El obispo de la diócesis de Posadas analizó en Radio Tupambaé las conclusiones de la Semana Social 2026 y advirtió sobre el avance del individualismo, el endeudamiento de las familias, la desigualdad y la pérdida del sentido del bien común. También cuestionó la expresión “gente de bien” y remarcó que toda persona conserva su dignidad, incluso cuando comete un delito.
En su tradicional visita a los estudios de La Creíble FM 105.9, monseñor Juan Rubén Martínez, reflexionó sobre los principales temas abordados durante la Semana Social 2026, realizada del 4 al 6 de septiembre en Córdoba bajo el lema “Puentes hacia el bien común”, y planteó una mirada centrada en la justicia social, la dignidad humana y las consecuencias concretas de la desigualdad.
Durante la entrevista, el obispo sostuvo que hablar del Evangelio implica necesariamente mirar las realidades humanas y sociales. “El Evangelio no es meramente hablar de que hay que rezar o de algún texto bíblico. Hablar del Evangelio para nosotros los cristianos tiene obviamente la implicancia de hablar del Evangelio encarnando el Evangelio en las realidades humanas, en las problemáticas sociales, en lo que vivimos”, explicó.
En ese sentido, remarcó que el mandamiento de amar a Dios y al prójimo coloca a los demás, y especialmente a los más pobres, en el centro de la responsabilidad cristiana. “El otro no puede estar ausente. Si los otros y sobre todo los más pobres estuviesen ausentes, no estaríamos siendo fieles a Jesucristo”, afirmó.
Escuchá el análisis de monseñor Martínez en Tupambaé:
El bien común frente al individualismo
Mons. Martínez destacó que la Semana Social permitió reflexionar sobre la realidad argentina y valoró especialmente su lema. Según explicó, “Puentes hacia el bien común” plantea una respuesta frente a una problemática que considera cada vez más evidente: el avance de una mirada individualista.
“Culturalmente hay una ola en el mundo, cosas que siempre están, pero que se van acentuando mucho en este tiempo, sobre todo en la Argentina, donde la palabra bien común es una palabra poco escuchada y donde todos los planteos parecería que se hacen desde un profundo individualismo”, señaló.
En ese contexto, vinculó la discusión con el endeudamiento de millones de argentinos que recurren al crédito no para adquirir bienes de consumo, sino para afrontar necesidades básicas.
“Hay millones de argentinos que tienen una deuda, una deuda que se fueron endeudando no para comprarse autos, electrodomésticos, sino comida”, sostuvo, y consideró que se trata de una situación que “revela la situación en la que estamos, una situación lamentable”.
El obispo cuestionó además las interpretaciones que responsabilizan individualmente a quienes atraviesan dificultades económicas. “Por ahí alguno dice ‘lo que pasa es que compraron televisiones para mirar el Mundial’. Lo cual es una estupidez”, expresó, y consideró que ese tipo de afirmaciones “menosprecia a la gente”.
Justicia social y equidad
Otro de los puntos centrales de su análisis fue la justicia social. Mons. Martínez rechazó la idea de que la justicia social constituya un perjuicio y sostuvo que la propia naturaleza social de la persona hace que la justicia tenga necesariamente esa dimensión.
“La justicia, para que haya justicia, la palabra justicia tiene que ser necesariamente social”, afirmó. Y agregó que la justicia debe estar vinculada con la equidad y con la construcción de paz social.
En relación con el documento de la Semana Social, destacó el planteo de que “el bien común no es una abstracción teórica, sino la forma social de la dignidad humana” y que la justicia social constituye una herramienta indispensable para hacer realidad ese horizonte, acortando distancias y garantizando la equidad.
Para monseñor Martínez, esa equidad aparece hoy debilitada frente a una desigualdad cada vez más profunda.
“Estamos viviendo en un mundo y en una Argentina donde la grieta se… la peor grieta, más que la política, es la grieta de ricos y pobres. Esa es la grieta”, afirmó.
