En la solemnidad del Bautismo del Señor, el papa León XIV presidió este domingo el rezo del Ángelus y destacó que el Bautismo es “un signo santo que nos acompaña toda la vida”, capaz de iluminar las horas oscuras, reconciliar en los conflictos y abrir la puerta del cielo en la hora de la muerte.
Bajo un frío sol invernal, el Pontífice saludó a los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro para celebrar esta fiesta litúrgica, que la Iglesia celebra el domingo posterior a la Epifanía y que marca el final del tiempo de Navidad y el inicio del Tiempo Ordinario. Se trata, afirmó, de un tiempo que “nos invita a seguir juntos al Señor, a escuchar su Palabra e imitar sus gestos de amor al prójimo”.
Al comentar el Evangelio del bautismo de Jesús en el Jordán, León XIV subrayó que este acontecimiento invita a todos los cristianos a renovar las promesas bautismales, recordando que el Bautismo “nos hace cristianos, nos libera del pecado y nos transforma en hijos de Dios, mediante el poder de su Espíritu de vida”.
El Papa explicó que en el bautismo de Jesús se manifiesta plenamente la acción de la Trinidad. “La Trinidad entera se hace presente en la historia: así como el Hijo desciende a las aguas del Jordán, el Espíritu Santo desciende sobre él y, a través de él, se nos da como poder de salvación”, afirmó.
En su reflexión, el Obispo de Roma remarcó que Dios no permanece distante de la humanidad. “Dios no mira al mundo desde lejos, sin tocar nuestras vidas, nuestro sufrimiento y nuestras esperanzas”, señaló, sino que entra en la historia mediante la Palabra encarnada, involucrando a todos en “un sorprendente proyecto de amor por toda la humanidad”. En este sentido, recordó que Jesús quiso ser bautizado “como todos los pecadores”, revelando así “la infinita misericordia de Dios”.
León XIV también destacó que el Bautismo introduce a cada persona en la vida de la Iglesia, “el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de todas las naciones y culturas, renovados por su Espíritu”. Por ello, invitó a los fieles a recordar y agradecer “este gran don recibido” y a dar testimonio de él “con alegría y constancia”.
El Santo Padre recordó además que esa misma mañana, en la Capilla Sixtina, administró el sacramento del Bautismo a veinte recién nacidos, quienes se convirtieron en “nuevos hermanos y hermanas en la fe”.
Al concluir, el Papa sintetizó el significado permanente del sacramento: “El primero de los sacramentos es un signo sagrado que nos acompaña para siempre. En los momentos de oscuridad, el Bautismo es luz; en los conflictos de la vida, es reconciliación; y en la hora de la muerte, es la puerta del cielo”.
Finalmente, invitó a los fieles a encomendarse a la Virgen María, pidiéndole que interceda cada día “por nuestra fe y por la misión de la Iglesia”.

