“No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas, víctimas indefensas de estos conflictos”, este fue el nuevo llamamiento que realizó el Papa León XIV este 22 de marzo, V Domingo de Cuaresma, después de rezar la oración mariana del Ángelus.
Estas guerras son una vergüenza para toda la humanidad
Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre elevó su voz en favor de Oriente Medio y de otras regiones del mundo asoladas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas, denunció el Pontífice, víctimas indefensas de estos conflictos.
“Lo que les afecta, afecta a toda la humanidad. La muerte y el dolor causados por estas guerras son una vergüenza para toda la humanidad y un clamor a Dios. Renuevo con vehemencia mi llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz, basados en el diálogo sincero y el respeto a la dignidad de cada persona humana”.
Un signo de la victoria de Cristo sobre la muerte
Al comentar el Evangelio de este V Domingo de Cuaresma, el Santo Padre señaló que, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45). Y dijo que, en el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo.
“Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26)”.
Abrirnos al don de la gracia durante la Semana Santa
En este sentido, el Pontífice indicó que, la liturgia nos invita a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.
“De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida”.
Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior
Y dirigiendo su mirada a nuestro tiempo, el Papa dijo que la gracia de Cristo ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales.
“Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1)”.
Liberar nuestros corazones del egoísmo
Es en este contexto, precisó el Santo Padre que, el relato de la resurrección de Lázaro nos invita, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad.
“En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad”.
Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43)
Antes de invocar la materna intercesión de la Virgen María para que nos ayude a vivir la Semana Santa “con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado”, el Papa León XIV dijo que, Jesús nos invita a amar sin límites.
“Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites”.

