“La vida está conectada con lo que soy, no con lo que hago y lo que tengo”, afirmó el Padre Juan Milano


El sacerdote reflexionó sobre el sentido de la vida, el vacío existencial y la importancia de encontrar un motivo para vivir.

En diálogo con Lo que Faltaba, el Padre Juan José Francisco Milano abordó la búsqueda de sentido frente al sufrimiento y retomó los aportes de Viktor Frankl y la logoterapia. Señaló que no alcanza con no tener problemas, sino que es necesario encontrar un motivo para vivir, y destacó el amor como motor de los ideales y de la vocación. En ese marco, diferenció el ser del hacer y del tener y sostuvo que el desafío de cada persona es descubrir quién está llamada a ser.

El Padre Milano vinculó el debate sobre el suicidio, particularmente entre los jóvenes, con una problemática más amplia relacionada con “el gran tema del vacío humano, el vacío existencial, el para qué vivir”. En ese sentido, planteó que cuando una persona no encuentra un motivo para vivir puede sentirse vulnerable frente a las dificultades y al sufrimiento.

A partir de esta perspectiva, explicó que el planteo del psiquiatra y neurólogo austríaco Viktor Frankl resulta central para comprender la búsqueda de sentido. Recordó que Frankl desarrolló la logoterapia, una corriente que propone la búsqueda de sentido como camino terapéutico, y señaló que sus ideas fueron reafirmadas a partir de su experiencia en los campos de concentración.

Para el Padre Milano, “no basta no tener problemas”, porque las dificultades forman parte de la vida. Lo importante, sostuvo, es contar con un motivo que permita afrontarlas. En esa línea, explicó que la logoterapia puede entenderse como una “terapia a través de la búsqueda de sentido” y remarcó que incluso frente al sufrimiento es posible encontrar un significado.

El sacerdote también puso el foco en el amor como uno de los principales motores de la existencia. Señaló que detrás de los ideales, los valores y la vocación existe una dimensión vinculada al amor y sostuvo que “el amor está detrás de la vocación”. Desde esa mirada, consideró que la pasión y el amor son fuerzas que movilizan a las personas y las impulsan a hacer el bien.

Ser, hacer y tener

Uno de los ejes centrales de su reflexión fue la diferencia entre ser, hacer y tener. Milano sostuvo que la vida no puede quedar definida exclusivamente por las actividades que una persona realiza ni por aquello que posee.

“La vida está conectada con lo que soy, no con lo que hago y lo que tengo”, afirmó.

En ese sentido, explicó que una persona no debería reducir su identidad a sus funciones, profesiones o responsabilidades. Como ejemplo, señaló que él es Juan José antes que “doc”, “profe” o “padre”.

A partir de esa concepción, planteó que “el gran desafío de la vida es ser quien debes ser y quien te llamas a ser”. También vinculó esta búsqueda con la dimensión de la fe al expresar que se presentará ante Dios desde aquello que es y no simplemente desde aquello que hizo o consiguió.

Para el religioso, los objetivos y proyectos personales tienen importancia, pero constituyen etapas dentro de un desafío más profundo: descubrir y vivir aquello para lo cual cada persona está llamada.

También utilizó una distinción entre éxito y fracaso y entre sentido y vacío para explicar que una persona puede alcanzar determinados logros externos y, al mismo tiempo, experimentar un vacío interior. En contraposición, alguien puede atravesar situaciones de fracaso y conservar un sentido profundo de su existencia.

En ese marco, recordó una enseñanza del Evangelio: “La vida hay que ganarla dándola”, y sostuvo, en referencia al mensaje evangélico, que quien entrega su vida por amor puede encontrar en esa entrega un sentido más profundo.

La vocación como llamado

El Padre Milano también se detuvo en el concepto de vocación. Explicó que la palabra proviene de vocatio, que significa llamado, y remarcó que “nadie se llama a sí mismo”.

Desde una perspectiva creyente, sostuvo que cada persona llega al mundo con un llamado que debe descubrir a lo largo de su vida. Comparó ese proceso con un camino en el que las distintas experiencias funcionan como señales que permiten reconocer hacia dónde orientarse.

“Viniste al mundo ya con un llamado en tu corazón que lo tenés que develar en el curso de tu vida”, afirmó.

En esa búsqueda, consideró fundamental prestar atención al propio interior y a aquellas situaciones en las que una persona encuentra felicidad, satisfacción o paz. Por eso, señaló que uno de los temas centrales de su reflexión actual es el regreso al corazón.

También relacionó la vocación con la experiencia de su propio padre, quien había sido docente. Según explicó, una persona puede jubilarse de una determinada actividad laboral, pero no necesariamente deja de lado aquello que forma parte de su vocación.

