El papa León XIV concluyó su primera serie de visitas pastorales a las periferias de Roma tras recorrer, durante el último mes, cinco parroquias ubicadas en las afueras de la diócesis. El cierre de este itinerario se realizó en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio de Ponte Mammolo, cerca de la prisión de Rebibbia Prison.
La visita tuvo además un significado particular para la comunidad local: cuarenta años atrás, en noviembre de 1986, la parroquia había recibido a John Paul II, convirtiéndose ahora León XIV en el segundo pontífice en atravesar las puertas de este templo y encontrarse con sus fieles.
La jornada pastoral comenzó con un encuentro con niños y jóvenes en el campo deportivo parroquial. Posteriormente, el Santo Padre se reunió con enfermos y ancianos de la comunidad y celebró la Eucaristía junto a los fieles. Tras la misa, mantuvo además un diálogo privado con los integrantes del consejo pastoral.
Un mensaje sobre la “ceguera” del mundo
Durante la homilía de este cuarto domingo de Cuaresma, el Papa reflexionó sobre el pasaje del Evangelio según Gospel of John que narra la curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1-41). A partir de ese relato, estableció un paralelismo entre la ceguera física del hombre del Evangelio y diversas formas de “ceguera espiritual” presentes en la sociedad actual.
En ese contexto, el pontífice lamentó los conflictos armados que afectan a distintas regiones del mundo y cuestionó la idea de justificar la violencia en nombre de Dios.
“El nombre de Dios no puede ser invocado por la oscuridad”, afirmó, y subrayó que Dios “viene siempre a traer luz, esperanza y paz a la humanidad”.
El Papa remarcó que el mensaje central del Evangelio invita a reconocer que, incluso frente a las crisis y los errores humanos, Cristo ofrece una luz capaz de liberar a la humanidad de la “ceguera del mal” y abrir un camino de vida nueva.
Mirar con los ojos de Dios
León XIV también exhortó a los fieles a “ver con los ojos de Dios”, superando prejuicios y actitudes de indiferencia frente al sufrimiento de los demás.
Según explicó, el Evangelio enseña que Jesús no mira al ciego como a alguien inferior ni como un problema, sino como una persona amada que necesita ayuda. Para el Papa, esa mirada debe inspirar el compromiso cristiano con quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
Asimismo, advirtió sobre otra forma de ceguera “más grave”: ignorar el clamor de quienes sufren. Frente a ello, invitó a vivir en comunión y paz con los demás.
Una comunidad al servicio de los más vulnerables
Antes de la celebración eucarística, el pontífice agradeció especialmente a los miembros de la parroquia por su servicio a inmigrantes, enfermos y personas que atraviesan situaciones de precariedad laboral o habitacional.
La parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, que desde hace casi noventa años desarrolla su misión en la zona, fue destacada por el Papa por su atención a realidades de pobreza, exclusión y emergencia social.
“Construir una comunidad acogedora es un signo de esperanza”, expresó León XIV, al tiempo que señaló que ese testimonio resulta particularmente valioso en un mundo marcado por el dolor y las dificultades.

