León XIV abrió el Año Nuevo con un llamado a la paz inspirada en el rostro misericordioso de Dios


En la Solemnidad de María, Santísima Madre de Dios, y en el marco de la 59ª Jornada Mundial de la Paz, el papa León XIV celebró su primera misa pública de 2026 en la basílica de San Pedro, donde invitó a los fieles a vivir el comienzo del nuevo año como un tiempo de libertad y renacimiento, iluminado por el rostro misericordioso de Dios revelado en Jesucristo.

Al comentar la bendición del Libro de los Números —“El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda la paz”—, el Pontífice recordó que estas palabras nacen de la experiencia de un pueblo liberado de la esclavitud, llamado a caminar hacia el futuro confiando en la promesa divina.

León XIV explicó que, tras la salida de Egipto, Israel perdió seguridades materiales, pero recibió un don más grande: la libertad, la Ley como camino de sabiduría y la esperanza de una tierra nueva. Esa experiencia, afirmó, ilumina el sentido de cada nuevo comienzo: “Cada día puede convertirse, para cada persona, en el inicio de una vida nueva gracias al amor generoso de Dios, a su misericordia y a la respuesta de nuestra libertad”.

María, Madre de Dios y modelo de confianza

En el centro de la celebración, el Papa destacó el misterio de la maternidad divina de María. Con su “sí”, señaló, la Virgen permitió que la misericordia de Dios tuviera un rostro humano, el de Jesús, cuyo amor transforma y renueva a la humanidad.

María, añadió, acompaña a los creyentes en su camino de fe, desde la sencillez de la vida cotidiana hasta la cruz y la resurrección. En ella, subrayó, caen todas las defensas y pretensiones humanas, dando lugar a una entrega confiada y total a Dios.

Un Dios desarmado, fuente de la verdadera paz

Citando a san Agustín, León XIV recordó la gratuidad radical del amor divino, que se hace frágil para salvar al ser humano. Ese rostro de Dios, afirmó, es “desarmado y desarmante”, como el de un niño recién nacido, y constituye el núcleo del mensaje cristiano de paz.

“El mundo no se salva con la violencia, sino con la comprensión, el perdón y la acogida”, aseguró el Papa, quien advirtió que no son las armas ni la opresión las que construyen el futuro, sino el compromiso cotidiano por liberar y acoger a todos, sin cálculos ni temores.

El pesebre, escuela de paz

Al referirse al misterio del Belén, el Pontífice destacó que en la maternidad de María se encuentran dos realidades igualmente desarmadas: Dios, que renuncia a sus privilegios, y el ser humano, que responde con confianza. Recordando a san Juan Pablo II, señaló que el pesebre es fuente de una profunda transformación personal y comunitaria.

Al inicio del nuevo año y al concluir el Jubileo de la Esperanza, León XIV invitó a los fieles a acercarse al pesebre como lugar privilegiado de la verdadera paz.

“Acerquémonos con fe, desarmados y desarmantes, al lugar donde recordamos las maravillas que el Señor ha obrado en la historia y en nuestras vidas, para salir luego como testigos humildes, glorificando y alabando a Dios”, concluyó.