“Nuestro tiempo necesita cristianos que vivan este caracú del cristianismo que es amar”


En la celebración por los 100 años de la parroquia San Pedro y San Pablo de Apóstoles, monseñor Juan Rubén Martínez destacó la historia de la evangelización en Misiones y llamó a los bautizados a vivir la fe en la vida cotidiana.

La comunidad parroquial San Pedro y San Pablo de Apóstoles celebró sus 100 años con la dedicación del templo y la consagración del altar. La ceremonia se realizó este miércoles 26 de agosto y fue presidida por el obispo de la diócesis de Posadas, quien durante la homilía destacó la memoria de la evangelización en Misiones y remarcó que todos los bautizados están llamados a evangelizar y a transformar las realidades temporales.

Mons. Martínez expresó su alegría por poder celebrar el centenario con la dedicación del templo y agradeció la participación de la comunidad, autoridades, sacerdotes, diáconos, integrantes de la vida consagrada y demás fieles.

Qué gozo es poder celebrar de esta manera nada más ni nada menos que los 100 años de que se iniciase la construcción de este templo San Pedro y San Pablo y que lo podamos hacer así con la dedicación del templo, con la consagración”, manifestó.

Escuchá la homilía completa de monseñor Martínez por los 100 años de la parroquia San Pedro y San Pablo de Apóstoles:

La memoria de la evangelización

El obispo sostuvo que el aniversario también constituía una oportunidad para recuperar la memoria de la evangelización y su vínculo con la historia de Misiones. En particular, hizo referencia a las reducciones y al proceso evangelizador desarrollado desde el siglo XVII.

Tenemos que decir la memoria de la evangelización”, señaló, y destacó la manera en que los misioneros desarrollaron su tarea teniendo en cuenta las comunidades y las culturas con las que entraban en contacto.

En ese sentido, habló de una evangelización que buscó “evangelizar la cultura o inculturar el evangelio” y destacó la conformación de comunidades y la promoción humana y cultural de los pueblos originarios.

Para Mons. Martínez, esa historia resulta fundamental para comprender la identidad de Misiones y la continuidad de la tarea evangelizadora a través de los siglos.

También vinculó esa memoria con el templo de San Pedro y San Pablo y señaló que, según había leído, sus bases conservaban piedras vinculadas con las utilizadas durante la época de las reducciones. Consideró ese elemento como “un signo de continuidad” del ímpetu y el fervor de la evangelización.

“Todos celebramos como pueblo de Dios”

Al referirse a la dedicación del templo, Mons. Martínez explicó que consagrar el edificio significaba dedicarlo a Dios y reconocerlo como un espacio en el que la comunidad había vivido numerosos momentos de gracia.

Cuando bendecimos un templo, bendecimos las piedras, bendecimos el lugar, la belleza con la que queremos alabar a Dios”, expresó.

El obispo destacó además el valor del templo como lugar para la celebración de la liturgia y de los distintos momentos de la vida cristiana, entre ellos las misas, bautismos y matrimonios.

En ese marco, remarcó el papel de todos los bautizados en la celebración litúrgica y cuestionó la idea de que únicamente el sacerdote es quien celebra.

A veces dicen el cura celebra. No, todos celebramos como pueblo de Dios”, afirmó.

Explicó que los bautizados forman parte del sacerdocio común de los fieles, mientras que algunos son llamados al sacerdocio ministerial, y subrayó que la Iglesia vive su fe como comunidad.

“Nosotros somos el templo de Dios”

Otro de los ejes de la homilía estuvo centrado en la Iglesia como Pueblo de Dios. A partir de la carta del apóstol Pablo proclamada durante la celebración, Mons. Martínez afirmó que los cristianos son “piedras vivas” y que Jesucristo es el fundamento de esa construcción.

Nosotros somos el templo de Dios y Cristo es el fundamento de esta construcción”, sostuvo.

El obispo recordó además que el Concilio Vaticano II presentó a la Iglesia como Pueblo de Dios y señaló que todos los bautizados forman parte de ella y están llamados a evangelizar.

No sólo el cura, el obispo, las hermanas son responsables de evangelizar”, remarcó.

En esa línea, afirmó que los laicos, que constituyen la mayoría del Pueblo de Dios, están llamados a la santidad, a evangelizar y a transformar las realidades temporales desde los diferentes ámbitos donde desarrollan su vida.

Están llamados a la santidad, están llamados a evangelizar, a transformar las realidades temporales”, expresó.

El compromiso de los cristianos en la vida cotidiana

Mons. Martínez sostuvo que la misión de los laicos se desarrolla en la vida cotidiana, en espacios como el trabajo, la familia, la comunicación y la vida social. Por eso, consideró que el centenario del templo debía servir también para renovar el compromiso de los cristianos fuera del ámbito parroquial.

Nuestro tiempo necesita cristianos que vivan este caracú del cristianismo que es amar”, afirmó.

El obispo contrapuso ese llamado a una sociedad marcada, según describió, por el individualismo y el materialismo. Frente a ello, destacó la importancia de vivir el amor como pueblo de Dios y comunidad, con una atención especial hacia quienes más lo necesitan.

En ese sentido, recordó una enseñanza atribuida a los Padres de la Iglesia sobre la necesidad de que los pobres y necesitados estén presentes en el corazón de la comunidad cristiana.

“¿No servirían de nada las vasijas de oro, ni las piedras, ni nada, si en nuestro corazón no están presentes los más pobres y los más necesitados?”, planteó.

Finalmente, monseñor Juan Rubén Martínez vinculó la dedicación del templo con una renovación interior de la comunidad y pidió que la consagración del edificio también impulsara la consagración de los corazones.

Pidamos que consagremos el templo a Dios y que consagremos también nuestros corazones”, expresó, y llamó a los fieles a vivir como “piedras vivas” en medio de la vida cotidiana.

Transmisión para Radio Tupambaé: Julio Duarte
Redacción: Fabricio Salto
Fotos: Julio Duarte