La industria textil argentina continúa mostrando señales de fuerte deterioro. La combinación entre la caída del consumo interno, el aumento de las importaciones y los bajos niveles de actividad mantiene al sector en uno de los momentos más complejos de los últimos años, con impacto directo en la producción y el empleo.
De acuerdo con un informe de la Fundación Pro Tejer, la actividad textil registró una retracción interanual del 23,3%, mientras que la comparación con 2023 refleja una caída acumulada del 31,3%. En el primer trimestre del año, la producción se ubicó un 26,9% por debajo de los niveles de 2025 y un 33,7% por debajo de los registrados dos años atrás.
Los números contrastan con el desempeño de la industria manufacturera en general, que logró exhibir un crecimiento interanual del 5%, aunque todavía acumula una baja del 2,3% respecto de períodos anteriores.
La contracción también se refleja en el mercado laboral. Según datos de la Secretaría de Trabajo, durante febrero la industria manufacturera perdió 2.978 puestos de trabajo registrados, de los cuales 928 correspondieron a los sectores textil, confección, cuero y calzado. Desde diciembre de 2023, estas actividades acumulan la pérdida de más de 22.000 empleos formales.
Desde la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) advirtieron que la recuperación del sector aún no logra consolidarse. Su gerenta general, Celina Pena, señaló que la actividad continúa en retroceso y que las empresas enfrentan un escenario cada vez más desafiante.
“La producción sigue cayendo, el empleo se reduce mes a mes y las empresas trabajan con niveles de utilización de capacidad instalada históricamente bajos”, sostuvo la directiva.
Otro de los indicadores que refleja la magnitud de la crisis es el uso de la capacidad instalada. Según FITA, las fábricas textiles operan actualmente al 40% de su capacidad, muy por debajo del promedio de la industria manufacturera, que alcanza el 59%.
El sector observa con preocupación la persistencia de estos indicadores, en un contexto marcado por la retracción de la demanda interna y una mayor competencia de productos importados, factores que continúan presionando sobre la actividad y la sostenibilidad de las empresas.

