Mons. Martínez: “Seremos juzgados por la caridad”


En la celebración diocesana de Corpus Christi 2026, que volvió al Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez y reunió a miles de fieles, el obispo de la diócesis de Posadas llamó a redescubrir el misterio de la Eucaristía como presencia viva de Cristo y advirtió sobre los riesgos del individualismo. “Dios es amor, el amor gana y ahí está nuestra esperanza”, afirmó.

La diócesis de Posadas celebró este sábado por la tarde el Corpus Christi 2026 bajo el lema “Pan de Vida, Sangre Bendita eres Tú”, en una multitudinaria convocatoria que marcó el regreso de la festividad al Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez tras las obras de remodelación realizadas en el lugar.

Miles de fieles participaron de la celebración junto al clero, autoridades políticas, representantes de instituciones educativas, movimientos eclesiales, familias y laicos. La Santa Misa fue presidida por monseñor Juan Rubén Martínez, y posteriormente se desarrolló la tradicional procesión con Jesús Eucaristía hasta la explanada de la Catedral San José, donde se impartió la bendición final ante una Plaza 9 de Julio también colmada de creyentes.

Durante su homilía, monseñor Martínez expresó su alegría por compartir una nueva celebración de Corpus Christi junto a las distintas comunidades de la diócesis.

“Tratando de poner la mayor solemnidad, ponemos nuestro encuentro en el querido Corpus Christi de nuestro pueblo de Dios”, señaló al inicio de la celebración, agradeciendo la presencia de las comunidades parroquiales, instituciones educativas, sacerdotes, diáconos, autoridades y medios de comunicación.

“Él quiso quedarse en medio nuestro”

En uno de los momentos centrales de su mensaje, el obispo invitó a contemplar el misterio de la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Queremos ser agradecidos a Dios porque Él quiso quedarse en medio nuestro”, afirmó, al reflexionar sobre el modo en que Dios se manifestó en la historia de la salvación, haciéndose presente en la sencillez de Belén y entregando su vida por amor en el misterio pascual.

Mons. Martínez recordó que la Eucaristía tiene su origen en la Última Cena, cuando Jesús instituyó sacramentalmente el don de su Cuerpo y su Sangre antes de su pasión y muerte.

Antes de morir y dar la vida, Él realiza la Eucaristía. Haciendo que el pan sea su cuerpo y el vino sea su sangre. Este es el gran misterio”, expresó.

Asimismo, destacó que la Iglesia celebra ese mismo misterio desde hace dos mil años, obedeciendo el mandato de Cristo: “Hagan esto en conmemoración mía”.

El llamado a ser “pan compartido”

El obispo también subrayó que la celebración de la Eucaristía encuentra su sentido pleno cuando se traduce en gestos concretos de amor hacia los demás. “Ese Cristo que está en medio nuestro es el pan compartido”, afirmó.

En ese sentido, sostuvo que todo cristiano está llamado a vivir la caridad como expresión de la fe. “Ser cristiano es un llamado también a ser pan compartido. Estamos llamados a la caridad. Esto que celebramos es la caridad, es el amor que se dona, que da la vida por los demás”, señaló.

Mons. Martínez remarcó que la persona humana está hecha para amar y que cuando se aleja de ese camino pierde de vista su verdadera identidad. “El hombre está hecho para amar. Y cuando no amamos, desdibujamos nuestra condición de ser imagen y semejanza de Dios”, expresó.

La opción por los pobres y los invisibilizados

Otro de los ejes de la homilía estuvo centrado en la presencia de Cristo en los más necesitados. Recordando el Evangelio de Mateo y el juicio final, el obispo sostuvo que la fe cristiana exige reconocer a Jesús en quienes sufren.

Seremos juzgados por la caridad”, afirmó, citando las palabras de Jesús: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, era forastero y me recibiste”.

Asimismo, llamó a prestar especial atención a quienes viven situaciones de marginación y exclusión. “Hay tanta gente que por nuestra cultura y por nuestra sociedad está invisibilizada. Es como que no existen”, advirtió.

Y agregó que el verdadero cristiano debe tener “un privilegio especial por los invisibilizados, los que no tienen voz y los que no son escuchados”.

En ese contexto, señaló que el mensaje evangélico no debe interpretarse desde perspectivas partidarias, sino desde el corazón mismo de la fe cristiana. “Muchos cuando decimos esto enseguida quieren partidizar o politizar lo que decimos y, sin embargo, estamos hablando del caracú del Evangelio”, sostuvo.

Una esperanza fundada en el amor

Hacia el final de su reflexión, monseñor Martínez advirtió sobre el avance del individualismo en la sociedad actual y contrapuso esa realidad al mensaje de la Eucaristía.

Hoy más que nunca, cuando el individualismo se transforma en una propuesta y se la presenta como modelo, el modelo es el sálvese quien pueda”, señaló.

Frente a ello, destacó que los cristianos encuentran su esperanza en la Pascua de Cristo y en la certeza de que el amor tiene la última palabra. “Aun en medio de tanta grieta, de tanto odio y violencia como hay en el mundo actual, como cristianos tenemos la certeza de que la vida gana, de que el amor gana”, afirmó.

Finalmente, pidió que la celebración de Corpus Christi ayude a renovar el sentido profundo de la existencia cristiana. “Que el Corpus que celebramos y el Señor que adoramos nos lleven a tener conciencia de que nuestra vida está cargada de sentido y tenemos esperanza porque sabemos que cuando amamos encontramos el sentido de nuestra vida”, concluyó.

Fotos: Pastoral de Comunicación