PISA 2025: el celular, el ausentismo y el contexto social, entre los desafíos de la educación argentina


Los resultados de la evaluación internacional volvieron a poner el foco sobre los aprendizajes de los adolescentes argentinos. Un especialista de Argentinos por la Educación analizó los principales factores que inciden en el desempeño y advirtió que se trata de una problemática multicausal.

Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a poner en el centro del debate la situación de los aprendizajes en la Argentina. Entre los estudiantes de 15 años evaluados, tres de cada cuatro no alcanzaron los niveles mínimos de desempeño en matemática, mientras que en lectura y ciencias la proporción fue de seis de cada diez.

Frente a este escenario, Federico del Carpio, licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires y coordinador de Políticas Educativas de Argentinos por la Educación, sostuvo que las dificultades del sistema educativo no pueden atribuirse a una única causa.

“Sin duda es una problemática multicausal”, señaló al analizar los resultados de la evaluación.

PISA es una evaluación internacional que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) realiza cada tres años para medir los conocimientos y habilidades de estudiantes de 15 años en lectura, matemática y ciencias. En la edición 2025 participaron 91 sistemas educativos. La Argentina forma parte del programa desde su primera edición, en 2000.

El contexto socioeconómico y las trayectorias escolares

Entre los factores vinculados con el desempeño académico, Del Carpio destacó el contexto socioeconómico de los estudiantes. Según explicó, las condiciones sociales tienen una incidencia importante sobre los aprendizajes, aunque no determinan por sí mismas los resultados.

El especialista señaló además que las diferencias pueden observarse al analizar los desempeños de las distintas jurisdicciones. PISA es una evaluación muestral y, por esa razón, no permite establecer resultados representativos para cada provincia, a diferencia de las pruebas nacionales Aprender.

En la edición 2025, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza ampliaron sus muestras para obtener información específica sobre sus estudiantes.

De acuerdo con el análisis de Del Carpio, existe una relación entre el nivel socioeconómico de las jurisdicciones y los resultados educativos. Las provincias con mayores ingresos, como la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba, tienden a presentar mejores desempeños, mientras que varias jurisdicciones del NEA se encuentran entre las de resultados más bajos.

Otro de los factores señalados fue el ausentismo escolar. Desde Argentinos por la Educación vienen siguiendo esta problemática debido a la falta de estadísticas nacionales consolidadas. Según datos relevados en al menos tres jurisdicciones, los estudiantes registran un promedio de 30 inasistencias anuales.

El impacto de las ausencias puede acumularse a lo largo de la trayectoria educativa. Del Carpio explicó que, si un estudiante mantuviera ese nivel de inasistencia durante los seis o siete años de la escuela primaria, podría perder el equivalente a aproximadamente un año completo de clases.

“Eso, por supuesto, tiene repercusiones en términos de aprendizaje”, sostuvo.

La distracción con el celular, otro foco de preocupación

El uso de teléfonos celulares dentro de las aulas constituye otro de los aspectos que ganó relevancia en el debate educativo.

Del Carpio recordó que evaluaciones anteriores de PISA habían identificado a los estudiantes argentinos entre quienes presentaban mayores niveles de distracción con el celular durante las clases en comparación con los sistemas educativos participantes.

A esta situación se suma la temprana incorporación de estos dispositivos. Un informe de Argentinos por la Educación citado por el especialista señala que seis de cada diez niños de ocho años ya cuentan con un celular propio.

El debate también comenzó a reflejarse en las normativas educativas. Actualmente, 11 jurisdicciones argentinas cuentan con algún tipo de regulación sobre el uso de teléfonos celulares en las escuelas. Las disposiciones contemplan distintas alternativas, desde restricciones y prohibiciones en determinados niveles hasta la posibilidad de que cada establecimiento defina sus propias reglas.

Sin embargo, Del Carpio planteó que la discusión no debería reducirse a una oposición entre tecnología y educación. El teléfono celular también puede convertirse en una herramienta pedagógica para acceder a contenidos y recursos educativos.

El desafío, según explicó, consiste en fortalecer la capacidad de las instituciones y de los docentes para determinar cuándo el dispositivo aporta al aprendizaje y cuándo se transforma en un elemento de distracción.

“El punto importante es cómo dotamos a la escuela y a los docentes de la autoridad pedagógica para determinar cuándo usar el celular y cuándo no, cuando eso tenga un beneficio pedagógico para el aprendizaje”, afirmó.

Las políticas de alfabetización y la necesidad de continuidad

Los resultados de PISA 2025 también reavivaron el debate sobre las políticas de alfabetización implementadas en distintas provincias durante los últimos años.

Del Carpio advirtió, sin embargo, que no es posible establecer una relación directa entre esos programas y los resultados de la evaluación internacional. Los estudiantes que participaron de PISA tienen 15 años y atravesaron buena parte de su escolaridad antes de la puesta en marcha de las políticas de alfabetización más recientes, dirigidas principalmente a los primeros años de la escuela primaria.

“Los chicos que fueron evaluados en PISA son chicos de 15 años que han transitado muchos años de escolaridad y que, en general, no fueron alcanzados por estos planes de alfabetización que empezaron hace dos o tres años”, explicó.

Por ese motivo, será necesario esperar nuevas evaluaciones para determinar si las políticas implementadas en los primeros años de la escolaridad tienen un impacto sostenido cuando esos estudiantes alcancen la adolescencia.

En este punto, las pruebas Aprender ofrecen algunos indicios. Las evaluaciones recientes de sexto grado mostraron mejoras en lengua y, en menor medida, también en matemática.

Para el especialista, esos resultados refuerzan la importancia de concentrar las políticas educativas en los aprendizajes fundamentales y garantizar su continuidad en el tiempo.

La permanencia de los programas aparece como un aspecto central para consolidar los avances. Si las políticas de alfabetización producen mejoras iniciales pero son interrumpidas, advierte Del Carpio, será más difícil sostener esos resultados a largo plazo.

De esta manera, el desafío planteado por PISA 2025 excede el resultado de una evaluación puntual. El contexto socioeconómico, las trayectorias escolares, el ausentismo, el uso de dispositivos tecnológicos y la continuidad de las políticas educativas aparecen como elementos que deben ser considerados de manera conjunta para comprender la situación de los aprendizajes en la Argentina.

El impacto de las medidas adoptadas en los primeros años de escolaridad podrá evaluarse con mayor claridad en los próximos años, cuando esos estudiantes avancen en sus trayectorias y vuelvan a ser evaluados en la adolescencia.