León XIV pidió una participación activa de los fieles y una liturgia marcada por la noble sencillez


El papa León XIV destacó la importancia de que los fieles participen de manera plena y consciente en las celebraciones litúrgicas y señaló que la reforma impulsada por el Concilio Vaticano II forma parte de un proceso de renovación que hunde sus raíces en la tradición viva de la Iglesia.

Durante la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Basílica de San Pedro, el Pontífice concluyó el ciclo de catequesis dedicado a la constitución Sacrosanctum Concilium, uno de los documentos centrales del Concilio Vaticano II sobre la liturgia.

León XIV recordó que la renovación litúrgica no comenzó con el Concilio, sino que fue precedida por distintas iniciativas de los papas del siglo XX y por las inquietudes planteadas por el Movimiento Litúrgico.

En este contexto, mencionó una carta de 1962 del entonces arzobispo de Milán, cardenal Giovanni Battista Montini, futuro san Pablo VI, quien definía la liturgia como un ámbito de encuentro entre lo divino y lo humano en el diálogo con Dios.

El Papa retomó también uno de los principios fundamentales de Sacrosanctum Concilium, según el cual los fieles no deben participar de las celebraciones como «extraños y mudos espectadores», sino de manera «piadosa y activa».

«La participación de los fieles no puede ser pasiva», afirmó León XIV, al explicar que los gestos, las palabras y las acciones propias de la liturgia permiten actualizar la memoria de la salvación y establecer una relación viva con Dios.

Una reforma con antecedentes en el siglo XX

Durante su catequesis, el Pontífice repasó algunos de los principales antecedentes de la reforma litúrgica conciliar.

Recordó que Pío XI había impulsado esta renovación mediante la constitución apostólica Divini cultus, mientras que Pío XII promovió una reorganización de los ritos de la Semana Santa para recuperar sus horarios propios.

También mencionó a san Juan XXIII, quien simplificó las rúbricas del Breviario y del Misal a través del motu proprio Rubricarum instructum y dejó al Concilio la tarea de establecer los principios generales de la reforma.

León XIV recordó además la enseñanza de Pío XII en la encíclica Mediator Dei, donde se distingue entre aquellos elementos de la liturgia que pertenecen a la institución divina y otros aspectos de carácter humano que pueden ser modificados de acuerdo con las necesidades de cada época, siempre bajo la autoridad de la Iglesia.

La tradición viva de la Iglesia

El Pontífice explicó que la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II buscó acercar a los fieles la riqueza de la Palabra de Dios y de las oraciones litúrgicas. Para ello, se simplificaron determinados aspectos del orden de las celebraciones, sin modificar el núcleo del misterio celebrado.

Al mismo tiempo, advirtió que algunos principios de la reforma fueron interpretados de manera absoluta o aplicados de forma incorrecta después del Concilio. Según señaló, esas interpretaciones dieron lugar a abusos que todavía persisten en algunos ámbitos.

Una liturgia marcada por la noble sencillez

Al finalizar su catequesis, León XIV subrayó especialmente la responsabilidad de los obispos y sacerdotes en la custodia de la liturgia y en el cumplimiento de las normas establecidas por la Iglesia.

«Es responsabilidad primordial de los pastores custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez», afirmó.

El Papa señaló que esa forma de celebrar permite manifestar la identidad de la Iglesia como una, santa, católica y apostólica, y llamó a vivir la liturgia no como una participación meramente externa, sino como una verdadera experiencia de fe y encuentro con Dios.