La EFA San Jorge de Wanda fortalece la educación rural con nuevos espacios y proyectos productivos


La institución cuenta con unos 115 estudiantes y atraviesa una etapa de crecimiento tras mudarse a un predio de cinco hectáreas donado por la empresa Arauco. En comunicación con Cultura en Diálogo, la rectora Silvana Quiñones y alumnos de distintos años compartieron sus experiencias, los aprendizajes de la alternancia y los proyectos para el futuro.

La Escuela de la Familia Agrícola (EFA) San Jorge, ubicada en el paraje Colonia Nueva Argentina, en Wanda, atraviesa una etapa de crecimiento institucional con nuevos espacios, proyectos productivos y el compromiso de su comunidad educativa. La rectora Silvana Quiñones y los estudiantes Jacqueline, Jenny y Santiago participaron de una entrevista telefónica en el programa Cultura en Diálogo, donde contaron cómo es la vida escolar, qué aprendizajes destacan y cuáles son los desafíos de la institución.

La escuela se encuentra sobre la ruta provincial 19, a unos 30 kilómetros de Wanda y de la ruta nacional 12, en dirección a Comandante Andresito. Actualmente, cuenta con aproximadamente 115 alumnos de primero a quinto año y desarrolla su propuesta educativa en un predio de cinco hectáreas donado por la empresa Arauco.

Una nueva etapa para la institución

Durante la entrevista, Silvana explicó que la EFA funcionó durante cinco años en un predio prestado, que comprendía espacios de una escuela y una iglesia. Este año, la comunidad educativa pudo concretar el traslado a su nuevo terreno, un cambio que representa una mejora en las condiciones de acceso y abre nuevas posibilidades para el desarrollo de las actividades escolares.

La rectora señaló que todavía queda mucho por hacer para completar la infraestructura. Entre las necesidades pendientes mencionó la construcción de una sala de industria, un espacio para los docentes, una cocina y un comedor cerrado. Por el momento, los estudiantes utilizan un quincho abierto para compartir las meriendas, el almuerzo y la cena.

Si bien ya se presentaron proyectos para avanzar con las obras, la institución aún espera respuestas y debe afrontar las dificultades vinculadas con la disponibilidad de recursos para la construcción.

En paralelo, la escuela desarrolla distintas actividades productivas. La huerta comenzó a dar sus primeras verduras y también cuentan con trabajos vinculados con la granja y la apicultura. Uno de los objetivos es disponer de una sala de industria que permita elaborar panificados y otros productos para su posterior comercialización.

“Queremos tener una elaboración propia de panificados y largar al mercado”, expresó Silvana, quien destacó la calidad de las preparaciones que realizan los estudiantes.

La convivencia y los valores de la educación rural

Uno de los aspectos más destacados por la rectora fue el vínculo que se construye entre docentes y estudiantes. “Acá somos como una gran familia”, afirmó, al explicar que la convivencia cotidiana permite conocer a los alumnos, acompañarlos y compartir diferentes experiencias.

Esa dimensión también apareció en los testimonios de los jóvenes. Jenny, estudiante de quinto año, contó que eligió la EFA porque vivía en una chacra y le resultaba difícil trasladarse hasta el pueblo para asistir a otra escuela. Su casa está a unos 15 kilómetros de la institución y, como los colectivos no ingresan hasta la zona donde vive, depende de traslados particulares.

Aunque al principio le costó adaptarse, con el tiempo encontró en la convivencia con sus compañeros uno de los aspectos que más disfruta. También destacó su interés por las actividades de cocina, especialmente la elaboración de productos dulces y salados para las meriendas de los estudiantes.

En su último año de secundaria, Jenny ya piensa en la etapa que viene. Entre sus proyectos está continuar estudiando y formarse profesionalmente en Kinesiología.

Jacqueline, de cuarto año, también valoró la experiencia de compartir la vida escolar con otros jóvenes. Contó que, después de que sus hermanos se fueron de su casa, encontró en la escuela un espacio de encuentro y compañerismo.

Entre las actividades que más le gustan mencionó el trabajo en la huerta, donde los estudiantes realizan prácticas, tareas de limpieza y mantenimiento. Como ejemplo, recordó que recientemente construyeron un sistema de riego junto con sus compañeros de cuarto año.

Las tareas productivas también implican desafíos. Tras una tormenta, parte de la huerta resultó dañada y los alumnos tuvieron que trabajar para recuperar el espacio. Según relató, los inconvenientes afectaron únicamente los materiales y no hubo otros problemas.

Una formación que impulsa nuevos proyectos

Santiago, también estudiante de cuarto año, destacó la convivencia, el trato con sus compañeros y los valores que promueve la institución. Además, señaló que la propuesta educativa de la EFA es diferente de la de otras escuelas, por la importancia que adquieren las actividades prácticas y el trabajo dentro de la formación.

Su experiencia fue tan positiva que ya piensa en continuar vinculado con la institución después de terminar sus estudios. Su intención es formarse como profesor de educación agraria y, en el futuro, regresar a la EFA para enseñar. Entre las áreas que más le interesan mencionó Matemática.

El joven también expresó su deseo de recomendar la institución a otros chicos de su entorno, especialmente a quienes viven en zonas rurales y necesitan una alternativa educativa que contemple sus realidades. Según explicó, su familia está contenta porque lo ve asistir a la escuela con entusiasmo.

Los testimonios reflejaron el lugar que ocupa la convivencia en la experiencia educativa, junto con el aprendizaje de conocimientos vinculados con la producción agropecuaria y las posibilidades de proyectar un futuro profesional.

Los desafíos de estudiar en las colonias

Las condiciones climáticas y el estado de los caminos rurales representan una dificultad para parte de los estudiantes. Durante la entrevista, Silvana explicó que las lluvias complican los traslados, ya que muchos alumnos viven en colonias alejadas y deben recorrer caminos de tierra para llegar a la escuela.

Aunque el acceso al nuevo predio resulta más favorable por su cercanía a la ruta, las dificultades persisten para quienes residen en zonas más alejadas. La institución cuenta con un servicio de transporte particular que facilita la concurrencia de los alumnos, mientras que otros dependen de sus familias o de traslados particulares.

La comunidad docente también reúne a profesionales de distintas localidades. La rectora indicó que, además de quienes son de Wanda, hay profesores procedentes de Puerto Esperanza, Capioví, San Pedro y Mártires, entre otros lugares.

Una comunidad que mira hacia adelante

Al cierre de la entrevista, Silvana agradeció el espacio para compartir las experiencias de la institución y destacó el entusiasmo de los estudiantes y del equipo docente. La rectora consideró que el vínculo cotidiano convierte el trabajo educativo en una experiencia compartida y gratificante.

Con una matrícula de alrededor de 115 alumnos, un nuevo predio y proyectos que abarcan la huerta, la granja, la apicultura y la futura elaboración de productos para la venta, la EFA San Jorge continúa trabajando para ampliar sus posibilidades.

La experiencia de sus estudiantes muestra, además, cómo la educación rural puede convertirse en un espacio de formación, convivencia y construcción de proyectos personales, con la mirada puesta tanto en la continuidad de los estudios como en el desarrollo de nuevas oportunidades dentro de la propia comunidad.