Durante el rezo dominical del Regina Coeli en la Plaza de San Pedro, el Papa reflexionó sobre el Evangelio de San Juan y sostuvo que el amor de Dios “no depende de nuestros méritos”, sino que es el punto de partida para amar a los demás.
El Papa León XIV afirmó este domingo que “Jesús nos ama eternamente e incondicionalmente” y remarcó que ese amor “impulsa a amar a los demás”, durante su mensaje previo al rezo del Regina Coeli en la Plaza de San Pedro.
En su reflexión sobre el Evangelio según San Juan, el Pontífice retomó las palabras de Jesús en la Última Cena: “Si me aman, guarden mis mandamientos”, y explicó que este mensaje no debe entenderse como una exigencia previa para recibir el amor de Dios.
“Esta declaración nos libera de la idea errónea de que somos amados porque guardamos los mandamientos”, expresó el Santo Padre, al señalar que “el amor de Dios es la condición para nuestra rectitud”.
En ese sentido, León XIV sostuvo que las palabras de Cristo representan “una invitación a entablar una relación” y no “un chantaje ni un ultimátum sospechoso”. Además, explicó que el verdadero cumplimiento de los mandamientos nace del reconocimiento del amor de Dios manifestado en Jesús.
El Papa también destacó que el amor cristiano tiene su origen en Cristo. “Es el amor de Jesús el que engendra amor en nosotros”, afirmó, y agregó que Él mismo “es el modelo y la medida del verdadero amor: fiel para siempre, puro e incondicional”.
Durante su catequesis, el Pontífice comparó el amor con la vida misma y aseguró que “solo quienes han sido amados pueden amar”. Asimismo, definió los mandamientos del Señor como “una forma de vida que nos sana de los amores falsos” y “un camino hacia la salvación”.
En otro tramo de su mensaje, León XIV recordó que Cristo “no nos deja solos en las pruebas de la vida”, sino que promete la presencia del Paráclito, el “Espíritu de la verdad”.
Al mismo tiempo, advirtió sobre la acción del “Acusador”, al que definió como “el padre de la mentira”, que busca dividir a las personas y oponerse a Dios.
Finalmente, el Santo Padre exhortó a los fieles a agradecer el amor “incondicional y duradero” del Señor y pidió encomendarse a la intercesión de la Virgen María.

