Representantes de los episcopados de Canadá, Estados Unidos y América Latina se reunieron del 15 al 17 de febrero en Tampa para compartir un espacio de oración, diálogo y discernimiento pastoral, con el objetivo de fortalecer su misión común al servicio del Pueblo de Dios en el continente.
El encuentro concluyó con la emisión de un mensaje conjunto al Pueblo de Dios que peregrina en las Américas, en el que los obispos destacaron que «no representamos Iglesias aisladas ni realidades fragmentadas, sino una sola Iglesia que peregrina en todo el continente americano». En el texto, difundido por el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), los obispos expresaron su deseo de transmitir un mensaje de cercanía, esperanza y responsabilidad compartida.
Durante los días de encuentro, los obispos compartieron «alegría fraterna, unidos en la oración, el diálogo sincero y el discernimiento pastoral», y agradecieron la oportunidad de renovar su compromiso de caminar juntos, fortaleciendo los lazos que los unen más allá de fronteras y diferencias culturales.
Desafíos y prioridades pastorales
En su reflexión, los obispos afirmaron que su oración y diálogo se centraron en «cómo guiar mejor al Pueblo de Dios con sabiduría y valentía en un tiempo marcado por profundos cambios y desafíos». Reconocieron la diversidad de contextos nacionales, pero constataron que «nuestros pueblos viven angustias semejantes» y que sus ministerios requieren respuestas coordinadas, solidarias y evangélicas.
Entre los temas prioritarios abordados se encuentran la atención a los pobres y vulnerables, la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, la lucha contra la trata de personas, la creciente polarización social y, de manera particular, la extrema vulnerabilidad de los migrantes.
La Iglesia y la migración
El mensaje subraya que «ningún migrante es extraño para la Iglesia» y que en cada persona que abandona su tierra se reconoce «el rostro mismo de Cristo que camina». Los obispos afirmaron que la movilidad humana «no puede reducirse a una cuestión meramente política o económica; es una realidad profundamente humana que interpela nuestra conciencia cristiana y la responsabilidad ética de las naciones».
En este sentido, destacaron que la acción pastoral no puede ser fragmentada y llamaron a fortalecer la coordinación continental para que la Iglesia sea «casa abierta, red de protección y signo concreto de esperanza» a lo largo del recorrido del migrante, desde su lugar de origen hasta su destino final. Asimismo, invitaron a las autoridades civiles a promover políticas que salvaguarden la vida, los derechos y la dignidad de quienes migran, poniendo siempre en el centro la dignidad inalienable de la persona humana.
Unidad y fraternidad en acción

El mensaje exhorta al Pueblo de Dios a vivir la unidad de manera concreta: acogiendo generosamente al migrante, defendiendo al más vulnerable, manteniendo un diálogo respetuoso y construyendo puentes donde otros levantan muros. Los obispos instaron a que parroquias, comunidades y familias sean signos visibles de fraternidad y de que el Evangelio sigue siendo fuerza transformadora en la sociedad.
Al finalizar, los obispos reiteraron: «somos una sola Iglesia en América» y expresaron su compromiso de servir con mayor entrega, acompañar con cercanía y anunciar con valentía la esperanza que brota del corazón del Salvador, confiando esta misión a la intercesión de la Santísima Virgen María, madre que acompaña a todos los pueblos del continente.