Y advirtió que, cuanto más se profundizan esas diferencias, más difícil resulta construir puentes para reducirlas. “Las grietas, cuando se profundizan, son más difíciles de tener puentes para que se disminuyan las grietas. Hoy el camino que vamos siguiendo en la Argentina es de grietas más profundas”, sostuvo.
El endeudamiento de las familias
La situación de las familias endeudadas ocupó buena parte de la reflexión del obispo, quien vinculó ese fenómeno directamente con la dignidad humana.
Explicó que muchas personas recurren a pequeños créditos para cubrir gastos corrientes como alimentos, medicamentos y servicios básicos, y no para realizar proyectos de inversión.
“Son muchos los endeudados con elementos básicos de sobrevivencia ligados a la dignidad humana, que es comer, que es proveerse de remedios, los servicios básicos”, señaló.
También advirtió que las estadísticas pueden no reflejar la totalidad del problema porque muchas deudas se contraen dentro de las propias familias.
“La fuente de crédito muchas veces es la madre, el hermano, que no va a salir en las estadísticas que el Banco Central ha informado. Hay un montón de deudas que le salgo a la abuela, que le salgo al tío, que le salgo al hermano que le prestó plata”, explicó.
En ese marco, consideró positiva la búsqueda de mecanismos que permitan aliviar el peso del endeudamiento sin desconocer la responsabilidad de quienes contrajeron esas obligaciones.
“No significa dejar de asumir el compromiso del pago, sino tratar de amortiguar, buscar un mecanismo para que no se le quite, o bajar las tasas, o permitir que la financiación de los bancos no se quede con… que tengan un límite”, sostuvo.
Para el obispo, el objetivo debe ser encontrar caminos que permitan “superar grietas y situaciones de dolor que sufren los unos y los otros”.
“No existe la gente de bien”
Mons. Martínez también realizó una fuerte observación sobre una expresión que, según señaló, aparece con frecuencia en los discursos públicos: “la gente de bien”.
“¿Qué quieren decir con esto? Porque muchos discursos uno escucha ‘porque la gente de bien’. ¿Qué quieren? ¿Definamos qué es gente de bien?”, planteó.
Desde una perspectiva filosófica y teológica, explicó que no considera correcto dividir a las personas entre “buenas” y “malas”, porque todos participan del bien y del mal.
“No existe la gente de bien ni existe la gente de mal”, afirmó. Y explicó que esa categorización puede llevar a errores y a estigmatizar personas, barrios o determinados sectores sociales.
“Todos participamos de alguna manera del mal. Ni el presidente de la República ni el gobernador ni quien sea pueden decir que son perfectos”, sostuvo.
También cuestionó la idea de identificar determinados lugares o sectores sociales como “malos”. “No hay barrios malos”, remarcó, al advertir sobre la estigmatización de zonas periféricas o de personas vinculadas con situaciones delictivas.
Menores que delinquen y el desafío de la reinserción
El planteo también alcanzó a los menores que cometen delitos. En relación con la aplicación de la legislación que permite que adolescentes involucrados en delitos sean privados de su libertad, Mons. Martínez pidió evitar su estigmatización.
“No se puede decir que sean niños malos. Cometieron delitos, pero no es que se tiene que estigmatizar diciendo ‘estos niños tienen que ir presos porque son malas personas’”, expresó.
El obispo sostuvo que, aun cuando una persona haya cometido un delito, su dignidad humana no desaparece.
“Son chicos que cometieron delitos, pero de alguna manera no se puede eliminar el que, aun siendo niños que cometieron delitos, son dignos humanamente”, afirmó.
Por eso consideró necesario generar contextos que permitan la recuperación y la reinserción. En ese punto cuestionó la falta de espacios adecuados y señaló que el sistema penitenciario se encuentra desbordado.
