Durante su audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV reflexionó sobre la constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II, subrayando que la Iglesia no es un ideal separado de la historia, sino la Iglesia de Cristo encarnada en el tiempo.
«No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra; sólo la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia», afirmó el Pontífice ante los fieles.
El Santo Padre explicó que la Lumen gentium presenta a la Iglesia como una realidad compleja, en la que la fragilidad humana y la dimensión divina coexisten de manera armoniosa. «La Iglesia es comunidad de hombres y mujeres que comparten la alegría y la lucha de ser cristianos, anunciando el Evangelio y siendo signo de la presencia de Cristo en nuestra vida», señaló.
El Papa enfatizó que la dimensión divina de la Iglesia no se manifiesta como perfección ideal o superioridad espiritual de sus miembros, sino en que «la Iglesia es generada por el designio de Dios sobre la humanidad, realizado en Cristo». Así, describió a la Iglesia como «comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo en camino hacia el cielo».
León XIV recordó que las dimensiones humana y divina se integran sin eclipsarse, y que la Iglesia acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios. «Quienes se encontraron con Jesús experimentaron su humanidad y, al seguirlo, se abrieron al encuentro con Dios», explicó, destacando que la carne y los gestos de Cristo manifiestan visiblemente al Dios invisible.
El Pontífice también abordó la santidad de la Iglesia: «Cuando la observamos de cerca, descubrimos personas reales que a veces cometen errores, pero a través de su fragilidad se manifiesta la presencia de Cristo y su acción salvadora». Citando a Benedicto XVI, recordó que las estructuras eclesiales sirven para la concreción del Evangelio en nuestro tiempo.
Finalmente, invitó a los fieles a ser testigos auténticos del amor de Cristo, construyendo no solo la Iglesia visible, sino también «ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros».

