El papa León XIV recibió este viernes 28 de agosto en la Sala del Consistorio del Vaticano a una delegación de la Sociedad de San Vicente de Paúl de Estados Unidos y destacó la necesidad de fortalecer la vida espiritual para sostener el servicio a las personas más necesitadas.
Durante la audiencia, el Pontífice agradeció el compromiso de esta organización de laicos católicos y expresó su deseo de que la peregrinación a Roma renueve su fe y fortalezca su vocación de servicio.
“Al ofrecer libremente los dones y talentos que Dios les ha dado, dan un elocuente testimonio de su fe al servicio de la construcción del Reino de Dios”, afirmó León XIV.
El ejemplo de san Vicente de Paúl
En su mensaje, el Papa destacó la figura de san Vicente de Paúl y remarcó la estrecha relación entre la vida espiritual y el compromiso con los pobres.
“San Vicente de Paúl demostró que la oración y la justicia social no solo son complementarias, sino inseparables”, señaló.
En ese sentido, invitó a los integrantes de la Sociedad de San Vicente de Paúl a recurrir a su patrono para seguir su ejemplo e implorar su intercesión.
León XIV insistió además en que el servicio cristiano debe surgir de una relación viva con Dios y que la oración constituye la fuente que sostiene toda acción caritativa.
El amor como motor del servicio
El Pontífice también recordó, a partir de la exhortación apostólica Dilexit nos y de la enseñanza de san Agustín, que el cuidado de los pobres posee un profundo sentido cristocéntrico.
“Creemos que el cuidado de los demás, cuando nace del amor, no solo ayuda a los necesitados, sino que también abre los corazones de quienes se entregan a la gracia de Dios”, expresó.
Por ello, exhortó a los miembros de la organización a entregarse plenamente al servicio de los demás y a reconocer a Cristo tanto en las personas que acompañan como en quienes comparten diariamente la misión.
El saludo del Papa a quienes realizan la misión
Al finalizar el encuentro, León XIV impartió la bendición apostólica y pidió a los visitantes que transmitieran su saludo a todos los integrantes de la Sociedad de San Vicente de Paúl y a las personas que reciben su acompañamiento.
“Con estas reflexiones, encomiendo a cada uno de ustedes a la intercesión de María, Madre de la Iglesia”, concluyó el Santo Padre.

