El senador brasileño se proclamó “verdadero presidente electo” y agradeció a Donald Trump y Javier Milei por el respaldo. Sin presentar pruebas, denunció un supuesto fraude en los comicios del domingo y cuestionó la actuación del Supremo Tribunal Federal y del Tribunal Superior Electoral.
El senador brasileño Flávio Bolsonaro afirmó que es el “verdadero presidente electo de Brasil” y anunció que conducirá la oposición desde Estados Unidos, luego de abandonar el país y trasladarse a Miami. En una carta difundida este miércoles en sus redes sociales, agradeció al mandatario estadounidense, Donald Trump, y al presidente argentino, Javier Milei, por el respaldo y la recepción.
La declaración se produjo después de las elecciones presidenciales del domingo, en las que fue derrotado por Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), por más de 4,4 millones de votos, según la información publicada por Infobae.
En el documento, Bolsonaro reiteró sus acusaciones de fraude electoral, aunque no presentó pruebas que las respalden. También cuestionó la actuación del Supremo Tribunal Federal (STF) y del Tribunal Superior Electoral (TSE), a los que responsabilizó por presuntas irregularidades durante la votación.
Uno de sus principales señalamientos estuvo dirigido contra Cristiano Zanin, ministro del STF y exabogado de Lula. El senador lo responsabilizó por los más de 10 millones de votos que, según sostuvo, el actual mandatario habría sumado entre la primera y la segunda vuelta. Sin embargo, la información difundida sobre el escrutinio indica que el TSE registró alrededor de 34.000 votos emitidos después de las 17, cuando se extendió el horario de votación en determinados lugares.
Agradecimientos a Milei y Trump
En su carta, Flávio Bolsonaro agradeció a Javier Milei por lo que describió como su “valentía”, su sentido de la justicia y su respeto por la legalidad. También expresó su reconocimiento a Donald Trump y al pueblo estadounidense por recibirlo en Estados Unidos.
El senador sostuvo que tomó la decisión de trasladarse junto con su familia para resguardarse de lo que considera una persecución política en Brasil. En ese sentido, negó haber huido del país y afirmó que su salida tiene como objetivo continuar su actividad política desde el exterior.
“No he huido de Brasil; he salido por Brasil”, escribió, al justificar su decisión de permanecer fuera del territorio brasileño. Además, aseguró que no abandonará a sus seguidores y que seguirá impulsando una estrategia para movilizar a la oposición por medios que calificó como pacíficos y legítimos.
Cuestionamientos a la Justicia brasileña
En el texto, Bolsonaro acusó a sectores del Poder Judicial de actuar contra la oposición y denunció presuntos abusos de poder durante la campaña electoral. También sostuvo que la extensión del horario de votación habría vulnerado las reglas del proceso.
El senador vinculó esas acusaciones con la posibilidad de solicitar la anulación de la candidatura de Lula y de su compañero de fórmula, Geraldo Alckmin. No obstante, presentó esas afirmaciones como parte de su denuncia, sin aportar elementos que acrediten la existencia de fraude.
La carta también incluyó críticas contra el ministro Alexandre de Moraes, del STF, en el contexto de una investigación por sospechas de lavado de dinero. Según la información publicada, se había ordenado la entrega de los pasaportes de Bolsonaro en el marco de ese expediente. El senador niega haber cometido irregularidades.
Un cambio respecto de sus declaraciones anteriores
La proclamación de Flávio Bolsonaro como supuesto presidente electo representa un cambio respecto de sus declaraciones del día anterior, cuando había manifestado que desistiría de intentar anular las elecciones y que no abandonaría Brasil.
Ahora, el senador aseguró que permanecerá en Estados Unidos y que desde allí ejercerá el liderazgo opositor. También dirigió un mensaje a legisladores, gobernadores y dirigentes que respaldaron su candidatura, y mencionó especialmente a Rogério Marinho, a quien identificó como su candidato para la presidencia del Senado.
Al cierre de su carta, insistió en que continuará la disputa política y convocó a sus seguidores a mantenerse movilizados. Su declaración se produce tras la derrota electoral del domingo y en medio de sus cuestionamientos al sistema institucional brasileño.
El resultado oficial del balotaje fue de 51,79 % de los votos válidos para Lula y 48,21 % para Flávio Bolsonaro, una diferencia superior a 4,4 millones de sufragios.
