La interna que no cierra – Nelson Castro


El Gobierno se le está haciendo cada vez más difícil defender a Manuel Adorni, cuya situación se complica día tras día. Lo que resulta increíble es que el Presidente no se dé cuenta de que el Adornigate lo está afectando principalmente a él, ya que, al defenderlo, termina deteriorando su figura. “Adorni no mintió”, expresó Milei en un posteo de estos días. Esta es una afirmación falsa. Adorni no sólo reconoció que mintió. También confesó que evadió el pago de impuestos, es decir, que admitió haber cometido un delito.

Nada de esto parece alterar la férrea postura del jefe de Estado que redobló la apuesta primero invitándolo a Adorni a una reunión en la Residencia de Olivos el viernes, y luego a participar en el acto que, por el Día de la Bandera, ayer se llevó a cabo en Rosario. El elenco estable de funcionarios que tuvieron que posar junto al ex vocero se mantuvo a pesar del disgusto de varios de ellos. Sólo la Vicepresidenta Victoria Villarruel se diferenció con una declaración tajante: “Es una acto patrio, no es un acto para apoyar a Adorni y no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni. Me parece que no era el lugar para hacer ningún apoyo”, aseguró.

La situación interna es explosiva ya que involucra prácticamente a todo el Gabinete. En el Congreso, defenderlo es cada vez más difícil para el oficialismo. Ya no es sólo la vicepresidenta. Hay más legisladores que tienen una postura crítica hacia el jefe de Gabinete. Una de los que alerta sobre esto es Patricia Bullrich, cuyo desagrado con Adorni es total. La jefa del Bloque de la Libertad Avanza viene advirtiendo sobre las posibilidades cada vez más ciertas de que se lleve adelante un proceso de censura contra el jefe de Gabinete. Este recurso está contemplado en el artículo 101 de la Constitución aprobada y sancionada en 1994. Se lee allí: “El jefe de gabinete de ministros debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes, alternativamente a cada una de sus Cámaras, para informar de la marcha del gobierno, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 71. Puede ser interpelado a los efectos del tratamiento de una moción de censura, por el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cualquiera de las Cámaras, y ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las Cámaras”. De prosperar una moción de censura contra el jefe de Gabinete, sería la primera vez en la historia argentina que acontecería un hecho de tamaña envergadura institucional. Un detalle relevante: el término mayoría absoluta es importante porque representa la mitad más uno de los miembros de un cuerpo legislativo. En el Senado el número mínimo para alcanzarla es 37. Y, hoy en día, la oposición podría alcanzar ese número de votos. Esto es lo que advirtió la senadora Bullrich a los hermanos Milei.

A propósito de los hermanos Milei, si algo faltaba para recalentar el ambiente de mala onda y desprecio del Presidente, estuvo la declaración de la madre de la vicepresidenta, Dian de Stefani, quien señaló: me dijo que (al país) lo gobierna la hermana (sic).

El viernes, el jefe de Gabinete de Ministros dejó de ser el vocero presidencial. En su reemplazo fue designado Adrián Ravier. El nombramiento causó sorpresa en algunos y estupor en otros aliados. En la oposición kirchnerista, en cambio, produjo delectación. Fue cuestión de minutos la que le tomó al universo K reflotar las disputas que supieron tener Milei y Ravier en los tiempos en los cuales, el hoy Presidente, fatigaba los estudios de televisión en calidad de panelista. “Diego, el caso del excelentísimo Dr. Ravier es la combinación del uso de la falacia del hombre de paja, poco rigor académico por sus falencias matemáticas que llevan a que sea inconsistente en sus afirmaciones y contaminación emocional en las críticas. Da mucha pena…”, le decía a su exsocio Diego Giacomini en este mensaje del 1 de mayo de 2018. “Ravier carece de velocidad mental para ser parte de un debate de TV. Es lento y poco formado. Mirás sus videos y tarda mucho tiempo para dar argumentos básicos. Eso denota además poco conocimiento. De hecho es flojo en microeconomía y matemáticas y se nota mucho”, agregó.

“Dice Milei que fui oficinista de Macri. Jamás pisé sus oficinas. Lo defendí desde afuera cuando entendí que su propuesta era superior que la alternativa. Milei sí se sentó con Sturzenegger, responsable técnico del fracaso. También se sentó con la gente de Alberto. Ignorado siempre”, dijo Ravier en un texto del 7 de marzo de 2020. Luego se amigaron y escribieron un libro juntos: “La batalla por la macroeconomía: El debate entre Keynes, Friedman, Lucas y Hayek”.

Los que conocen las entrañas de este gobierno expresan que el objetivo del flamante vocero es ayudar a cerrar la feroz pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo. Podrá? O terminará siendo una misión imposible? El presidente delegó una tarea que él mismo no pudo o no quiso resolver.

Los vaivenes de las relaciones amor-odio no son propiedad exclusiva de Javier Milei. Muy por el contrario, abundan en todo el arco político. La más notable de estas semanas ha sido la de Miguel Ángel Pichetto visitando a CFK y, entre las más resonantes de los últimos años, imposible dejar de mencionar la sucedida entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner quienes, luego de decirse de todo, terminaron “reconciliándose” y conformando la desastrosa fórmula que ganó las elecciones presidenciales en 2019. Sí, Milei- Patricia Bullrich es otro ejemplo reciente de la magia de la política. La política mal entendida, claro está.

Si el Adornigate duró demasiado tiempo a un costo demasiado alto, ¿qué decir de la interna madre que arrastra el gobierno prácticamente desde sus inicios?

La economía doméstica no capitaliza el derrame –insuficiente– que debería desparramar la macro como para que funcionarios de peso sigan dándose el gusto de perder tiempo y energía en internas banales.

Una gran parte de la sociedad que está haciendo un esfuerzo titánico para sostenerse, ha demostrado una madurez muy superior a la de sus dirigentes. La paciencia no es infinita.

Fuente: Diario Perfil