Un nuevo ataque contra un templo católico volvió a encender las alarmas en Nigeria. La iglesia de Santa María, ubicada en Katchuan Irruan, distrito de Boki, en el norte del estado de Cross River, fue incendiada durante la madrugada del 26 de febrero, en un episodio que se suma a la creciente ola de violencia que atraviesa el país africano.
A pesar de la rápida intervención de los bomberos, que lograron contener las llamas y evitar que el fuego se propagara a estructuras cercanas, los daños materiales fueron significativos. El incendio afectó el sagrario y diversos objetos sagrados, además de destruir archivos conservados en la sacristía. También fueron incendiados dos vehículos del párroco que se encontraban estacionados frente a la rectoría.
Las fuerzas de seguridad desplegaron un amplio operativo para dar con los responsables. Según las primeras investigaciones, los atacantes actuaron de manera deliberada y provocaron el fuego con la intención de causar el mayor daño posible.
Los obispos piden el estado de emergencia

En este contexto, el episcopado nigeriano reclamó medidas más contundentes frente al deterioro de la situación. En el documento final de su Asamblea Plenaria, celebrada en Abuja del 19 al 26 de febrero, los obispos respaldaron las acciones del presidente Bola Ahmed Tinubu para enfrentar la crisis de seguridad, aunque advirtieron que “es necesario hacer más”.
Por ello, consideraron apropiado declarar el estado de emergencia por motivos de seguridad nacional, reforzar el reclutamiento de personal en las fuerzas de seguridad y adoptar medidas de mayor alcance.
Si bien reconocieron que el gobierno intensificó las operaciones militares contra grupos terroristas, subrayaron que el país continúa enfrentando nuevos y graves desafíos.
Masacres y desplazamientos
El documento episcopal también recordó las matanzas registradas en distintas regiones, en particular en las aldeas de Woro y Nuku, en el estado de Kwara, donde más de 200 personas —cristianas y musulmanas— fueron asesinadas por yihadistas islamistas tras negarse a adherir al extremismo fundamentalista.
Asimismo, señalaron que en el norte y en la franja central del país se repiten ataques y asesinatos masivos que afectan a estudiantes, agricultores y fieles. La violencia ha provocado el desplazamiento de numerosas familias y ha impedido que muchos campesinos regresen a sus tierras por temor a ser asesinados o heridos.
Los obispos advirtieron además sobre la lentitud en los procesos judiciales contra terroristas detenidos y cuestionaron posibles indultos o reincorporaciones de supuestos arrepentidos vinculados a grupos armados. “Se tiene la impresión de que el gobierno es cómplice cuando hay retrasos en el procesamiento de los terroristas arrestados”, afirmaron.
Cautela ante la ayuda externa
Sin mencionarlo de forma directa, el episcopado expresó prudencia respecto de la asistencia ofrecida por la administración de Donald Trump, que envió alrededor de 200 asesores militares para colaborar en la lucha contra grupos yihadistas.
“Si bien la ayuda externa es encomiable y apreciada, la seguridad y el destino de nuestra nación están en nuestras manos”, concluye el mensaje, en el que se reafirma la necesidad de una respuesta nacional firme frente a la violencia que golpea a Nigeria.

