Mons. Colombo desmintió versiones sobre una sanción del Vaticano y alertó por la difusión de “fake news”


El arzobispo de Mendoza, Marcelo Daniel Colombo, publicó una dura carta pastoral en la que rechazó versiones difundidas en redes sociales y plataformas digitales sobre una supuesta sanción del Vaticano vinculada a cuestiones litúrgicas. Monseñor calificó esas informaciones como “mentiras” y advirtió sobre el daño que generan en la comunión eclesial y en la vida de personas concretas.

La circular, titulada “Ante tanta mentira y fake news”, fue dada a conocer este 18 de mayo y está dirigida a los fieles de la arquidiócesis mendocina. Allí, Mons. Colombo explicó que en los últimos días recibió numerosas consultas relacionadas con mensajes viralizados por WhatsApp que aseguraban falsamente que había sido sancionado por la Santa Sede.

“El relato de la verdad es oscurecido por fake news, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento”, expresó el arzobispo, citando además palabras recientes del papa León XIV pronunciadas durante el Ángelus de Semana Santa de 2026.

En el documento, Mons. Colombo denunció la existencia de un blog anónimo desde el cual —según afirmó— se difunden ataques, burlas y desinformación contra obispos, sacerdotes y laicos. Sin mencionar nombres, sostuvo que detrás de ese espacio habría “un reputado docente universitario” que opera bajo seudónimo y sin posibilidad de réplica para quienes son objeto de cuestionamientos.

El arzobispo cuestionó especialmente el anonimato y la falta de responsabilidad en determinados entornos digitales. “La difamación cobarde disfrazada de defensa de la tradición no es un servicio a la verdad”, afirmó. Además, señaló que muchos de esos contenidos terminan siendo replicados por otros sitios y usuarios, ampliando el impacto de informaciones falsas o distorsionadas.

En otro tramo de la carta, Mons. Colombo llamó a los creyentes a reflexionar sobre el uso responsable de las redes sociales y los servicios de mensajería. “Compartir información no es un acto neutral: puede afectar personas concretas, dañar reputaciones y contribuir a la difusión de mentiras”, advirtió.

El arzobispo aclaró que decidió hacer pública su posición no para defenderse personalmente, sino para “servir a la verdad” y preservar la unidad de la Iglesia. También expresó preocupación por el efecto de estas situaciones sobre su familia, amigos y comunidades donde desarrolló su ministerio pastoral, entre ellas las diócesis de Quilmes, Orán y La Rioja.

Finalmente, Mons. Colombo reafirmó su compromiso pastoral con la arquidiócesis mendocina y pidió rezar por quienes “buscan herir la comunión eclesial”, concluyendo el mensaje con una bendición a los fieles.

Texto completo de la circular:

ANTE TANTA MENTIRA Y «FAKE NEWS»
«Conságralos en la verdad.» (Juan 17,17)

Queridos hermanos,

En estos días he recibido consultas sobre una supuesta sanción vaticana que me habría sido impuesta por motivos litúrgicos. Numerosos mensajes de WhatsApp enviados a los fieles de aquí y de todo el país, difunden esta noticia como cierta. Además de la falsedad de la noticia, me duelen las mentiras que siembran oscuros personajes en sitios de internet. Por eso escribo estas líneas: No solamente para desmentir una nueva falsedad difundida por un blog, sino sobre todo por el deber de cuidar al Pueblo de Dios. Muchos fieles de buena voluntad terminan siendo confundidos, engañados o arrastrados a climas de sospecha permanente que dañan la comunión eclesial y que hieren profundamente a personas concretas. Hay algo particularmente grave cuando la mentira y la información deformada se combinan con el anonimato y con la imposibilidad de réplica porque estamos frente a un mecanismo de impunidad.

