Durante la audiencia general celebrada este miércoles en la basílica de San Pedro, el papa León XIV dedicó su catequesis a la música sacra y su vínculo con la celebración litúrgica. En el marco de su ciclo de reflexiones sobre la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, afirmó que la música “forma parte de la acción litúrgica” y resaltó su aporte a la oración, la comunión y la participación de los fieles.
El Pontífice explicó que el canto sagrado no debe entenderse como un simple elemento decorativo de las celebraciones, sino como una parte necesaria e integral de la liturgia. En este sentido, recordó que adquiere un valor particular cuando permanece estrechamente unido a la oración y a los ritos que celebra la Iglesia.
León XIV también señaló que cantar y tocar durante la liturgia constituye una forma de oración. Para expresar esta idea, retomó una conocida afirmación de san Agustín: “Cantar es propio de quien ama”. Según explicó, la música permite abrir el corazón a la acción de Dios y unir la oración personal con la de toda la asamblea.
La música como expresión de comunión
Durante su reflexión, el Papa destacó además la capacidad del canto para favorecer la unidad del Pueblo de Dios. Señaló que las voces de los fieles pueden contribuir a superar diferencias y reunir a la comunidad en la alabanza a Dios, convirtiendo así la música en una expresión concreta de la comunión eclesial.
En esa línea, sostuvo que la música litúrgica debe estar al servicio de la celebración y no responder únicamente a gustos, modas o sensibilidades particulares. También remarcó la importancia de que posea nobleza y sencillez, calidad artística y capacidad para favorecer la participación de toda la asamblea.
El Santo Padre recordó que los textos de los cantos deben inspirarse principalmente en la Sagrada Escritura, los libros litúrgicos y la tradición espiritual de la Iglesia, para ayudar a los fieles a profundizar en el misterio que celebran.
Participación activa y patrimonio de la Iglesia
Otro de los aspectos abordados por León XIV fue la participación activa de los fieles, uno de los ejes de la renovación litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II. Explicó que esta participación también se manifiesta mediante las respuestas, las aclamaciones, los salmos, los cantos y los momentos de silencio previstos en las celebraciones.
El Papa puso igualmente en valor el canto gregoriano como parte del patrimonio musical de la Iglesia, al tiempo que reconoció otras expresiones musicales que puedan responder a las exigencias del culto divino y respetar la dignidad de la celebración.
Formación y renovación de la música sacra
Finalmente, León XIV alentó a fortalecer la formación y la práctica de la música sacra en los seminarios, las casas de formación religiosa y las escuelas católicas. También llamó a custodiar el patrimonio musical de la Iglesia y a promover nuevas composiciones que, en diálogo con la tradición y las distintas culturas, contribuyan auténticamente al servicio de la liturgia.
El Pontífice concluyó su reflexión evocando a san Ignacio de Antioquía, quien invitaba a los cristianos a convertirse en un coro unánime, capaz de elevar una sola voz al Padre por medio de Jesucristo. Para León XIV, esta imagen expresa también la comunión que está llamada a vivir la Iglesia en cada celebración litúrgica.

