A sus 83 años, Gaspar Meres se convirtió en una figura entrañable del paisaje cotidiano del centro posadeño. Con su bandoneón como compañero inseparable, suele instalarse en la esquina de Ayacucho y San Martín para compartir tangos, polcas y chamamés con quienes transitan por el lugar.
En una entrevista con Nuestras Mañanas, Meres contó que disfruta profundamente del vínculo que construyó con los vecinos y visitantes que se acercan a escucharlo. “Me encuentro feliz porque la gente acá me aprecia mucho”, expresó, al describir una rutina que, para él, representa mucho más que una manera de ganarse la vida.
Meres nació y creció en el interior de Misiones y recorrió distintas localidades de la provincia, entre ellas Capioví, Puerto Rico, Caraguatay y Montecarlo. Antes de dedicarse de lleno al bandoneón, tocaba la guitarra y cantaba en serenatas.
Con el paso de los años, el bandoneón terminó convirtiéndose en su gran pasión. Según relató, aprendió a tocar prácticamente de manera autodidacta, aunque también recibió la ayuda de personas que fueron fundamentales en su formación.
“Me enamoré de esto”, resumió al hablar de su relación con el instrumento, una pasión que mantiene vigente a pesar del paso del tiempo.
Escuchá la entrevista completa, para Radio Tupambaé:
Una historia ligada a la música misionera
El bandoneón que acompaña actualmente a Meres tiene una historia particular. El instrumento fue recuperado cuando se encontraba abandonado y posteriormente fue restaurado, incluyendo la renovación del fuelle.
Para el músico, ese bandoneón tiene un valor especial no solamente por sus características, sino por todo lo que representa en su trayectoria. “No se sabe la dulzura que tiene la melodía”, destacó durante la entrevista.
Meres también recordó sus años vinculados a distintos conjuntos musicales y sus participaciones junto a reconocidos músicos de la escena regional. Actualmente integra un cuarteto, aunque lamentó que las oportunidades laborales para los músicos sean cada vez más escasas.
En ese sentido, reivindicó especialmente a quienes, años atrás, ayudaron a preservar las raíces de la música regional y cuestionó que algunas de esas tradiciones hayan quedado relegadas.
Un repertorio que aparece de memoria
Una de las particularidades de Meres es su capacidad para interpretar canciones que le solicitan quienes se acercan a escucharlo. Tango, polca, chamamé y otros ritmos forman parte de un repertorio que conserva principalmente en su memoria.
“Si me piden un tango, yo le saco un tanguito”, explicó. Lo mismo ocurre cuando alguien le solicita una polca o un chamamé. Muchas veces, incluso, los nombres de las canciones no aparecen inmediatamente, pero encuentra la melodía y comienza a tocar.
Esa capacidad genera momentos especiales con el público. Meres contó que en más de una oportunidad una persona se emocionó, lo abrazó o le agradeció después de escucharlo interpretar una determinada canción.
Para el músico, esos gestos constituyen una de las mayores recompensas de su actividad cotidiana.
Una presencia querida en el corazón de Posadas
Meres suele permanecer durante buena parte del día en distintos puntos del centro de Posadas. La gente que pasa por las calles reconoce su presencia, se detiene a escucharlo, conversa con él, colabora económicamente o simplemente comparte unos minutos.
“Yo no me puedo quejar del corazón de Posadas”, sostuvo, al destacar el cariño que recibe de personas de distintas edades, desde adultos hasta estudiantes y niños.
Según relató, muchas personas se acercan buscando un momento de alegría. Algunas llegan atravesando situaciones difíciles y encuentran en la música un espacio para distraerse, emocionarse o simplemente escuchar una melodía.
“Estoy para alegrar a esta gente. Personas grandes, chicos, chicas. Eso es mi vida”, afirmó.
Su presencia también se convirtió en parte del paisaje cultural de la ciudad. Él mismo define su actividad como la de un “musiquero al paso”, una expresión que sintetiza su manera de entender la música: tocar para quienes pasan, compartir lo que sabe y generar un encuentro espontáneo en plena calle.
Una vida marcada por la música

Durante la charla, Meres también habló de su vida personal y de los distintos momentos que atravesó. Actualmente vive solo en Posadas y reconoce que salir a tocar también le permite mantenerse activo y en contacto permanente con otras personas.
A pesar de las dificultades y de los años, asegura que pretende continuar tocando mientras pueda.
Su cumpleaños es el 6 de enero, una fecha que identifica con la celebración de Reyes Magos y que recuerda con especial afecto.
Con su bandoneón, su repertorio aprendido de memoria y una historia atravesada por la música, Gaspar Meres continúa ocupando un lugar particular en las calles de Posadas. Cada día vuelve a desplegar el instrumento, interpreta una melodía y espera a que alguien se detenga a escuchar.
Para él, ese momento es suficiente para sentirse acompañado y, sobre todo, para seguir haciendo aquello que define como su propia vida: llevar música y alegría a quienes se cruzan con él en el camino.

