En el inicio del tiempo cuaresmal, el papa León XIV presidió ayer la misa del Miércoles de Ceniza en la Basílica de Santa Sabina y exhortó a los fieles a reconocer las “estructuras de pecado” presentes en los ámbitos económico, cultural, político y religioso, como paso necesario hacia la conversión y la reconstrucción comunitaria.
“Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya anuncio y testimonio de la resurrección: significa no solo detenerse en las cenizas, sino resurgir y reconstruir”, afirmó el Pontífice durante la homilía, en la que propuso una “pedagogía penitencial” de la Cuaresma aplicada al contexto actual de conflictos globales y crisis ambientales.
Procesión penitencial en el Aventino
Fiel a la tradición romana, el Papa visitó el Monte Aventino —una vez al año, en esta fecha— para dar inicio al itinerario cuaresmal. Tras una breve oración en la iglesia benedictina de San Anselmo, se dirigió en procesión, acompañado por cardenales, obispos y religiosos, hacia la cercana basílica dominicana de Santa Sabina, entonando las Letanías de los Santos.
La celebración se desarrolló en uno de los templos más antiguos de Roma, erigido sobre la memoria de los mártires. Allí, el Pontífice impuso la ceniza a los fieles, signo que recuerda la fragilidad humana y la transitoriedad de lo terrenal.
Comunidad y responsabilidad compartida
En su mensaje, León XIV subrayó que la Cuaresma es un tiempo propicio para reconstruir el sentido de comunidad. “Sabemos lo difícil que es reunir a la gente y sentirse como pueblo, no de forma nacionalista y agresiva, sino en comunión”, expresó.
El Papa señaló que la verdadera comunidad nace del reconocimiento de los propios pecados y de la asunción de responsabilidad ante el mal. “No proviene de supuestos enemigos, sino que ha tocado los corazones”, advirtió, en una reflexión que calificó de “contracorriente”, pero necesaria frente a la tentación de buscar culpables externos.
“La Iglesia también existe como profecía de comunidades que reconocen sus propios pecados”, añadió.
“El peso de un mundo en llamas”

En uno de los pasajes más contundentes de la homilía, el Pontífice invitó a contemplar la realidad contemporánea a la luz del signo penitencial de la ceniza. “Hoy podemos sentir en las cenizas depositadas sobre nosotros el peso de un mundo en llamas”, afirmó, aludiendo a “ciudades enteras destruidas por la guerra, las cenizas del derecho internacional y de la justicia entre las naciones, las de ecosistemas devastados y de la armonía entre los pueblos”.
También mencionó “las cenizas del pensamiento crítico y de las antiguas sabidurías locales, y del sentido de lo sagrado presente en cada criatura”.
Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, destacó que muchos, incluso en contextos secularizados, redescubren el significado del Miércoles de Ceniza como punto de partida para una vida más justa. Citando al apóstol Pablo de Tarso, recordó: “Ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación”.
La tradición de las “estaciones” cuaresmales
León XIV evocó además la antigua tradición romana de las iglesias de estación, que estructura el camino cuaresmal en torno a celebraciones en distintos templos vinculados a los mártires. Esta práctica —explicó— remite tanto al dinamismo del peregrino como a la necesidad de “hacer estación”, es decir, detenerse en los memoriales de quienes dieron testimonio radical de fe.
“La Cuaresma exige cambios de rumbo que hagan más creíble el mensaje cristiano”, sostuvo el Papa, antes de concluir con una invitación a la sobriedad y la alegría: “Reorientemos todo nuestro ser, todo nuestro corazón, hacia Él”.

