Las botellas de plástico podrían dejar de ser seguras si se exponen al calor extremo


Desde que a princpios de junio llegara la primera gran ola de calor del año en la península ibérica de 2022, los episodios de altas temperaturas se han empezado a suceder uno detrás de otro. Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), prácticamente todo el país pasó a distintos niveles de alerta por calor extremo entre el lunes 13 de junio hasta el 19 de ese mismo mes.

El Ministerio de Sanidad, en su plan de lucha contra el calor, su primera recomendación es hidratarse. Pero antes de echar mano de una botella de plástico para hidratarte, quizá prefieras pensártelo dos veces si ha estado bajo el sol.

«Cuanto más calor hace, más material del plástico se puede filtrar a la comida o al agua potable», afirma Rolf Halden, director del Centro para la Ingeniería de la Salud Medioambiental del Instituto de Biodiseño de la Universidad del Estado de Arizona (Estados Unidos).

La mayoría de los artículos de plástico liberan una cantidad ínfima de sustancias químicas en las bebidas o comidas que contienen. Conforme aumentan las temperaturas y el tiempo, los enlaces químicos del plástico se descomponen cada vez más y aumentan las probabilidades de que las sustancias químicas se filtren. Según la FDA estadounidense, las cantidades de sustancias químicas son demasiado minúsculas como para provocar problemas de salud, pero los científicos que analizan los efectos a largo plazo de llenar nuestras vidas de plástico afirman que todas esas pequeñas dosis podrían acumularse.

Una botella de plástico en un caluroso día de verano

La mayoría de las botellas de agua de los supermercados están compuestas de un plástico llamado tereftalato de polietileno, o PET. Se identifica con el código de identificación uno y se acepta en la mayoría de los programas de reciclaje.

Un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad del Estado de Arizona en 2008 analizó cómo el calor aceleraba la liberación de antimonio en botellas de PET. El antimonio se utiliza para fabricar el plástico y puede resultar tóxico en dosis elevadas, según informan los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses. Con un tiempo templado, de unos 21 grados centígrados, los investigadores midieron los niveles seguros de esta sustancia química en el agua embotellada. Pero cuanto más cálido era el día, menos tiempo tardaba el agua en contaminarse.

En verano, un coche caliente puede alcanzar temperaturas superiores a 65 grados centígrados. En algunos experimentos, las botellas calentadas a esa temperatura en un laboratorio tardaron 38 días en mostrar niveles de antimonio superiores a los recomendados.

«Como regla general, el calor contribuye a descomponer los enlaces químicos en plásticos como las botellas de plástico, y dichas sustancias químicas pueden traspasarse a las bebidas que contienen», escribe por email Julia Taylor, científica que investiga el plástico en la Universidad de Misuri.

En 2014, se detectaron trazas de antimonio y de un compuesto tóxico llamado BPA en agua vendida en botellas de agua chinas. En 2016, se detectaron altos niveles de antimonio en agua embotellada vendida en México. Ambos estudios analizaron el agua en condiciones superiores a 65 grados Celsius, es decir, en los peores casos posibles.

Según la Asociación Internacional del Agua Embotellada, un grupo industrial, el agua embotellada debería mantenerse en las mismas condiciones que los consumidores mantienen otros productos.

«El agua embotellada desempeña un papel importante en situaciones de emergencia. Si corres riesgo de deshidratarte, no importa en qué recipiente venga. Pero para el consumidor medio, utilizar todas estas botellas carece de ventajas», afirma Halden.

¿Y los recipientes reutilizables?

Las botellas de agua que pueden reutilizarse suelen estar hechas de polietileno de alta densidad (PEAD) o de policarbonato. En general, el PEAD se acepta en los programas de reciclaje (código de reciclaje número dos), pero cuesta más reciclar el policarbonato (código de reciclaje número siete).

Para fabricar botellas duras y brillantes, los fabricantes suelen emplear bisfenol A, o BPA, un compuesto criticado por su toxicidad. El BPA es un interruptor endocrino, es decir, que puede alterar la función hormonal normal y provocar una serie de problemas de salud peligrosos. Algunos estudios han vinculado este producto al cáncer de mama.

La FDA estadounidense prohíbe el BPA en los biberones y las tazas infantiles, pero no ha hallado pruebas que respalden más restricciones.

Sin embargo, muchos fabricantes han respondido a las preocupaciones de los consumidores creando productos sin BPA.

«La etiqueta “sin BPA” no significa necesariamente que “seguro”», afirma Taylor. Indica que, como alternativa, suele utilizarse el bisfenol S, aunque este sea «estructuralmente similar al BPA y tenga propiedades similares».

Se han llevado a cabo menos estudios sobre lo que ocurre en el agua en recipientes reutilizables expuestos a altas temperaturas, pero la investigación llevada a cabo echando aguar hirviendo en policarbonato indicó que, como consecuencia, se filtraba más BPA.

«La conclusión es que el vidrio es mejor que el plástico, donde sea posible [utilizarlo]», afirma Taylor. «De lo contrario, el mensaje debería ser mantener la botella de agua dentro de una bolsa o cubierta cuando no se utilice (no expuesta a luz solar intensa durante periodos largos) y no dejar las botellas de plástico en coches calientes, ya que las temperaturas aumentan rápido en esta época del año».

¿Y el panorama general?

En última instancia, la cantidad de restos de sustancias químicas que podría consumir una persona de recipientes de plástico con comida o bebida expuestos a altas temperaturas no arruinará su salud. Pero, según Halden, debería preocuparnos la cantidad de plástico que nos rodea a diario.

«Si bebes agua de una botella de PET, ¿perjudicará a la salud? Probablemente no», afirma. «Pero si bebes 20 botellas al día, entonces la cuestión de la seguridad es totalmente distinta».

Indica que el efecto acumulativo de estar rodeados de plástico en los artículos que compramos o de microplásticos en el agua podría tener un mayor impacto en nuestra salud.

Personalmente, Halden opta por una botella de agua de metal en lugar de una de plástico reutilizable cuando intenta mantenerse hidratado.

«Si no lo quieres en el cuerpo, no aumentes el flujo del material en la sociedad», afirma.