Durante su audiencia general en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV afirmó que la santidad no es un privilegio reservado a unos pocos, sino un don que compromete a todos los cristianos a vivir conforme a Cristo y a practicar las virtudes. La reflexión se enmarca en su ciclo de catequesis sobre la constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II.
“La santidad no es un privilegio para unos pocos, sino un don que invita a cada bautizado a esforzarse por alcanzar la plenitud del amor hacia Dios y el prójimo”, destacó el Pontífice, subrayando que todos los fieles están llamados a vivir en la gracia de Dios y a dar testimonio de su fe en la vida cotidiana.
El Papa recordó que, históricamente, el nivel más alto de santidad ha sido el martirio, considerado el “testimonio supremo de fe y caridad”, y que hoy se manifiesta en los cristianos que dejan signos de fe y amor en la sociedad. Asimismo, señaló que los sacramentos, especialmente la Eucaristía, “alimentan una vida santa al asimilar a cada persona a Cristo, modelo y medida de santidad”.
León XIV también citó a san Pablo VI, quien enseñó que para que la Iglesia sea auténtica, todos los bautizados deben ser “santos, dignos, fuertes y fieles hijos de Dios”. La santidad, explicó el Papa, no se limita a un compromiso ético, sino que toca la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria, impulsando a cada creyente a un cambio profundo de vida y a una conversión diaria.
El Pontífice destacó especialmente a quienes consagran sus vidas a Dios mediante los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. “Estas virtudes no son grilletes, sino regalos liberadores del Espíritu Santo”, afirmó, destacando que estas personas muestran en su vida la vocación universal a la santidad, participando plenamente en la vida de Cristo hasta la Cruz.
Finalmente, León XIV subrayó que “no hay experiencia humana que Dios no pueda redimir” y recordó que incluso el sufrimiento vivido en unión con la pasión del Señor puede convertirse en camino de santidad. El Papa concluyó su catequesis implorando la protección de la Virgen María en el camino de fe de todos los cristianos.