“Se jubilan de esta aula, pero no se jubilan ni de la vida, ni de la vocación”, expresó.

Desde esa perspectiva, sostuvo que la vocación acompaña a la persona durante toda su existencia: “Hasta el último respiro de tu vida vas a ser lo que sos”.

El silencio y la necesidad de detenerse

Otro de los aspectos abordados por el sacerdote fue la necesidad de recuperar espacios de silencio, soledad y reflexión en una sociedad marcada por la permanente conexión tecnológica.

El Padre Milano planteó que “no hacer nada” puede tener un sentido positivo cuando permite generar un espacio para pensar, conocerse y reflexionar. Aclaró que no se trata de una inactividad vacía, sino de una oportunidad para encontrarse con uno mismo.

“El tema de no hacer nada es una cuestión de dar posibilidad al silencio y a la soledad buscada, no padecida, para conocerse y tomar un tiempo”, explicó.

En ese punto, relacionó esta experiencia con los retiros espirituales, donde la persona puede apartarse momentáneamente de las exigencias cotidianas para mirar hacia su interior.

También insistió en una idea que atravesó buena parte de su exposición: “Un medio no es un fin”. Desde su perspectiva, tanto el teléfono celular como las computadoras y las redes sociales pueden ser herramientas útiles, pero no deberían convertirse en el centro de la vida.

El impacto de las redes sociales

El sacerdote cuestionó especialmente el uso permanente del teléfono celular y de las redes sociales. En su análisis, consideró que pueden generar dependencia y contribuir a que las personas pierdan espacios de libertad, silencio y reflexión.

También sostuvo que observa cambios en los jóvenes vinculados con la capacidad de desarrollar determinadas habilidades de manera autónoma, y mencionó aspectos como el pensamiento independiente, la imaginación, el lenguaje y la lectura.

En relación con las redes sociales, señaló que muchas veces construyen imágenes y fantasías que no necesariamente coinciden con la realidad. Para ejemplificarlo, relató la situación de una joven que observó en un transporte público: se tomó una fotografía sonriente para publicar en redes y, luego de hacerlo, volvió a mostrarse triste.

A partir de esa experiencia, planteó la importancia de la autenticidad y de preguntarse si aquello que se muestra públicamente representa realmente a la persona.

En ese sentido, llamó a los jóvenes a ser sinceros consigo mismos y a revisar aquellas situaciones o modelos que sienten que no les pertenecen.

“No está todo bien”

Otro de los puntos abordados por el Padre Milano estuvo relacionado con la necesidad de reconocer el sufrimiento y pedir ayuda cuando sea necesario.

Al referirse a problemáticas vinculadas con la imagen corporal y mencionó situaciones como la bulimia y la anorexia, sostuvo que resulta importante que las personas puedan expresar que no están bien.

“No está todo bien”, afirmó, al cuestionar una mirada que pretende mostrar permanentemente una realidad positiva.

Para el sacerdote, la amistad también implica saber detenerse frente al sufrimiento de otra persona, conversar y acompañarla. En esa línea, planteó la necesidad de recuperar espacios humanos de encuentro y diálogo.

Hacia el final de su reflexión, expresó su deseo de que puedan recuperarse formas de encuentro basadas en “mirada a mirada, ojo con ojo y corazón a corazón”.

La tecnología, aclaró, puede ser un medio válido para comunicarse, pero volvió a remarcar que “un medio no es un fin”.

Referentes, límites y acompañamiento

Al referirse a la prevención frente a situaciones de sufrimiento entre los jóvenes, el religioso sostuvo que los adolescentes necesitan personas adultas de referencia.

“El chico necesita referentes, necesita un sí y un no”, afirmó.

En ese marco, diferenció la autoridad del autoritarismo y explicó que, desde su perspectiva, la autoridad está relacionada con la capacidad de orientar y acompañar. Remarcó la importancia de que los jóvenes cuenten con parámetros claros, límites y afecto.

Para el sacerdote, el acompañamiento familiar y educativo debe ofrecer tanto contención como orientación, sin dejar de lado la capacidad de establecer límites.

Su reflexión volvió así sobre uno de los ejes centrales de toda la entrevista: la necesidad de que las personas, especialmente los jóvenes, puedan contar con vínculos, referentes y espacios que les permitan preguntarse por el sentido de su vida.

En esa búsqueda, el Padre Juan José Francisco Milano volvió a poner en el centro la dimensión interior de la persona y la necesidad de descubrir aquello que da sentido a su existencia. Para el sacerdote, “la vida está conectada con lo que soy, no con lo que hago y lo que tengo”, una mirada que vinculó con la vocación, el amor, la fe y el llamado personal a vivir desde aquello que cada uno está llamado a ser.