“Hay que ser realistas. Acá falta una cuota de realismo”, reclamó, al referirse a las dificultades para disponer de lugares específicos para menores y a la situación de las cárceles y comisarías que terminan cumpliendo funciones de alojamiento por falta de capacidad.
“La cárcel es para reinserción, no para castigo”, recordó, y planteó el interrogante sobre qué tipo de reinserción puede alcanzarse en establecimientos superpoblados.
La crisis habitacional y las situaciones que se naturalizaron
Otro de los ejemplos utilizados por monseñor Martínez para describir la pérdida de capacidad de reacción frente a problemas sociales fue la crisis habitacional.
Recordó que, décadas atrás, muchas familias jóvenes podían acceder a una vivienda, mientras que posteriormente comenzaron a construir sus casas en terrenos de sus padres.
“Ya ese no podía acceder a una vivienda. Bueno, pero él resolvió su problemita y está viviendo al fondo de la casa. Y ya era una crisis habitacional”, señaló.
Con el paso del tiempo, agregó, la situación se profundizó hasta llegar a familias numerosas viviendo en espacios reducidos.
“Tenemos multiplicidad de familias viviendo en el mismo terreno, con lo que significa la problemática social”, explicó, y advirtió que muchas situaciones fueron naturalizadas durante años antes de ser reconocidas como problemas estructurales.
La misma lógica, consideró, puede observarse actualmente con el endeudamiento. “No es tanto problema, no es tanto el endeudamiento. Esto va a reventar. Para mí va a ser más problema de lo que ellos pretenden no ver como problema”, sostuvo.
Economía, producción y trabajo
Mons. Martínez también se refirió al eje de economía, producción y trabajo incluido en el documento de la Pastoral Social.
En ese sentido, manifestó preocupación por la situación del comercio, de la industria y de la producción, y señaló que una economía no puede considerarse verdaderamente social si deja de lado las condiciones concretas en las que vive la población.
“El comercio que le va mal, la industria ordinaria habitual que le va mal y la producción que cada vez es menor. Bueno, todo esto es parte de este bien común”, afirmó.
Para el obispo, uno de los grandes desafíos consiste en recuperar la capacidad de ponerse en el lugar del otro y superar una lógica centrada exclusivamente en el beneficio particular.
“Se busca el bien particular y no el bien común, el bien particular de unos pocos”, cuestionó.
“Todos son infinitamente dignos”
Hacia el cierre de su reflexión, Mons. Martínez volvió sobre uno de los conceptos que consideró centrales para analizar cualquier problemática social: la dignidad humana.
Recordó el planteo de un documento de la Santa Sede sobre la dignidad humana y sostuvo que toda persona, independientemente de su situación, posee una dignidad que debe ser reconocida.
“Por ser persona, sea quien sea, tiene una infinita dignidad humana porque es imagen y semejanza de Dios”, afirmó.
Desde esa perspectiva, sostuvo que las respuestas frente a la pobreza, el endeudamiento, el delito, la desigualdad o cualquier otra problemática social deben orientarse a recuperar y proteger esa dignidad.
“Siempre tendremos que ver caminos para reivindicar esa dignidad y no partir de dañarla. En el fondo es eliminar, reivindicar al otro, ayudar al otro y no eliminar al otro”, expresó.
El reconocimiento a Radio Tupambaé
Finalmente, en el marco del próximo aniversario de la emisora, el obispo valoró el servicio desarrollado por Radio Tupambaé a lo largo de sus 34 años de historia.
“Creo que tenemos que agradecer tantísimo. 34 años, no es poco, desde el 92”, señaló.
Mons. Martínez destacó especialmente el papel de la radio como herramienta de comunicación y servicio a la comunidad, y vinculó esa tarea con el mismo concepto que atravesó toda su reflexión: el bien común.
“La verdad ha sido un bien muy grande y casi no podemos dimensionar todo lo bueno que significa y significó como servicio al bien común”, concluyó.