La carta completa
Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente electo de Brasil.
Ante todo, quiero agradecer al presidente Milei por su valentía, su sentido de la justicia y su respeto por la legalidad; también al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por acogerme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que la gente buena de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.
La noche del domingo, vi con estupor cómo se consumaba un fraude electoral ante mis propios ojos. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se materializara una imposibilidad matemática, logrando que Lula sumara más de 10 millones de votos adicionales entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), adoptada por encima de las competencias del Tribunal Superior Electoral (TSE), extendió el horario de votación a última hora; la orden llegó incluso después de concluido el horario legal, cuando las urnas ya habían cerrado. Los electores quedaron sujetos a reglas distintas. Hasta ahora, el TSE se ha limitado a defender la prórroga del horario, sin ofrecer ni una sola respuesta creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña, hubo abuso de poder político y económico, así como el uso del aparato estatal en favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la candidatura de Lula y Alckmin.
La respuesta del régimen a mis cuestionamientos fue inmediata. Como parte de un plan previamente orquestado, apenas siete minutos después de este repugnante fraude electoral, el juez —quien está implicado en un enorme escándalo de corrupción y fue mencionado directamente en la investigación utilizada para intentar confiscar mis pasaportes (y que, muy probablemente, estaría en prisión si no hubieran impedido mi toma de posesión)— puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar inhabilitado desde el origen y ser totalmente parcial para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actos procesales pone de manifiesto la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad que están teniendo lugar.
No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente a dónde conducirá esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y que se extendió a miles de otros brasileños patriotas —ciudadanos comunes e incluso estadounidenses—, tiene un único objetivo: silenciar a cualquiera que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema instrumentalizada por la organización criminal petista.
Para que quede claro: no existe ninguna orden de detención en mi contra, porque no he cometido ningún delito. Lo que hay es una ‘caza de brujas’ motivada políticamente, cuyo fin era convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger de un proceso de destitución a los jueces corruptos de la Corte Suprema. Este es el guion de la persecución: incautación del pasaporte, uso de tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, un juicio farsa y, finalmente, una condena política.
No voy a someter a mi familia a esto, y mi país no merece pasar de nuevo por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, he traído a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco, una vez más, al presidente Trump y al gobierno estadounidense por acogernos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejarlo claro: no he huido de Brasil; he salido por Brasil. He escapado de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece; pues, estando callado, encarcelado y censurado —como lo está mi padre—, no podría ejercer ese liderazgo. De lo contrario, quedaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada, controlada por una Corte Suprema repleta de serviles al régimen. No soy el primero en tener que luchar por su propio país estando lejos de él. Rui Barbosa partió al exilio por enfrentarse a la arbitrariedad de Floriano Peixoto y, desde allí, siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró la Francia Libre desde Londres —condenado a muerte por el régimen de Vichy— y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista; por su parte, María Corina Machado, aun siendo perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.
Este es solo el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles —no solo a mis 60 millones de electores, sino a todo el pueblo brasileño— que yo soy el presidente electo, y que los criminales que robaron la elección en Brasil forman parte de una organización criminal que ha instaurado una tiranía. A ustedes, que anhelaban un cambio: no los voy a abandonar; seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas les hago un llamamiento: esta locura debe terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y de persecución política, en la que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz o prosperar así. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los Poderes y devolver a los brasileños la confianza que han perdido.
A la comunidad internacional, les pido: no normalicen lo que está ocurriendo en Brasil. Lo que sucede hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como algo normal.
A los senadores, diputados y gobernadores a quienes ayudé a ser elegidos, y en especial a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para el pleno ejercicio de la actividad política. Por eso, lideraré la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes, allí, no pueden decir, y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.
Y a ti, que votaste por mí y sueñas con el cambio: no estamos derrotados y no estamos solos. Este es solo el comienzo de nuestra lucha por la democracia, por los derechos humanos y por la libertad en Brasil. En los próximos días, me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular con el que contamos —por todos los medios pacíficos y legítimos— para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Pido a cada uno que permanezca firme y que jamás se rinda.
Salí de Brasil, pero no he abandonado a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.
Que Dios bendiga a Brasil.