«De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones: una es fuente de vida nueva y eterna, la otra de muerte cierta y definitiva. Este contraste nos hace reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano y sobre la honestidad de la comunicación humana. A menudo, el relato de la verdad es oscurecido por fake news -como se dice hoy-, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento. No obstante, frente a tales obstáculos, la verdad no permanece oculta, al contrario, viene a nuestro encuentro, viva y radiante, iluminando las tinieblas más densas.» (Papa León, Palabras en el Anuncio del Ángel, lunes santo 2026)

En Mendoza existe un individuo, posiblemente un reputado docente universitario de la Facultad de Filosofía y Letras que, escondido detrás de un seudónimo, difunde en un Blog sus opiniones, ataques y mentiras. Esta persona no respeta la buena fama de los demás, manipula y ridiculiza cuanto expresamos públicamente con nuestro nombre y apellido. Y al mismo tiempo incurre en una gran contradicción: reclama transparencia para toda la Iglesia mientras administra un espacio donde no existe posibilidad de comentarios, aclaraciones ni derecho a responder si no es en total conformidad con sus pensamientos y actitudes. Para este tipo de comportamiento humano resulta muy cómodo instalar sospechas, burlarse de personas concretas, degradar públicamente a sacerdotes, obispos y laicos mientras quien escribe permanece oculto, sin asumir rostro, nombre ni responsabilidad pública por sus palabras. Y más lamentable aún es que otros sitios digitales, autopercibidos católicos, igualmente insidiosos, terminen reproduciendo, amplificando o legitimando mentiras que dañan personas concretas y empobrecen profundamente el clima humano y eclesial.

También otros obispos, sacerdotes y laicos, ¡incluso los Papas! han sido atacados muchas veces por el autor del blog en cuestión. Incluso en temas que poco tienen que ver con la acción pastoral, llama la atención su obsesión por comentar el cuerpo o la imagen de otros, mientras él elige esconderse y no exponerse jamás personalmente. Detrás de cada burla y mentira hay personas concretas. Y detrás de muchas ironías «ingeniosas» hay una enorme irresponsabilidad moral.

Es importante preguntarnos, como creyentes, qué responsabilidad tenemos cuando reenviamos mensajes, publicaciones o acusaciones sin verificar suficientemente su veracidad. En el mundo digital, compartir información no es un acto neutral: puede afectar personas concretas, dañar reputaciones y contribuir a la difusión de mentiras o exageraciones que luego resultan muy difíciles de reparar, exponiéndose incluso a responsabilidades legales ya que sus números de contacto quedan registrados al difundir la mencionada mentira.

La crítica puede ser legítima, incluso dura. Bienvenida sea si es verdadera y honesta. Pero la difamación cobarde disfrazada de defensa de la tradición no es un servicio a la verdad. Ésta no necesita operar desde la oscuridad. Tampoco la comunión de la Iglesia se construye alimentando el desprecio permanente, sino caminando en la verdad, la caridad y la responsabilidad de la palabra.

En otras oportunidades, ante ataques similares al hoy referido, preferí no responder para no dar entidad a personajes que compulsiva y patológicamente buscan herir la comunión eclesial. Rezo por ellos y su conversión. Gracias a Dios, mucha gente no conoce estos ámbitos de difamación permanente. Pero para quienes por un motivo u otro reciben estas noticias, creí necesario decir estas palabras, no para defenderme, sino como servicio a la verdad y por el bien del pueblo de Dios de la Arquidiócesis de Mendoza, junto a los hermanos de otras comunidades donde he actuado antes, como sacerdote en la Diócesis de Quilmes, y como obispo en las Diócesis de Orán y La Rioja; también por mi familia y amigos, que se preocupan y sufren conmigo por estos ataques reiterados e injustificados; deseo así, expresar la verdad de los hechos y tomar distancia de quienes buscan dañar, ofender, confundir y desautorizar. Amo a mi pueblo y quiero servirlo como Jesús, el buen Pastor, con mis muchos límites y con los dones que Él me confió.

Los abrazo y bendigo en Jesús que nos derrama su Espíritu y en su Madre Santísima del Rosario.

Mendoza, 18 de mayo de 2026

Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza