago y fundador del Laboratorio de Riesgo Existencial (X Lab), advirtió que la humanidad atraviesa «un momento de peligro sin precedentes», aunque destacó que todavía existen herramientas para reducir los riesgos derivados de las armas nucleares y de la IA.
La decisión sobre la vida y la muerte debe seguir siendo humana
Uno de los discursos centrales estuvo a cargo del vicario general del Papa para la diócesis de Roma, cardenal Baldo Reina, quien sostuvo que la Declaración adquiere un valor especial en un contexto marcado por la acelerada evolución tecnológica, la proliferación de armas nucleares, la inestabilidad geopolítica y la crisis del multilateralismo.
El purpurado destacó que los avances científicos ofrecen enormes oportunidades para mejorar la salud, la educación, el cuidado del ambiente y la lucha contra la pobreza, pero advirtió que, sin una base ética, también pueden transformarse en instrumentos de dominación y destrucción.
En ese sentido, remarcó que «ninguna máquina, ningún algoritmo ni ningún sistema autónomo puede situarse en el centro de las decisiones de las que depende la supervivencia de la humanidad», y afirmó que las decisiones relacionadas con la vida, la muerte, la paz y la guerra deben permanecer bajo un control humano «pleno, responsable y significativo».
Un llamado a una brújula ética
El canciller de la Academia Pontificia para la Vida, presbítero Andrea Ciucci, reflexionó sobre la capacidad creadora del ser humano y señaló que la inteligencia artificial, al igual que la energía nuclear, puede convertirse tanto en una herramienta para construir como para destruir.
En la misma línea se expresaron el cardenal Silvano Maria Tomasi y la premio Nobel de la Paz María Ressa, quienes reclamaron una guía moral capaz de orientar el desarrollo tecnológico en un escenario de creciente carrera armamentística.
Por su parte, el premio Nobel de Física David Gross sostuvo que el riesgo asociado a las armas nucleares es hoy mayor que hace tres décadas y pidió a los Estados que poseen ese tipo de armamento impulsar políticas destinadas a reducir la posibilidad de una guerra nuclear y de una eventual aniquilación.
También participó la actriz y embajadora de la paz Sharon Stone, quien subrayó que el crecimiento de las capacidades tecnológicas debe ir acompañado por una mayor responsabilidad ética.
«La dignidad humana no es un algoritmo», afirmó.
La Declaración de Roma busca convertirse en un llamado global para que el desarrollo de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías se mantenga siempre subordinado a la dignidad humana, la paz y la responsabilidad ética.

