En una entrevista en Mesa de diálogo por Radio Tupambaé, el Dr. Roberto Bosca, abogado por la Universidad del Salvador y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, reflexionó sobre la vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia y su aplicabilidad en la Argentina actual. Docente universitario y autor de numerosos artículos y libros sobre el tema, Bosca destacó la importancia de esta enseñanza eclesial como herramienta para comprender y transformar la realidad social.
“La Doctrina Social de la Iglesia es poco conocida, incluso dentro de la misma comunidad cristiana”, remarcó Bosca. En ese sentido, explicó que no se trata de un discurso aislado o estrictamente religioso, sino de “las consecuencias sociales de la fe”, afirmando que “el Evangelio tiene un impacto social, no es algo meramente individual”. Según señaló, desde su nacimiento, cada persona está vinculada a los demás y esa dimensión social de la existencia implica responsabilidades y compromisos ineludibles.
Consultado sobre el contexto actual, el especialista advirtió un avance del individualismo en la sociedad argentina. “Hay una cultura muy competitiva que desprecia las virtudes sociales y fomenta la desconfianza”, analizó. Bosca atribuyó esta tendencia a una mirada que prioriza el interés personal por encima del bien común: “La viveza criolla es una expresión de ese egoísmo social. Esa cultura de buscar atajos y beneficios personales es un signo de anomia, de desprecio por las normas y el orden”.
Sin embargo, el académico se mostró optimista: “Aunque el individualismo crece, confío en que en algún momento cederá. El desafío es recuperar las virtudes sociales que hemos perdido o dejado de valorar”.
Respecto a las críticas que deslegitiman la participación pública de la Iglesia, Bosca fue categórico: “La Iglesia no solo tiene derecho, sino el deber de hablar cuando la dignidad de las personas es vulnerada. No puede mirar para otro lado”. Rechazó la idea de que cualquier pronunciamiento en materia social implique ‘hacer política partidaria’. “Denunciar la corrupción, el daño ambiental o la injusticia no es hacer política: es defender a la persona humana”, aclaró.
El diálogo también abordó la responsabilidad de los laicos en la vida pública. “Participar en el bien común no es opcional. No significa que todos deban ser políticos, pero cada cristiano, desde su lugar, tiene el deber de comprometerse. No podemos después quejarnos de lo que nosotros mismos descuidamos”, advirtió el académico.
En cuanto al debate sobre la justicia social, Bosca cuestionó declaraciones recientes del presidente de la Nación, quien calificó ese concepto como un “pecado capital”. “Decir eso es negar la preocupación por el otro, especialmente por los pobres. La opción preferencial por los pobres es central en la doctrina social de la Iglesia. Negar la justicia social es negar el núcleo mismo del Evangelio aplicado a la vida comunitaria”, sostuvo.
Además, rechazó que la defensa de la justicia social sea una postura ideológica de izquierda. “No tiene nada que ver con ser socialista o marxista. Es una cuestión de dignidad humana. La Iglesia no le dice a nadie a quién votar, pero ofrece criterios para iluminar las conciencias. Se ha confundido mucho, quizás por desconocimiento o porque conviene alimentar esa confusión”, señaló.
Entre los temas que preocupan hoy a la Iglesia, Bosca destacó la crisis ecológica, el impacto social de las nuevas tecnologías, las guerras, y la violencia verbal creciente en la sociedad. “Hay una guerra de insultos en la vida pública argentina que es el paso previo a la violencia real. Es una señal de la falta de respeto por la dignidad del otro”, alertó.
Finalmente, instó a redescubrir y estudiar la Doctrina Social de la Iglesia: “Es un tesoro al alcance de todos. Las encíclicas papales no son textos difíciles, se consiguen fácilmente y están disponibles en internet. Tenemos las herramientas para construir una sociedad mejor. No podemos decir que nos dejaron solos”.
El Dr. Bosca concluyó con una invitación a asumir un compromiso activo: “La doctrina social es una luz que ilumina. Después depende de nosotros, como sociedad y como creyentes, construir el camino”.