Nigeria se enfrenta a una crisis de seguridad sin precedentes tras una sangrienta ofensiva de grupos armados que, durante el último fin de semana, ha golpeado diversos estados del país. Los ataques, dirigidos principalmente contra templos católicos y comunidades rurales en Kaduna, Benue y el estado de Níger, han dejado un rastro de ejecuciones y secuestros masivos que han provocado la reacción inmediata de la Santa Sede y un ultimátum del clero local al Gobierno del presidente Bola Ahmed Tinubu.
La gravedad de los hechos trascendió las fronteras nigerianas este domingo 8 de febrero. Desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, tras la oración del Ángelus, el Papa León XIV puso el foco internacional sobre la tragedia.
«Con dolor y preocupación he tenido noticia de los recientes ataques contra diversas comunidades en Nigeria, que han causado graves pérdidas de vidas humanas», manifestó el Pontífice.
León XIV quiso expresar su «cercanía en la oración a todas las víctimas de la violencia y del terrorismo» y lanzó un llamamiento directo a las instituciones nigerianas: «Espero que las autoridades competentes continúen actuando con determinación para garantizar la seguridad y la protección de la vida de cada ciudadano».
Cronología del terror en los estados centrales
La escalada comenzó la noche del viernes 6 de febrero en el estado de Benue. En la estación misionera San Juan de la Cruz, perteneciente a la parroquia de San Pablo en Ado, un grupo de hombres armados interrumpió una vigilia de oración. Según la diócesis de Otukpo, los atacantes sacaron por la fuerza a nueve fieles que se encontraban en el templo, llevándolos hacia zonas boscosas sin que hasta ahora se conozca su paradero.
Apenas unas horas después, en la madrugada del sábado 7 de febrero, la violencia se trasladó a Karku, en el estado de Kaduna. Jacob Shanet, canciller de la diócesis de Kafanchan, informó que hacia las 3:20 a.m. un comando de «terroristas» asaltó la comunidad. En este incidente, tres hombres —Jacob Dan’azumi, Maitala Kaura y Alhaji Kusari— fueron asesinados mientras intentaban resistir el ataque. Además, el párroco Nathaniel Asuwaye fue secuestrado junto a otras diez personas.
A estos eventos se suman informes de inteligencia que cifran en otros 40 los secuestrados en aldeas vecinas durante las últimas 48 horas, lo que eleva la tensión en el «cinturón medio» de Nigeria.
El ultimátum de la Iglesia: «¿el reino de los terroristas?»
Ante la vulnerabilidad de la población, el obispo de Kontagora, Mons. Bulus Dauwa Yohanna, ha endurecido su discurso frente al Ejecutivo federal. En un video difundido en redes sociales, el prelado denunció que el estado de Níger, y específicamente el área de Agwara, se encuentra a merced de bandas criminales que operan con impunidad.
«Los terroristas están transformando gradualmente el Reino de Borgu en lo que podría denominarse el “Reino de los terroristas”, asesinando a nuestra gente a su antojo, obligando a otros a huir y forzando a algunos a convertirse en sus informadores», sentenció Yohanna.
El obispo recordó el trauma que aún vive la comunidad de Papiri, donde el pasado 21 de noviembre fueron secuestrados 265 alumnos de la escuela católica St. Mary. «Nuestra gente está indefensa y clama ayuda», reiteró. Para el prelado, la situación ha superado la capacidad de la policía local y exige una intervención militar permanente.
«Si el desafío de la inseguridad no se afronta con urgencia, muy pronto nuestros agricultores, tradicionalmente conocidos como el “granero del noroeste”, podrían verse obligados a depender de la ayuda gubernamental», advirtió, subrayando que la actividad agrícola y educativa está totalmente paralizada.

