Las imágenes que llegan desde Gaza son impactantes. En medio del estrépito de los bombardeos que sacuden la ciudad, el padre Gabriel Romanelli se pone al frente del altar y celebra misa en árabe, intentando transmitir calma a los fieles. Dentro de la Iglesia de la Sagrada Familia —único templo católico en la Franja—, los bancos de madera están ocupados por decenas de personas con rostros marcados por el miedo. “Estamos extenuados, los nervios están a flor de piel”, confiesa Romanelli, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), que lleva casi dos años sosteniendo un refugio donde hoy se encuentran unas 500 personas.
La decisión de quedarse
A pesar de la ofensiva israelí sobre la devastada Ciudad de Gaza, el párroco asegura que no abandonará su misión. “El clero y las monjas han decidido quedarse y seguir cuidando de todos los que se encuentran en los predios”, afirmaron en un mensaje conjunto el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y Teófilo III, patriarca ortodoxo. “Abandonar la Ciudad de Gaza e intentar huir al sur sería una sentencia de muerte”, añadieron.
Las autoridades de Israel ordenaron a la población desplazarse hacia el sur de la Franja, bajo el argumento de que allí estarían más protegidos de los combates. Sin embargo, para los refugiados moverse en medio de los ataques y con la escasez de agua, comida y medicinas es prácticamente imposible. Muchos consideran que ese viaje forzado no sería más que una “sentencia de muerte”.
Un refugio indispensable para la comunidad
En este momento, alrededor de 550 cristianos —la mitad católicos y la otra mitad ortodoxos— permanecen en la parroquia de la Sagrada Familia. Allí también reciben atención más de 70 personas con discapacidad gracias a las Hermanas Misioneras de la Caridad. En paralelo, unas 150 personas se encuentran resguardadas en el complejo ortodoxo de San Porfirio.
Con el paso de los meses, la parroquia católica se transformó en un espacio indispensable para la vida cotidiana de cientos de familias. Además de alojamiento y medicinas, distribuye asistencia a miles de personas que no logran cubrir sus necesidades básicas. Desde el inicio del conflicto, el templo se convirtió en un punto neurálgico de ayuda humanitaria, sin hacer distinciones de religión o procedencia.
“Al igual que otros habitantes de Gaza, los refugiados que viven en estos recintos tendrán que decidir según su conciencia. Muchos están debilitados y desnutridos tras meses de penurias, y salir sería imposible para ellos. Por eso el clero y las religiosas han decidido permanecer y cuidar de todos quienes sigan en los recintos”, remarcaron los Patriarcas Pizzaballa y Teófilo III.
La voz de los Patriarcas
El comunicado se conoció tras un ataque contra un hospital del sur de Gaza que dejó 20 muertos, incluidos cinco periodistas. En ese contexto, los patriarcas recordaron que desde octubre de 2023 tanto el convento ortodoxo de San Porfirio como la parroquia de la Sagrada Familia han ofrecido refugio a ancianos, mujeres y niños que no tenían adónde ir.
Los líderes eclesiales insistieron en un llamado urgente: “No puede haber futuro basado en el cautiverio, el desplazamiento o la venganza. Es hora de sanar a las familias que sufren en todos los lados”.
Romanelli, conocido en el mundo por las llamadas nocturnas que le hacía el papa Francisco durante los primeros meses de guerra, también subraya que quedarse es la única opción. “No sabemos exactamente qué ocurrirá sobre el terreno, no solo para nuestra comunidad, sino para toda la población. Solo podemos repetir lo que ya hemos dicho: no puede haber un futuro basado en el cautiverio, el desplazamiento de palestinos ni la venganza”, coincidieron los patriarcas. Y recordaron las palabras del papa León XIV: “Todos los pueblos, incluso los más pequeños y débiles, deben ser respetados por los poderosos en su identidad y en sus derechos, especialmente el derecho a vivir en sus propias tierras; y nadie puede obligarlos al exilio”.
“Este no es el camino correcto. No hay razón para justificar el desplazamiento masivo, deliberado y forzoso de civiles. Es hora de poner fin a esta espiral de violencia, de poner fin a la guerra y de priorizar el bien común del pueblo. Ya ha habido suficiente devastación, tanto en los territorios como en la vida de las personas. No hay razón para justificar mantener a civiles como prisioneros y rehenes en condiciones dramáticas. Es hora de que las familias de ambos bandos, que han sufrido durante tanto tiempo, sanen”, concluyeron, antes de apelar a la comunidad internacional “para que actúe por el fin de esta guerra insensata y destructiva, y por el regreso de las personas desaparecidas y los rehenes israelíes”.
Una misión que no abandona
Romanelli, de 56 años y nacido en Villa Luro, no se encuentra solo en esta misión. Lo acompañan el padre Carlos Ferrero, de 68 años, superior del IVE en Medio Oriente; la hermana María Maravillas, de 35; el sacerdote egipcio Iussef; la religiosa peruana Madre Emperatriz; y tres misioneras de la caridad de la congregación fundada por la madre Teresa. Desde Jerusalén, el padre Marcelo Gallardo, también del IVE, sigue de cerca lo que sucede y transmite información a la comunidad internacional.
El párroco ya fue herido en julio pasado, cuando una bomba israelí impactó en las inmediaciones de la iglesia. El ataque, calificado más tarde como un error, le dejó una herida en la pierna y provocó la muerte de tres personas. En redes sociales, Romanelli describió la gravedad del momento: “Es muy muy grave. Los bombardeos son muy cercanos, hay nubes negras, grises, algunas blanquecinas, muy raras, y el olor de las explosiones es muy fuerte”.
El ejemplo de la comunidad
“El oratorio sigue funcionando y eso ayuda”, escribió en otro mensaje, acompañado de imágenes donde aparece junto a adolescentes que leen y estudian. “Nosotros seguimos aquí; a la noche no dormimos, o dormimos muy mal”, explicó, mientras mostraba las frecuentes interrupciones de electricidad. “Teníamos tres motores, uno fue bombardeado, nos quedan dos, pero nos falta el diésel. Aunque también tenemos paneles solares”, contó, aunque aclaró que no rinden lo suficiente porque las esquirlas y la suciedad los dañaron.
Romanelli asegura que lo que más lo sostiene es el ejemplo de las personas que lo rodean. La fortaleza y la paciencia de los fieles lo conmueven profundamente: “un ejemplo” de resistencia, dice, frente a la falta de comida, de medicinas y a la incertidumbre. Para él, esta guerra “ha roto el molde” respecto de todas las anteriores que vivió en Gaza. Por eso sigue apelando a la oración y la esperanza: “Recemos para que lleguen a un acuerdo, vuelvan a hablar de negociaciones para que entreguen a todos los rehenes, para que dejen entrar ayuda humanitaria y para que se frenen las operaciones militares, sobre todo la toma de la Ciudad de Gaza que, con un millón de personas, sería un desastre”.