La EFA San Conrado de 9 de Julio: 32 años formando jóvenes con arraigo agropecuario


Con una matrícula de 126 alumnos y más de tres décadas de historia, la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) San Conrado, ubicada en la localidad misionera de 9 de Julio, se consolidó como una alternativa educativa con modalidad de internado para chicos y chicas del ámbito rural. En una nueva recorrida del ciclo «Cultura en Diálogo», Beatriz Piñeyro habló con el rector Claudio Spesott, con la psicóloga de la institución y con estudiantes de segundo año, quienes compartieron su experiencia cotidiana en la escuela.

Una historia que nació de la necesidad de las familias

Según relató el rector Claudio Spesott, la EFA San Conrado surgió a partir de la movilización de familias de la zona rural de 9 de Julio, entre 1992 y 1993, ante la dificultad de sus hijos para continuar los estudios secundarios por falta de acceso al transporte. En ese contexto, las familias tomaron contacto con el «padre José», impulsor de este modelo educativo en la provincia, y lograron instalarse en la localidad con la compra de un terreno de dos hectáreas. La escuela fue fundada formalmente en 1994.

Spesott recordó que la propuesta de internado mixto generó al principio incertidumbre entre las familias, por la convivencia de varones y mujeres en un mismo establecimiento. Sin embargo, 32 años después, la institución logró instalarse en la comunidad: «Tenemos padres que nos escriben ya desde ahora para un lugar el año que viene», señaló el rector, quien destacó que en el ciclo orientado (tercero, cuarto y quinto año) el pabellón de mujeres se encuentra con ocupación completa.

La matrícula actual —126 estudiantes, con mayoría de chicas— refleja, según Spesott, un cambio de mentalidad respecto de la participación femenina en una escuela de orientación agropecuaria, un ámbito tradicionalmente asociado a los varones.

Alcance territorial y actividades productivas

El rector explicó que la EFA recibe familias tanto del sector rural como urbano, provenientes de un radio de aproximadamente 100 kilómetros y de cinco o seis municipios distintos, lo que —en sus palabras— «enriquece la convivencia» por la mezcla de culturas y costumbres. Incluso mencionó casos de nietos de las primeras familias fundadoras que hoy continúan la tradición de asistir a la escuela.

En cuanto a las actividades productivas, Spesott describió a la EFA como una «chacra multiproductiva» que incluye cría de gallinas y cerdos, cultivo de cítricos (pomelos, naranjas, mandarinas) y de hortalizas para el comedor (lechuga, repollo, tomate), además de la elaboración de dulces y mermeladas por parte de los propios estudiantes. La escuela también ofrece formación profesional en producción apícola, con una trayectoria de 15 años en esa área, orientada al cuidado del medio ambiente y de especies autóctonas como las meliponas.

El acompañamiento psicológico, una pieza clave de la convivencia

Nicole Helm, psicóloga del equipo de Gabinete de Apoyo y Orientación Escolar de la institución, aportó la mirada sobre los desafíos que plantea la modalidad de internado. Recién egresada, Helm cumplió en junio un año de trabajo en la EFA, su primera experiencia laboral.

Helm explicó que la convivencia permanente entre los estudiantes genera tanto situaciones positivas —de acompañamiento y compañerismo— como conflictos vinculados a la convivencia diaria, el orden y la higiene. Concurre a la escuela un día por semana y, además de la atención de situaciones puntuales, coordina talleres psicoeducativos trimestrales: en el primer trimestre del año se trabajó con el ciclo básico sobre uso responsable de redes sociales, y con los estudiantes del ciclo orientado se abordaron las relaciones saludables de pareja. Consultada sobre las problemáticas de ludopatía vinculadas a plataformas de apuestas online, Helm indicó que el tema fue abordado en los talleres, aunque aclaró que no se trata de una situación frecuente en la escuela.

La profesional trabaja en conjunto con una psicopedagoga: mientras esta última se ocupa del acompañamiento académico, Helm se enfoca en la contención y la orientación emocional de los estudiantes.

Las voces de los estudiantes

Varios alumnos de segundo año compartieron su experiencia en la escuela.

Brisa Sequeira, quien contó que desayunó té, leche y pan con la mermelada de rosella elaborada en la propia institución, remarcó que lo que más le sorprendió al llegar a la EFA fue la cantidad de compañeros que había. Reconoció que al principio le costó adaptarse por no conocer a mucha gente, aunque luego logró integrarse. Sobre el receso de invierno, adelantó que sus planes son simples: «ir a mi casa y dormir». También contó que la escuela participará de los festejos del 9 de Julio junto con la comunidad del pueblo.

 

Mariana Espinoza explicó que eligió la EFA San Conrado por tradición familiar: de sus nueve hermanos, la mayoría curso allí, y actualmente comparte la experiencia con su hermano menor, que cursa primer año. Contó que, si bien las actividades escolares dejan poco tiempo libre, los hermanos logran encontrarse en los momentos de comida. Consultada sobre lo que más valora de la EFA, remarcó «compartir» como lo esencial de la experiencia.

 

Nahiara Gauler relató que su padre había cursado en la misma escuela y que llegó a la EFA con referencias previas de familiares sobre el aprendizaje en el área de animales y huerta. Describió en detalle las tareas del área agropecuaria, como la limpieza del gallinero y del sector de cerdos —unos doce ejemplares, según su estimación—, tareas que los estudiantes realizan de forma rotativa y en grupos, con indumentaria específica como botas de goma y bombacha de campo. Contó además que tiene dos hermanas mellizas de siete años y que una de ellas ya manifestó interés en asistir a la EFA en el futuro. Su curso, dijo, está compuesto por 32 estudiantes, en partes iguales entre varones y mujeres.

 

Santiago Kamada explicó que eligió la EFA por tradición de conocidos de su familia y por su interés desde chico en la actividad agropecuaria, en lugar de otras opciones como la escuela técnica o la agrotécnica de doble turno o de cursado los fines de semana. Relató que adaptarse a la convivencia en habitaciones compartidas y a los horarios fijos de la vida en el internado le costó al principio, pero que con el tiempo se convirtió en un hábito. Destacó que su gusto por la huerta viene desde la infancia, cuando en su casa cultivaba productos básicos como lechuga y repollo, actividad que en la escuela pudo profundizar. Vive a unos 20 kilómetros de la institución y viaja con su padre.

El Mundial, un tema que atraviesa la vida escolar

Más allá de lo académico y productivo, la actualidad futbolística también tuvo su lugar en la charla. Tanto el rector como los estudiantes coincidieron en que los partidos de la Selección argentina se siguen con entusiasmo en la escuela, con proyección en pantalla gigante y sonido, mientras comparten mate. Consultados por el resultado del encuentro entre Argentina y Egipto, los pronósticos de los entrevistados variaron entre el 2 a 1, el 3 a 0 y el 3 a 2 a favor del combinado nacional.